miércoles, septiembre 22, 2021
Autores Publicaciones por Manuela della Fontana

Manuela della Fontana

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Manuela della Fontana, escritora oculta. Después de trabajar muchos años en el mundillo editorial, rodeada de facturas e impuestos, decidió dar el gran salto y retomar esta “vocación” suya escribiendo con mayor regularidad. Fue entonces cuando empujada por algunos amigos salió a la luz, compartiendo sus vivencias en su blog Soñando con maletas y en las revistas vozed, e Hyperbole donde colabora habitualmente. @enmanuelle2002

Son solo fotos

Son solo fotos, pero sé que es mucho más lo que me duele conforme avanzo por este paisaje de recuerdos borrosos. Es muerte y...

Fuera del guion

Nunca me siento más yo que cuando dejo de serlo y me abandono a la manera de los personajes de Faulkner, en el morbo...
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La divina marquesa. El empeño de Luisa Casati por ser una obra de arte

Algunas noches se deja ver en la laguna, desnuda, con una capa de piel de tigre sobre los hombros. Su criado tunecino la acompaña alumbrando el camino con una antorcha. No le importan las miradas ni los murmullos. No quiero ser amada, es la inmortalidad lo que busco, repite sin cesar

Y un día me desperté sola. En torno a la fotógrafa Francesca Woodman

Solo tiene veintidós años. Pero antes, las primeras lágrimas, el último adiós. Tantos y tantos límites. Un orgasmo disfrazado de mentira. La soledad. Nadie le ha dicho que crecer fuera así. Francesca Woodman siente que todo ocurre demasiado rápido en su prisión de noches que temerosas se escapan por la ventana. Se esconde, se asoma, aparece y desaparece en la bruma como en sus fotos, sin pedirle permiso a nadie más que a esos miedos. Tan valiente en ocasiones, y sin embargo cuántas noches buscando respuestas en un cielo que aunque callado no hace sino llamarla a voces.
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A cambio de nada. Recuerdos de Kiki de Montparnasse

Asomada a la ventanilla, Alice Ernestine Prin ve pasar las estaciones. Chatillon queda ya lejos. Su abuela casi tiene que empujarla para subir al tren. Por equipaje, una botella de Pinot noire y un bocadillo que apesta a ajo. Tan solo tiene trece años. Demasiado joven para beber, demasiado mayor para llorar. ¿De qué sirve tener trece años? París la espera. También una madre a quien apenas conoce