sábado, enero 23, 2021
Autores Publicaciones por Ulises Gonzales

Ulises Gonzales

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Nació en Lima. Vive en Nueva York donde ya plantó un árbol, escribió una novela y tuvo mellizos. Dirige una revista de literatura y es profesor de cine.

Éramos dos muchachos

¿Alguien puede olvidar el movimiento de un autobús azul, saliendo por las puertas de una terminal polvorienta, abriéndose paso entre el tráfico caótico de la ciudad Lima, para poner rumbo al sur, hacia el borde del país?

Cinco muertos: por una rubia loca

  Fue por una rubia loca, que bailaba sola hasta el amanecer* Los Rodríguez. En marzo de 1984, un grupo de criminales se amotinaron en la cárcel...

Diarios de Lancaster

Querer un parto natural en los Estados Unidos es como subir una colina empinada, donde las piedras resbalan y te golpean durante el camino. Es más fácil claudicar, hacerles caso, sucumbir a su lógica.

Recuerdos inspirados por Assayas

Cuando el escritor peruano y su esposa llegaron por primera vez a la casa de Salvati lo que más les gustó fue que desde la sala se pudiera escuchar el sonido del arroyo. Les gustaron las plantas de manzanos, el cerco vivo que los separaba de la calle, que la propiedad estuviera en un calle dead end y que la casa no fuera de madera sino de cemento. El ático y el sótano eran enormes. La familia había dejado los pisos alfombrados y algunos objetos de decoración: frente a la chimenea estaba la pequeña mesa de ajedrez donde Salvati solía jugar con su hijo David.

Este grandioso club

Años después, él y el resto del país supieron que Abimael Guzmán Reinoso era un cobarde como cualquier otro. El asesino no era sino otro hombre endiosado, en su noche más oscura.

Recuerdos inspirados por Kusturica

Desde el otro lado de la quebrada (tal vez lo sueña porque es un sonido frágil, como la memoria) le parece que el viento le trae el sonido de la música.

Los libros del año 2020. El año de la pandemia

Allá por abril, recuerdo escuchar a una amiga pronunciando su parálisis: ni escribir ni leer. El miedo al futuro la inmovilizaba. En mi caso, armado con tres carnés, constaté que las bibliotecas aumentaban sus títulos electrónicos. Había mucho que leer. Esta no será una lista detallada de los libros que abrí. Voy a confiar en la memoria. Esta será una versión recordada de los meses de encierro.

Desde un portal: un laberinto

Mi memoria dice que la primera noche ella prefería la calidez de su hogar a la frialdad de un motel. Desde su cuarto  (donde me recuerdo agitado, dispuesto, y a ella recogiéndome dentro de sus sábanas como si no se lo esperara) bajé a tomar el desayuno con su padre. Conversamos y me invitó un café. Ella tenía un novio que se iba y regresaba: un genio, un loco excesivo. Yo no buscaba nada serio y aquella contingencia marcó nuestro camino. Fue informal, fue hermoso. También fue terrible y fue cruel.

El Diego

En mi clase, una historia que empieza con las guerras de independencia y Simón Bolívar, que pasa por los bigotes de Emiliano Zapata, la llegada del Ché y Fidel a La Habana, que sigue con Pedro Infante, María Félix, Cantinflas, Carmen Miranda, Glauber Rocha y el nuevo cine brasilero, las memorias del subdesarrollo, Doña Flor y sus dos maridos, termina con Augusto Pinochet, la Junta, el rol de la CIA y los desaparecidos, Sendero Luminoso y Diego Armando Maradona. No se puede entender a Latinoamérica sin el fútbol, les digo.

Ese cabello*

Este año, con la pandemia, mi esposa compró una cortadora de pelo eléctrica. Mis hijos y yo nos sentamos en una silla sobre una manta en el patio y nos dejamos cortar. Solo ha fallado una vez: se distrajo un segundo y me dejó un agujero en el cabello por encima de la oreja. Trató de igualar ambos lados de la cabeza y el corte quedó mucho peor. Ya me ha cortado unas cuantas veces y el corte cada vez es mejor, además de entretenido y gratuito. Será que con la edad se me ha ido el miedo. O que ya no me importa.