Béla Hamvas: «La cama»

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La cama

Béla Hamvas.
Traducción de Adan Kovacsics.

 

Aldous Huxley calculó que el círculo del silencio se estrecha trece kilómetros y medio por año. No falta mucho tiempo, dice, para que el silencio desaparezca por completo de la faz de la tierra. Será feliz quien pueda a veces encontrar media hora de calma en lo alto del Himalaya o en el océano. Es cada vez más pequeño el ámbito de la intimidad. En la Edad de Oro la alegría consistía en que la tierra entera era íntima, como un huerto. Por eso, la Torá llamó jardín del Edén a la Edad de Oro. Luego hubo gobernantes que intentaron conservar esa paz paradisíaca en sus reinos. El chino Yu fue uno de esos soberanos y sin duda también el faraón Akenatón. Lo curioso es que al desaparecer la intimidad de la Edad de Oro se perturbó también la existencia humana. Como si hubiera existido un nexo hasta ahora desconocido entre la paz y el silencio. No puede saberse con exactitud en qué medida se volvió el círculo cada vez más estrecho. Hace no mucho había todavía algunas grandes fincas, pero luego sólo han quedado granjas, mansiones, jardines poblados de arriates, pabellones de caza en medio del bosque o un faro en una roca. Hubo quienes quisieron rescatar al menos su pequeña habitación. La última estación de la intimidad es la cama. Es lo que ha quedado del paraíso. El hombre se expulsó de la tierra, pero todavía permanece ese pequeño lugar en el cobertizo, donde puede recogerse para vivir unas gotas de la Edad de Oro, mientras fuera zumba el motor, chirría la radio en el vecindario, no se apacigua dentro la desazón, no para de hacer tictac el reloj y se rebela la conciencia, pero uno puede envolverse en esa peculiar cáscara y apoyar la cabeza en la almohada como antaño, en una tarde de verano, apoyaba la cabeza sobre el vientre del tigre bajo la fragante higuera.

El sistema de coordenadas de nuestra vida está constituido por la columna y la cama. La columna es el camino hacia arriba, recto hacia arriba, el estar despierto y atento, la conciencia y el día. La columna sostiene el cielo sobre la tierra o, lo que es lo mismo, la tierra sobre el cielo. Pensar es tanto como ser vertical y vincular tierra y cielo. Estar en la cama es tanto como volverse horizontal, nivelarse, calmarse y dormir. Volver a ocultarse en la noche, en la madre de donde uno viene, renacer todas las mañanas, convertirse en columna y retomar la horizontal en esa metamorfosis que es de todas la más natural y misteriosa. La columna equivale a individuo; la cama, a fundirse con la comunidad. En los cónyuges, cuando duermen en una cama, las esencias se intercambian, el varón y la mujer se impregnan el uno al otro, penetran el uno en el otro (inqualieren es el verbo que utiliza Böhme), se tornan cada vez más parecidos al dormir juntos, es decir, cada vez más propios, como escribe Saint-Martin: distinguirse en la unión y unirse en la distinción, distinguer pour unir. El hombre, cuando se despierta en plena noche, no sabe diferenciar entre él mismo y la persona con la que duerme.

Nada más comprensible que el cuidado con que el ser humano creó la cama, cómo construyó un envoltorio para protegerla —porque la casa es la cáscara de la cama—, cómo ideó en el curso de los milenios los muelles, el colchón, lo cubrió con una sábana blanca, le puso una almohada hecha con plumones, le añadió un edredón o una manta, nada más comprensible que el ritual de lavar, estrujar y planchar la ropa de cama, el ritual de colgarla por la mañana de las ventanas para que se seque al sol y al viento. El mundo es rupaloka, como dicen los hindúes, el lugar donde están las cosas. Pero si uno entra en una casa, enseguida se da cuenta de la relación que guardan sus habitantes con la Edad de Oro. Las casas y las viviendas son ahora en general de tal tipo que ni siquiera puede uno sentarse, no hay allí ningún lugar íntimo, lo que hay es moda, fanfarroneo, higiene, pero no intimidad. Ha desaparecido la cama, sólo ha quedado un sitio para dormir, no se puede ni pasar allí la noche de bodas, ni parir, ni morir. Del dormir sólo ha quedado el acto biológico. Vivimos sin intimidad, la vivienda es alojamiento, sentirse en casa es sentimentalismo. Existencias de camarote, estamos de camino, pero nadie sabe adónde, y no hay viaje, sólo transporte. Dormimos prácticamente en la calle y quizá solamente corremos la cortina de la ventana del escaparate por una suerte de seudopudor.

