martes, noviembre 19, 2019
Gazeta de la melancolía   el blog de Víctor Colden
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Víctor Colden

Víctor Colden
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Persistente prosista, Víctor Colden es autor de unas crónicas sobre el español agrupadas en "Cuaderno de lengua" (2001-2005), del relato inédito "Veinticinco de hace veinticinco" (2013) y de la novela "Inventario del paraíso" (Libros Canto y Cuento, 2019). También de esta "Gazeta de la melancolía", en la que anda siempre a vueltas con la memoria y la amistad; los libros queridos y los discos de antes; las carreteras secundarias, los árboles y los ríos; el paso del tiempo, las amarguras viejas y la felicidad. Entre la atracción del gabinete de lectura y la tentación de la montaña.

Humilladeros

Acaso una compasión con fundamento debería tener el dolor propio como primer objeto. “La atención es la forma más rara y más pura de generosidad”, escribió Simone Weil. ¿Tan egoístas seremos con nosotros mismos para no escucharnos alguna vez?

Chove!

En la oscuridad de nuestra habitación —era una pensioncita humilde—, solo se oía el fino tableteo de las gotas en el empedrado de la calle. Qué molicie estar ahí abrazados imaginando el frío y la monarquía del agua. (También ella amaba la lluvia).

Bulbuente existe

¡Años queriendo ir a Bulbuente! (O al punto en que JMM «decía» que estaba Bulbuente). Deseando desenmascarar de una vez por todas al ingenioso bibliotecario, poeta y editor de corazón grandote y sonrisa traviesa.

Autorretrato de un escribidor

Se dio cuenta hace ya tiempo Colden de andar por aquí sobre todo para producir prosa. Si buena, mala o peor esa prosa, eso ya es otra cosa. La cosa… es escribir (no tanto haber escrito). ¿Qué escribe Víctor Colden, cómo escribe?

Ya ha llegado

Yo lo esperaba, ya estaba tardando. Pero los degustadores del otoño sabemos que hace falta paciencia. «No lo busques», nos decimos, «cuando quieras darte cuenta, habrá llegado. Te habrá encontrado el otoño a ti».

La sorpresa de Castilla

Y yo no sé lo que es Castilla, pero sé que Castilla es —sí— esa sorpresa: la sorpresa del agua y el verdor en mitad del páramo. La de la vida mínima y frágil que, a pesar y en contra de todo, se aferra a una grieta, a un paraje escondido.

Diez de septiembre

Me escribe para decirme que se han ido las últimas golondrinas. ¿Va a acabarse el verano? No quiere que termine todavía. Tiene miedo y me pregunta: «¿Volverán el año que viene? ¿Quién nos lo asegura?».

El regreso

Dicen que han visto a Baquetti en Madrid (ahora es adicto al pasado). El barrio de las promesas y las amenazas ha desaparecido. ¿Pasa el tiempo en balde? ¿Qué sentido tienen los recuerdos? Y lo de ahora… ¿valdrá lo mismo que lo de ayer?

Vosotros, los solitarios

Ni siquiera sé por qué os escribo. Y además una carta. Pero ya me da igual que me tilden de antiguo. Tampoco sé bien para deciros qué. Acaso nada más que para haceros unas preguntas que no tendrán respuesta. ¿Es cierto que en el fondo todos estamos solos? ¿No será uno, a solas, más uno mismo? Y vosotros, los solitarios, ¿amáis la soledad?

Tiempo de aspersores

Una estatua. Eso semeja el caminante ante la tenue cigarra de los cuatro aspersores. ¿Le ha hipnotizado el rumor o han sido más bien los miles de gotas que, contra un denso fondo de vapor de agua, flotan sin prisas y a la deriva, suspendidas en el aire? Se quedaría todo el día ahí, en el silencio de los aspersores...