viernes, septiembre 30, 2022
Estelas, cual cometas   el blog de Ricardo Tejada
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Ricardo Tejada

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Nací en San Sebastián-Donostia, en 1965. Estudios universitarios en la Universidad del País Vasco (UPV) y en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Becario en la Universidad de Lovaina (Bélgica). Proseguí estudios en la EHESS y en París 8. Doctorado en 1995 en Filosofía con una tesis sobre el pensamiento ético-político en Gilles Deleuze. En 2000 fui nombrado profesor titular de Civilización de España contemporánea, en la Universidad de Le Mans (Francia), dedicándome desde entonces al pensamiento español del siglo XX. Desde comienzos de los años 80, la ecología, la literatura, el ensayismo, el arte, la filosofía, el mundo fuera de nuestras fronteras han constituido, sin duda alguna, mis pasiones más duraderas. He escrito más de cincuenta artículos sobre filosofía francesa y sobre todo sobre ensayo español del siglo XX, en especial el cultivado por el exilio republicano español. Soy autor de dos libros : De una sensibilidad por venir. Ensayos de estética contemporánea (Madrid, Arena, 2008) y Briznas del tiempo (Madrid, Endymion, 2014). Realicé la edición de los Escritos sobre Ortega de María Zambrano (Madrid, Trotta, 2011), también la de El pensamiento vivo de Séneca, en 2016, en el marco del vol. II de las Obras Completas de María Zambrano, dirigidas por Jesús Moreno Sanz; y, recientemente, una amplia antología de las obras de Marín Civera y Luis Abad, dos ensayistas del exilio republicano español : En pos de un nuevo humanismo (Fundación Santander, Obra Fundamental, Madrid, 2018). En diciembre de 2017 presenté mi trabajo de habilitation en la Universidad de Angers, dedicado al ensayo español durante el franquismo, en exilio y en el interior, visto desde las problemáticas de la modernidad y de la temporalidad, pendiente de publicación.

El rastro de este verano

¿Qué quedará de este verano, en nuestra memoria? Los veranos parecen semejarse unos a otros. Lúdicos o estudiosos, viajeros o sedentarios, siempre se asemejan...

Victor Klemperer : el resistente que nunca quiso exiliarse (o los límites del exilio III)

  Si hay un ensayista y pensador francés al que sigo de cerca, desde casi sus inicios, desde los años noventa, ese es Georges Didi-Huberman....

Los amuletos de Heinz Keijser (o los límites del exilio II)

Hace pocos días visité en Ámsterdam, en el magnífico Museo Histórico Judío (el Joods Museum), una exposición que me llamó mucho la atención. Desgraciadamente...

Los límites del exilio (I): los Likov o cómo dejar de vivir en el...

Inicio en esta serie unas cuantas calas en esa constelación conceptual tan difícil de definir que es exilio. Para ello, empezaré por todos los fenómenos fronterizos, limítrofes, que pueden ser asimilables al exilio, pero que, al mismo tiempo, no lo son.

¿A dónde vas Europa ?

Por lo que puedo intuir de estas últimas semanas, Europa se dirige hacia una mayor unidad que deriva de una firme y decidida postura...

Cuando pienso en los años que tengo…

Cuando pienso en los años que tengo, me quedo, primero, perplejo. No tengo años, los tengo "detrás" de mí. Pero tampoco es eso. Viven...

Ensayar paisajes (sin orillas nacionales)

Me venía preguntando desde que terminé de leer, hace pocas semanas, el magnífico ensayo del novelista argentino Juan José Saer, El río sin orillas,...

Degustar el tiempo (y II), al hilo del último libro de J. Á. González...

Decía en la primera parte de este ensayito que en “pocos días” ofrecería su segunda parte. Era el 23 de septiembre… El tiempo —como...

El número de teléfono

Siempre me acuerdo y me acordaré del número de teléfono de mis padres, del que fuera mi teléfono durante muchos años, nuestro teléfono, porque...

Degustar el tiempo (I), al hilo del último libro de J. Á. González Sainz

El tiempo de trabajo ha ido disminuyendo en la última centuria, pero da la impresión de que esta compresión del tiempo dedicado a ganarse la vida ha conllevado paradójicamente un achicamiento del mismo tiempo, como si la mayor permeabilidad del ocio y del trabajo hubiese trastocado y agujereado el tiempo, impidiéndonos ser nosotros mismos, porque de eso se trata, y aún más cada vez que avanzamos en edad, de ser fieles con nosotros mismos, y, por lo tanto, de no hacer lo que nos repugna, nos desagrada, nos aburre o nos enfada.