domingo, agosto 9, 2020
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Gonzalo Sánchez-Terán

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Gonzalo Sánchez-Terán ha trabajado desde 2002 implementado proyectos de emergencia en campos de refugiados y desplazados internos en Guinea Conakry, Liberia, Costa de Marfil, República Centroafricana, la región de Dar Sila, en la frontera entre Chad y Darfur, y la frontera entre Etiopía y Somalia. En 2001 publicó el poemario, Desvivirse (ed. Visor), y en 2008, junto al periodista Alfonso Armada, el epistolario, El Silencio de Dios y otras metaforas. Una correspondencia entre África y Nueva York (ed. Trotta).

Maneras de cruzar un río

El pueblo que no aprende a abrirse en puentes termina convertido en estuario.

Solo fanáticos y necios

Solo fanáticos y necios sienten orgullo por la historia de su pueblo sin sentir, en medida igual, vergüenza.

Sobre los ausentes en la celebración

Si entonces, al juntarnos con los nuestros, tras brindar, tras reír, tras abrazarnos, nos faltaran los otros, los que moran en un confinamiento vitalicio de niebla, de injusticia, de pobreza,

Una razón para ser versos

Durante la pandemia se redujeron las raciones de comida a casi millón y medio de refugiados en Uganda por falta de financiación.

¿Es posible no escribir poesía después de la pandemia?

¿Es hoy posible no escribir poesía? ¿Es posible no abrir aquel arcón en que guardamos el ajuar del alma, cuanto nos pertenece por humanos, el don de las preguntas compartidas?

Alcanzad las asambleas

Precaveos, hermanos, de los gritos. En la guerra de gritos nunca ganan los desarmados porque nada grita más alto que las armas, y sabemos que quienes marchan ondeando enseñas son amigos del dueño de las armas.

Ahora que volvemos a las calles

Antes de proferir imprecaciones contra el poder, hacer que la virtud y el verso destituyan al ministro de mi interior, pues fui cobarde y vil mientras muchos morían solos; luego, solo luego, hablaré contra los líderes (pues tantos fueron viles y cobardes).

Este del Chad, abril de 2007

en apenas cuatro días salieron a buscar ramas y cuerdas, ya con miedo en los ojos, ya con lágrimas, salieron a buscar palos y lonas, y levantaron juntos una escuela,

Sal, heno, flores, piedras y nubes. Una historia de los tiempos de san Isidoro...

Alguien en el siglo VII, quizá en alguna parte de Andalucía, escribió que nuestros cabellos comparten esencia con el heno; el llanto de los ojos, el sudor de la frente y la sangre de las venas, con la sal; los huesos y los dientes, con la piedra; que de algún modo las flores definen la diversidad de colores en el iris; y que nuestros pensamientos poseen la materia misma de las nubes

Quienes sobrevivamos

Quienes sobrevivieron a una guerra y no usaron el resto de sus vidas para que ya jamás otra estallara, siguieron, en la paz, matando muertos, pisoteando sus nombres olvidados.