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Acordeón¿Qué hacer?Badalona es hija de inmigrantes

Badalona es hija de inmigrantes

Apoyo ciudadano a los desalojados del B9. Fotograma de un vídeo de RTVE: https://www.rtve.es/noticias/20251217/mossos-inician-desalojo-badalona-del-mayor-asentamiento-migrantes-cataluna/16862012.shtml

Badalona no es facha. Nunca había imaginado que escribiría un artículo con esta afirmación. Y, sin embargo, busco la palabra facha en el diccionario de la RAE y no veo desmesurada la tercera acepción. Es triste la imagen que se está dando estos días a raíz del desalojo del antiguo instituto B9, situado en uno de los barrios más vulnerables y pobres de la tercera ciudad catalana en número de habitantes (tras Barcelona y l’Hospitalet de Llobregat).

El primer alcalde de la ciudad en democracia fue Marius Díaz (1933-2023), del PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña), y a él le sucedieron alcaldes socialistas y la alcaldesa Maite Arqué hasta que, en 2011, el actual alcalde del PP (Partido Popular) entró en lo que sería su primer mandato. Estuvo igualmente de 2020 a 2021 y ahora gobierna desde 2023, cuando arrasó por mayoría absoluta. Y no solo ganó en los barrios pobres y marginales. En el centro también cosechó un alto porcentaje de votos. Xavier García Albiol conocía bien los entresijos de la política municipal, porque fue regidor desde 1991.

Hago este preámbulo para quienes puedan pensar o sospechar que Badalona es un feudo de la ultraderecha. No, estimados lectores y lectoras, nada de eso. Badalona es hija de inmigrantes. En los 60 del siglo pasado llegaron personas sobre todo de Andalucía, Murcia, Extremadura… El llamado cinturón rojo, Santa Coloma de Gramenet, Sant Adrià de Besòs, l’Hospitalet de Llobregat… Ahora llegan de Marruecos y otros puntos de África, Pakistán, China, Hispanoamérica. Tienen otro color, cierto, pero son igual de pobres que los de siempre y huyen de sus países por situaciones más complejas que la de la España miserable de la posguerra.

El alcalde actual ganó las municipales por atizar el odio de pobres contra pobres. Justamente, en el barrio donde está situado el antiguo B9 incitó al miedo y al rechazo en nombre de la inseguridad. Gitanos de aquí contra gitanos de otras latitudes. Fue un espectáculo triste ya entonces, como triste es ahora el discurso que utiliza contra unas personas que vienen porque no pueden malvivir más, porque buscan un trabajo, un futuro, una vida digna.

Fui a la primera manifestación contra el desalojo, la tarde del miércoles 17 de diciembre. El día anterior, Badalona fue noticia por una intensa e inclemente lluvia que paralizó la ciudad. Por la mañana nos despertamos con el desalojo y nos preguntamos si la fecha había sido escogida con antelación o fue un rampell (un arrebato) de última hora, cuando todavía las calles estaban anegadas de agua. En cualquier caso, se sabía desde hacía un par de semanas que el instituto iba a ser desokupado.

En esa primera manifestación, cinco o seis furgones policiales impidieron el acceso a la plaza del Ayuntamiento. Había mucha gente, bastantes jóvenes, y procedentes de Barcelona y ciudades colindantes. Una señora que tenía cerca acertó en el comentario: “mira, a estos no los sacan en la tele… luego dicen que la juventud es de Vox”. Del centro de Badalona la protesta se dirigió a pie hasta la plaza donde se concentraban unas 200 personas desalojadas.

Este lunes, 22 de diciembre, acudí por la tarde a la convocatoria de otro acto para apoyar a las personas que habían okupado Can Bofí, un espacio municipal que acogía un albergue para personas sin hogar, hasta que el alcalde del PP lo cerró hace un año y medio (en la primavera de 2024). La protesta también venía motivada porque un grupo de vecinos había impedido el acceso de una quincena de personas a una iglesia católica del barrio para que durmieran al resguardo del frío.

