sábado, diciembre 5, 2020
Gazeta de la melancolía   el blog de Víctor Colden
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Víctor Colden

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Persistente prosista, Víctor Colden es autor de unas crónicas sobre el español agrupadas en "Cuaderno de lengua" (2001-2005), del relato "Veinticinco de hace veinticinco" (2013) y de la novela "Inventario del paraíso" (Libros Canto y Cuento, 2019). También del libro inédito “Gazeta de la melancolía”, del que ha adelantado en esta bitácora una selección de textos. Habla en ellos el autor... de la vida. Es decir, de la niebla y de los ríos; de la memoria y la belleza; de los amigos que se fueron, los libros queridos y los discos de antes; de las amarguras viejas y la felicidad.

Quinientas palabras

Conseguir esa ligereza con las palabras, ese embaucamiento mediante unas cuantas frases vacías, no debe de ser cosa de poco mérito. Sobre todo si se logra con encanto, la rara cualidad literaria —¡ojalá yo la tuviera!— que elogiaron Borges y Stevenson.

Fragmentos de verano

¿En qué momento se rompió el verano? Como un espejo grande y hermoso, de limpio azogue, que un día se cayera de la pared y se hiciera añicos. Por más que miro hacia atrás, no acierto a determinar cuándo sucedió.

El triunfo de la luz

«Málaga o el triunfo de la luz», se va diciendo al caminar. De la abundancia de la luz, de la luz que se derrama sobre los montes como una miel, como un don, como una mano lenta y suave que acaricia el mar y los árboles. Y mientras camina, se pregunta cómo sería vivir aquí: vivir así —o morir— bañado en luz, en luz de oro.

El caballero inactual

Levantamos la mirada de la página degustando las evocaciones que suscitan en nosotros los pasajes leídos. Y nos sumimos un momento, como aquel personaje de otro libro de Azorín, “en dulce evagación”. ¿Por qué tiene su prosa siempre este efecto en nosotros? ¿Será por la armónica impresión de actualidad y atemporalidad? No lo sabemos bien, pero ha de ser algo así.

Fantasías que se apagan

«Me parece que fue a principios de siglo...», dijo con una sonrisa, «cuando empecé a dejar de creer en un puñado de cosas en las que, tal vez de manera vaga pero persistente, había creído durante mucho tiempo». Me sorprendió el arranque de mi amigo. [...] «La amistad, la conversación, el verano...».

Huele a junio

De este año no pasa: en nuestro mes favorito, caminaré por el parque aprendiéndome —por fin— el poema de memoria (“bajo tu sombra quiero ver madurar los frutos”), más de treinta años después de que lo leyéramos por primera vez (“las manzanas silvestres y los higos cuajados de corales submarinos”), y lo haré pensando en ti, en Nacho y en Pía, “la duquesa”, y como humilde homenaje a su autor, uno de nuestros ídolos, que hace poco ha muerto en Córdoba (“la barca que va dejando por los ríos lejanos sus perfumes…”).

Diario de Valvanera

Martes 6 de diciembre. Parece que sí: me voy mañana al monasterio de Valvanera, a escribir. A ver si le doy un buen impulso al Inventario del paraíso. Dudas, tironeo entre las ganas de hacerlo y el temor a la soledad, más esa sensación de inevitabilidad ante las decisiones tomadas que, aunque todavía podríamos dar marcha atrás, sabemos que ya no tienen remedio.

La llamada

La desoí mucho tiempo, pero ella no cejaba. «Ven», me decía con su voz azul. Andaba yo confuso, el tiempo y sus enredos me habían atrapado. Y la miraba de reojo, con nostalgia y fingida indiferencia: como si no me importara. Aunque sabía que era suyo. «Ven», me decía la montaña, «tú eres mío». Yo era suyo, sí, y no podía desobedecer a su llamada.

La risa de Bruno

«¡A mí no me quiere ni mi madre!», recuerdo que aullaba Bruno en mitad de una partida, tras ganar otra mano. Había ido encadenando victorias, casi tantas como tragos de cerveza, y acordándose del “afortunado en el juego…”, emitía de repente su conclusión, siempre a voz en grito —«¡A mí no me quiere ni mi madre!»—, y todos nos echábamos a reír. Era imposible no hacerlo, porque la risa de Bruno se contagiaba con facilidad.

Algo mío en Cádiz

Yo de Cádiz podría decir lo mismo que dice Xuan Bello de los puentes: que me gusta porque tiene algo mío que no me explico, y que esta afición ya estaba conmigo cuando del mundo nada conocía. ¿En qué pienso cuando pienso en Cádiz? En un tacto de siglos al acariciar por las calles los cañones herrumbrosos de las esquinas y los poros de la piedra ostionera...