miércoles, octubre 23, 2019
Escritos esquinados   el blog de Mikel Arteta
Autores Publicaciones por Mikel Arteta

Mikel Arteta

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Del 85 todavía, pero todo se andará. Valenciano de residencia y nacimiento. De cabezón, navarrico; y de vacaciones. Iba a decir que algo también de sangre, pero entonces no podría esquivar el merecido guantazo. Estado civil: catalán. Y de salud, alérgico al nacionalismo. Licencia para leguleyear y, según un papel, también para politologuear… De vocación, cosmopolita. Si me dejan. Y, de Filosofía práctica, doctor en las cosas del bueno de Jürgen Habermas.   Sería un placer y todo un reto sacar provecho a estas páginas para vomitar a cuentagotas, si es que eso se puede, algunas reflexiones morales o políticas. Esas que, sentado en la esquina de la mesa de la esquina de la habitación de un edificio que hace esquina, le golpean a uno al abrir el ordenador, ojear la prensa y el Facebú (donde encuentra siempre a don Tomás y a la parroquia del padre Félix) y descubrir que el mundo sigue igual de mal que de costumbre, cuando no peor. Lo de todas las mañanas, pero compartiendo el café con leche.

Cronología del golpe catalán. Una cocción a fuego lento

Muchos de los hechos recogidos a continuación (que, sin exhaustividad y sin vocación alguna de jurista, quizás sirvan a un lego para hacerse idea de cómo las élites catalanistas pergeñaron el golpe) vulneran abiertamente el ordenamiento jurídico español. Seguramente sean incluso suficientes para atribuir delito de rebelión a los acusados. Pero lo que más me interesa es mostrar cómo, todos juntos, buscaban lograr algo que en buena medida consiguieron: atentar contra el reconocimiento social del ordenamiento jurídico en Cataluña.

Por una ley nacional de lenguas… y un poder autonómico neutral

Aquí sí asoma una utilidad inmediata de la política lingüística que no queda necesariamente ligada a una completa construcción nacional con vistas a hacerse con un Estado propio: sirve simplemente para excluir a los de fuera del acceso a los recursos comunitarios. 
  ¿Un ejemplo paradigmático? Los méritos o incluso requisitos lingüísticos para acceder a cargos de la función pública. En este sentido, la política lingüística ofrece una utilidad al administrado mejor posicionado (el que habla o puede más fácilmente aprender dicha lengua), a las élites económicas locales (que aspiran a contratar con una administración que empezaba a pedir los pliegos en la lengua regional) y a las élites políticas locales (que, con estas políticas, se presentan como los mejores defensores de sus votantes, incluyendo al PP y al PSOE en las autonomías donde gobiernan).

Entrevista sobre la extrema derecha en España y en Europa

El término “democracia iliberal” (del que se jacta Orbán en Hungría o Erdogan en Turquía) es clave para comprender lo que está pasando. Nos ayuda a entender el problema. La esencia de la “democracia iliberal” es la desintermediación. Es decir, el líder rechaza los procedimientos de la democracia representativa y se siente refrendado por una mayoría popular para tomar cualquier decisión, incluso contraria a la ley

Círculo de Caraduras de Cataluña

Lo primero que cabe responder al Círculo de Caraduras es que si la legalidad es un principio referido a España como Estado democrático de derecho (es decir, si la legalidad se refiere al ordenamiento jurídico español que sustancia la actual personalidad jurídica de España), la democracia no puede dejar de referirse a España, por más que ellos la quieran asociar con Cataluña. Ambos principios cristalizan juntos convirtiendo a España en una democracia constitucional (lo que hoy conocemos como democracia, a secas), un proyecto con contenido teórico propio: el del Estado social y democrático de derecho. La fuerza de ese constructo trasciende nuestras fronteras y nuestro concreto ordenamiento. Tiene en todo el mundo a teóricos dispuestos a reconstruir críticamente su esencia: qué es y qué debe ser esa democracia para salvaguardar sus principios tras el paso del tiempo y las mutaciones sociales. En cualquier latitud, la democracia deberá traernos, si no quiere ser un proyecto frustrado, ciertas dosis de libertad y prosperidad sin perder de vista la igualdad y el pluralismo que velan por la pacificación de nuestras relaciones.