Disculpen si a partir de ahora la crónica toma un cariz más personal (todavía). En ese acto iba a encontrarme con mi hermana. Al llegar, me sorprendió ver tantísima policía. De hecho, nos impidieron bajar por una escalera y tuvimos que dar la vuelta por una cuesta. No sabría decir cuántas personas había, pero sí eran muchas más que las de la semana anterior. Un hombre ya mayor, altavoz en mano, gritaba que “¡el barrio es de gente trabajadora, humilde!”. Contrarrestaba así la idea de racismo, del discurso del odio, del rechazo a personas no tanto por el origen sino por la economía. Ya saben, un negro rico no es lo mismo que un negro pobre.

Alrededor de la plaza donde estaba la gran mayoría había un terraplén donde se alzaban menos personas y buena parte de ellas adolescentes. Me acerqué y quise subir para ver si desde allí reconocía a mi hermana. Un agente de la policía me advirtió que no podía pasar. “¿Por qué?”, musité. Y en ese momento vi a una alumna de mis clases, situada en el montículo. Dijo: “mirad, la profe”. Al lado, una joven gritaba: “¡el barrio es nuestro! ¡somos de aquí!”. Llámenme ingenua, pero solo entonces comprendí la razón del cordón policial. Di un paso adelante y pregunté a mi alumna: “¿Qué haces ahí?”. Todo fue muy rápido. Un agente me asió fuertemente del brazo y gritó: “¡Señora, váyase!”. No sé lo que me hizo más daño, si el apretón o la imagen de unas alumnas (cuyos orígenes, al menos los de su familia, no son precisamente catalanes) que rechazaban injustamente a unas personas.

Volví a la concentración y me crucé con Maria Dolors Sabater (alcaldesa per Guanyem Badalona, de 2015 a 2018), quien me preguntó qué me pasaba. Nos abrazamos: “¿Qué diré o haré cuando vuelva a clase el próximo 8 de enero?”. Alguien que estaba allí comentó que había sufrido una agresión. Cierto, un trozo de carne con patas –pensé fuera de mí– no me había hablado con el respeto que merece todo ser humano, me había agarrado del brazo con toda su fuerza en lugar de explicarme con palabras que aquellas personas eran partidarias de Albiol, un personaje que no tiene sentimientos, de la (ultra) derecha que rechaza a personas por su origen y condición social. Si a mí, que soy blanca, me tratan así, ¿cómo tratan a una negra? Pregunta retórica donde las haya. Me sentí mal por no haber reaccionado rápido y haberle pedido el número de identificación para una posible denuncia. Tenía ganas de salir de allí cuanto antes y eso hice.

“Guanyem está estudiando la posibilidad de denunciar no solo por los hechos concretos del B9 sino por toda la política aporofóbica que lleva a cabo desde el inicio del mandato”, me escribe Sabater refiriéndose a Albiol, obviamente. Por su parte, el eurodiputado de Comuns Jaume Asens ha presentado una denuncia por “denegación de servicio público por motivos discriminatorios, delito de odio, desobediencia a la autoridad judicial y prevaricación administrativa”.

El profesor de historia Tono Medrano, amigo de un instituto público diferente al mío, y también de Badalona, intenta calmar mi indignación: “Badalona es una ciudad lumpenizada. Hay un grupo social desclasado que habita en muchos barrios, sin conciencia de clase. Pobres a los que les gusta fastidiar a otros pobres más pobres que ellos para sentirse con algo de poder. Y como ahora hay una tendencia reaccionaria que fluye a través de las redes sociales y que llega a todo el mundo, sean chavales de aquí o de fuera, nadie está libre de estas tendencias de hacerle la vida imposible a alguien que considera que está por debajo de ellos para sentirse un poco parte del poder. Esto lo utiliza Albiol. Parte de la base de votantes de ultraderecha son de ese grupo social. Lleva pasando desde hace unos 200 años, pero no hay que desesperar, porque es una tendencia de esta época y puede cambiar”.

Esperemos. Gracias por leerme y buenas fiestas.

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