Bálsamos y quemaduras

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Diríase que Jorge Camacho (Zafra, 1966) se lanza a la poesía sin red ni andamiajes, trasladando cualquier efecto a los afectos. Su pasión por las lenguas –es traductor, cultiva el esperanto y persigue el matiz de cada palabra en muy diversos idiomas– se vierte en una exploración de los significantes, en una explosión de los significados: “pese al dicho ingenioso pero vano de robert frost/ la poesía no es lo que se pierde en la traducción/ sino lo que queda”. Y, como la espada machadiana, utiliza el verso no para blandirlo sino para el combate de la vida cotidiana. Camacho es autor de varios libros de poesía en esperanto y de un poemario de denuncia, Palestina estrangulada (Calumnia, 2018), prologado por Santiago Alba Rico. En Quemadura reúne la poesía de toda una vida y por sus páginas desfilan reflexiones e imprecaciones, gritos de impotencia, una observación atenta de su entorno y una construcción minuciosa de su pasado. En ‘Carta a Amparo’, escribe: “Hay que perder el miedo a la poesía,/ el respeto solemne o reverente/ como si se escuchara la liturgia/ de un santo padre o sumo sacerdote./ La poesía son versos, y, los versos,/ palabras asociadas o trenzadas/ no sólo en atención a sus sonidos,/ a su dulce fluir o su estruendo,/ sino también, o más, a lo que dicen,/ susurran, gritan, lanzan o reflejan…”. No hay camino poético trillado en este libro ni concesión a una intertextualidad no avalada por la experiencia: “Morir es convertirse en un etrusco/ o atravesar el torii que conduce/ del templo abigarrado de la vida/ al páramo informe e infinito”. Del legado sórdido de Donald Trump al coronavirus (‘In viro veritas’), la poesía es rebelión, pero también una introversión hacia un universo rabiosamente personal: “Agotados, nos acostamos sin saber/ que (del sarcófago de seda de los sueños/ en que uno se imagina mariposa)/ despertaremos cada mañana transformados / en otra oruga diferente y nueva”. La diversidad de estos poemas, que a veces son sencillos apuntes del devenir cotidiano y otras levantan el vuelo hacia lo más profundo del ser humano, podría parecer un trayecto con demasiado vaivén si no fuera porque todos juntos constituyen el bálsamo sanador de tanta quemadura que soportan nuestras vidas.

Presentación del libro y lectura de poemas por parte del autor:

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Carlos G. Santa Cecilia
Carlos García Santa Cecilia (Madrid, 1957) es doctor en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado como redactor y ha sido subjefe de la Sección de Cultura de El País (de 1982 a 1990), ha sido redactor jefe del Área de Cultura de Diario 16 y escribió una sección diaria durante un año en El Mundo (1998). Actualmente colabora con Abc Cultural, entre otras publicaciones. Impartió clases de historia del Periodismo durante cinco años en la Universidad San Pablo-CEU, es autor de una decena de libros y ha comisariado varias exposiciones, entre ellas 'Joyce en España' y 'Corresponsales extranjeros en la Guerra Civil española'. Ha sido director de Comunicación de ‘Madrid, Capital Europea de la Cultura, 1992’ y de la Biblioteca Nacional. En la actualidad es jefe de la Sección de Publicaciones de la Biblioteca Nacional y responsable de libros y ebooks de fronterad.   El mundo de los libros impresos y el de las bibliotecas (entendidas como grandes centros dinámicos depositarios del saber) se diluye ante el empuje de las nuevas tecnologías, como se derrumbaron en la Edad Media los scriptoria de los monasterios con la expansión de la imprenta. Tal vez a uno de esos desnortados monjes se le ocurrió recoger la pulsión de la atmósfera plácida, culta y decadente que había conocido con el ánimo del ángel psicopompo. Y hablar De libros raros, perdidos y olvidados.

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