Falacias y excesos del peor feminismo

Lejos de romper una lanza por VOX, de quien por razones diversas me desmarco todavía más que del fundamentalismo feminista, es necesario afinar varios dislates que están señoreando nuestra esfera pública. La peor parte del movimiento feminista, la que amenaza con descarrilarlo, sostiene algunas inconsistencias, falacias e incluso tesis injustas tan palmarias que sólo pueden alimentar irresponsablemente a VOX, de tan fácil que les resulta denunciar públicamente que la reina va desnuda.

¿Obligados por los sordos?

Sólo ellos ven arbitrariamente recortado su justo derecho a comunicarse y a moverse por el mundo por falta de interlocutores; y, por tanto, quizás podrían ellos rebelarse para exigirnos aprender su lengua y así garantizarles una comunicación que, de otro modo, les quedaría vedada. Nuestra obligación de aprender la lengua, en este caso, sería tributaria del derecho de los hablantes de la lengua de signos. No del derecho de la lengua de signos -que como el resto de lenguas, ni tiene derechos ni puede imponernos obligaciones- sino de sus forzosos hablantes.

Vampirizados por la lengua (minoritaria). Contra la ‘Carta Europea de las Lenguas’

Y aquí viene la pregunta más importante: ¿por qué ha podido funcionar tanto tiempo un modelo que viola un principio tan básico (sostenido incluso por UNICEF o la UNESCO, ambas sospechosas de buenismo y multiculturalismo) como el de la educación en la lengua materna. Bien, pues hay que girarse, me temo, hacia la Carta Europea de Lenguas Regionales y Minoritarias.

La constitución que sí se rompe

Algo profundo se está rompiendo. Cada cual creemos que lo rompe el otro. Aunque sospecho que esto es conceder mucho. Reprimo un juicio de intenciones. Porque, en realidad, no alcanzo a imaginar que 'los otros' no lo estén emponzoñando todo, a conciencia, por 4 míseros votos. Y lo creo porque ayer no eran así. Ayer, a muchos de ellos los podía oír, leer y acompañar en una manifestación y compartía con ellos algo más que un suelo básico. No creo, en fin, que su movimiento sólo anide en mi impura percepción. Y no me esfuerzo en recordarme que en la suya yo también me estoy moviendo. ¡Es su imaginación! ¡Así reprime su disonancia! ¡Hay hemerotecas!

¿Rebeldes sin violencia?

¿Sostendremos que la declaración de soberanía del Parlament y las posteriores leyes de desconexión promovidas por el ejecutivo catalán, es decir, el administrador local del monopolio de la violencia (y aspirante a detentador único, a Estado), que tiene a su disposición una Policía autonómica de unos 17.000 hombres (con un mando leal), y que contó con dos asociaciones que llevan años movilizando a más de un millón de personas (incluidos CDR’s, ‘minorías operativas’ dispuestas a usar su ‘fuerza’ física) para promover un desacato generalizado e impedir a la policía nacional ejecutar una orden judicial en suelo español, no constituyen el intento de unas élites políticas de reclamar para sí, con éxito y sonrisas, el monopolio de la violencia en Cataluña?

El Valle y los lazos: nuestra vergüenza

Para evitar emboscarnos en algo semejante [a la Guerra Civil], el Valle de los Caídos (pongamos nuestro Auschwitz, si quieren, "nuestra vergüeza", que diría Habermas) podría constituirse en el referente de nuestra memoria si lo pensáramos como punto de inflexión de nuestra historia fratricida, el punto donde la historia es magistra vitae, donde el pasado no sólo queda atrás, reproduciendo tradición y vano 'sentido común'; es decir, podríamos -intencionalmente- ponernos frente a nuestro pasado y conceptualizar el Valle como el símbolo de un curso histórico, de un nauseabundo precipitado, que fue nuestro gran error histórico. Los alemanas, Habermas a la cabeza, lo hicieron con su pasado de nacionalismo étnico. Esto nos podría servir para hacer una proyección (anticipar el futuro) canónica que nos guíe en nuestra prudente intención colectiva -política- de no repetir el infortunio. Bien, pues dicha conceptualización del Valle nunca debe señalar simplemente hacia un facismo, ni a un nacionalismo español que, a diferencia del alemán (y en menor medida del italiano), no se vino cociendo rampantemente desde el XIX (...) Nuestros errores, distintos.