sábado, diciembre 7, 2019
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Virgil Ierunca

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Virgil Ierunca nació en Lădeşti, provincia de Vâlcea, en 1920. Tras los estudios secundarios en Vâlcea, se matriculó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Bucarest, donde se licenció. Paralelamente a sus estudios universitarios, fue redactor del periódico Timpul y uno de los fundadores de la revista Albatros, suprimida por el régimen de Antonescu. Más tarde, junto a Ion Caraion, editó la revista plurilingüe Agora, suprimida por la censura comunista en 1947. Fue colaborador de la Revista de las Fundaciones Reales, y de revistas como Vremea, Fapta, Viaţa românească y Universul literar. En diciembre de 1946 abandona Rumanía con una beca de estudios que le concedió el gobierno francés y se estableció definitivamente en Francia, donde desarrolló una fructífera y rica actividad cultural. Entre 1952 y 1975 fue redactor cultural de las emisiones para el extranjero de la ORTF (Crónica de las ideas) y redactor político de las emisiones en lengua rumana. Desde 1975, fue investigador del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS), en la sección de filosofía, y colaborador de la emisora Radio Europa Libre. En aquellos años, las emisiones de Ierunca y su mujer, Monica Lovinescu, eran un referente para los rumanos del interior, como símbolo de la resistencia al régimen. En el exilio, bajo la égida de Mircea Eliade, redactó la primera revista rumana de literatura, Luceafărul, a la que siguieron otras publicaciones. También colaboró activamente en otros periódicos y revistas rumanos del exilio y escribió artículos sobre la cultura rumana en distintos diccionarios y enciclopedias de Francia y Alemania, como Encyclopedie de la Pléiade, en la Histoire générale des littératures y otras. Tras la caída de comunismo en Rumania publicó varios libros de ensayo sobre el comunismo. Virgil Ierunca murió en París en el año 2006.

El experimento de Pitesti. (O sobre el poder omnímodo)

El experimento de Piteşti se extendió a otras prisiones de Rumanía y estuvo más sumido en el silencio que otros crímenes cometidos en las cárceles porque la censura funcionó de forma drástica y porque las víctimas de la reeducación fueron obligadas a convertirse en verdugos