jueves, abril 15, 2021
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Gonzalo Sánchez-Terán

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Gonzalo Sánchez-Terán ha trabajado desde 2002 implementado proyectos de emergencia en campos de refugiados y desplazados internos en Guinea Conakry, Liberia, Costa de Marfil, República Centroafricana, la región de Dar Sila, en la frontera entre Chad y Darfur, y la frontera entre Etiopía y Somalia.En 2001 publicó el poemario, Desvivirse (ed. Visor); en 2008, junto al periodista Alfonso Armada, el epistolario, El Silencio de Dios y otras metáforas. Una correspondencia entre África y Nueva York (ed. Trotta); y en 2020, Si esto sirviera para hablar del río. Diario poético del año de la pandemia (ed. Franz).

El árbol

Quienes han muerto y morirán de peste/ orlan el árbol del conocimiento/ como redondos frutos ofrecidos:/ ayer lamento fueron, hoy son víveres/ en la zurcida alforja de la vida.

De la inevitabilidad del bien

Llegó la peste al terminar las guerras/ y vendrán las sequías tras la peste,/ mas en la nuca de los reflectores/ poetas y maestros se reúnen/ a deslacrar los párpados del alba.

El virus y la pobreza

Cuarto jueves del mes de octubre/ Segunda ola de la pandemia/ Inestabilidad en Guinea Conakry

Maneras de cruzar un río

El pueblo que no aprende a abrirse en puentes termina convertido en estuario.

Solo fanáticos y necios

Solo fanáticos y necios sienten orgullo por la historia de su pueblo sin sentir, en medida igual, vergüenza.

Sobre los ausentes en la celebración

Si entonces, al juntarnos con los nuestros, tras brindar, tras reír, tras abrazarnos, nos faltaran los otros, los que moran en un confinamiento vitalicio de niebla, de injusticia, de pobreza,

Una razón para ser versos

Durante la pandemia se redujeron las raciones de comida a casi millón y medio de refugiados en Uganda por falta de financiación.

¿Es posible no escribir poesía después de la pandemia?

¿Es hoy posible no escribir poesía? ¿Es posible no abrir aquel arcón en que guardamos el ajuar del alma, cuanto nos pertenece por humanos, el don de las preguntas compartidas?

Alcanzad las asambleas

Precaveos, hermanos, de los gritos. En la guerra de gritos nunca ganan los desarmados porque nada grita más alto que las armas, y sabemos que quienes marchan ondeando enseñas son amigos del dueño de las armas.

Ahora que volvemos a las calles

Antes de proferir imprecaciones contra el poder, hacer que la virtud y el verso destituyan al ministro de mi interior, pues fui cobarde y vil mientras muchos morían solos; luego, solo luego, hablaré contra los líderes (pues tantos fueron viles y cobardes).