Banderas al sol

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El Líbano se ha llenado de banderas de los distintos países que jugarán el Mundial. Una, sobre todas las demás, predomina en especial: la alemana. Los coches circulan a toda velocidad con su personal elección sujeta en la ventanilla y ondeando al viento. Le he preguntado a alguien por qué precisamente Alemania y sin reparos ha respondido:

-Pues por Hitler….

 

Con la misma naturalidad, una compañera libanesa me advierte de que una vez finalizado el Mundial, Israel, tal y como hizo en el 2006, bombardeará este desgraciado país. Hoy es un día de ánimos deprimidos. Después de varios meses de fatua fanfarronería, las primeras grietas empiezan a asomar en el débil armazón que sujeta la vida de un libanés. “Nadie quiere a los árabes”, me dice con resignada lucidez un chico de 18 años. “En Europa creéis que en Líbano somos todos unos terroristas”.

 

Paso ante una iglesia en mi regreso a casa. Un hombre mayor se santigua con convencimiento mirando a la Virgen. Las calles están casi vacías cuando la noche es lluviosa. Paro un momento a saludar a la señora armenia que regenta una tienda de chucherías. Con su perenne mandil, su mono canoso y sus gafas de miope tiene el aspecto de una recia abuela del Cáucaso. Habla más idiomas de los que yo nunca aprenderé en mi vida. Me saluda en árabe y yo torpemente le contesto en francés.

 

Más arriba, el viejo de la huevería ha apagado ya su ruidoso televisor y está echando la reja. Siempre lo encuentro sentado en su silla de plástico, mirando informativos en la tele, y fumando con calma su pipa. Para aparentar cierta integración lo saludo en árabe y él me responde en francés.

 

La lluvia arrecia. Me protejo en un portal contemplando como se acerca una señora con una enorme sonrisa. Demasiado empapada de Rusia pienso que solo un imbécil sonríe de esa forma sin motivo aparente. Se detiene junto a mí y me pregunta si quiero acompañarla con su paraguas…Abochornada prefiero expiar mi culpa caminando bajo el agua.

 

Hay días en los que no me gusta escribir, en los que pienso que no sirve de nada escribir por qué me resulta imposible transmitir como es la tristeza sin sombras. Iluminada constantemente por el sol. Obligada a vestirse de gala ante la ausencia de oscuridad.