(1964)

 

 

 

 

 

 

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Béla Hamvas (Presov, 1897-Budapest, 1968)

Escritor y filósofo húngaro, estudió filología húngara y alemana y empezó ejerciendo de periodista.
Trabajó durante veinte años en la Biblioteca Municipal de Budapest, época en la que publicó numerosos artículos y ensayos.
Sus escritos en defensa del arte abstracto frente al realismo le valieron las represalias del régimen comunista, que lo privó de su trabajo como bibliotecario,
y prohibió la publicación de sus escritos durante los últimos veinte años de su vida.
Algunas de sus obras más destacadas, como KarneválPatmosz y Scientia Sacra, circularon de forma clandestina y solo empezaron a editarse a partir de los años ochenta.

En su obra más ambiciosa, Scientia Sacra, Hamvas integró las tradiciones de Occidente y Oriente a través de la lectura de los clásicos del pensamiento oriental y del misticismo europeo.

La filosofía del vino
(Acantilado, 2014) fue durante unos años su única obra publicada en español; un panfleto contra los puritanos de todo pelaje (tanto ateos como pietistas), un entusiasta canto a la vida, en el que el lector descubrirá la relación entre beber y vivir bien, en un texto repleto de humor que nos enseña que «la ebriedad no es otra cosa que la forma superior de sobriedad, la vida iluminada».

En marzo de 2017, ediciones del subsuelo publicó la selección de textos La melancolía de las obras tardías.
Su último libro aparecido en español, en febrero del presente 2022, es La obra de una vida, también en ediciones del subsuelo.
https://edicionesdelsubsuelo.com/la-obra-de-una-vida. De él hemos extraído el texto para esta nube habitada de abril.

A propósito de su escritura, se comenta en la página de la editorial:
«La palabra cristalina de Hamvas, que exalta tanto el espíritu como los sentidos hace que sus ensayos pertenezcan al grupo de los más significativos de la literatura húngara. Con mano firme nos llevan por los senderos más singulares, nos adentran en las regiones más oscuras y también en las más brillantes del alma humana y nos iluminan con la transparencia de su prosa. Tratan de los temas más diversos, de música, literatura, arte, religión y filosofía, así como de plantas, de frutos, de colores, de fragancias. Son una afirmación de la vida y de lo que está más allá de la vida».

Las obras completas de Hamvas –en su idioma húngaro– constan en la actualidad de veintiocho volúmenes.

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Adan Kovacsics (1953) es traductor del húngaro y del alemán.

Nacido en Santiago de Chile, es hijo de inmigrantes húngaros. Premiado en numerosas ocasiones por el Ministerio de Educación y Cultura de Austria – por las traducciones de Karl Kraus: Los últimos días de la humanidad (1992), Hans Lebert: La piel del lobo (1994), Heimito von Doderer: Un asesinato que todos cometemos, Hans Lebert: El círculo de fuego (1996), Peter Altenberg: Páginas escogidas (1998), Joseph Roth: Las ciudades blancas, Stefan Zweig: Embriaguez de la metamorfosis (2001), Ingeborg Bachmann: El caso Franza/Réquiem por Fanny Goldmann (2002), Karl Kraus: Dichos y contradichos (2004), Ilse Aichinger: La esperanza más grande (2005) – a finales del año 2004, recibió en Barcelona el Premio Ángel Crespo, uno de los más relevantes otorgados en España, por su traducción de la novela El distrito de Sinistra (Acantilado) del escritor húngaro transilvano Ádám Bodor.

Ha recibido asimismo el II Premio de Traducción Imre Kertész (2007), el Premio Nacional de Traducción 2010 del Ministerio de Cultura por el conjunto de su obra, el Premio Nacional de Traducción de Austria por el conjunto de su obra y por sus traducciones de Karl Kraus, y el gran premio de traducción «Balassi» 2017.

En 2021 fue elegido miembro de la Academia Alemana de la Lengua y la Literatura.
Vive en Barcelona y escribe también ensayos sobre las literaturas húngara y austriaca.

Responsable de La nube habitada. Lugo, 1959. Es poeta, dibujante y pintor. Dirige la galería de arte Arcana. Publicó los libros: Os poemas da secta, Arcana; O Cavalo económico y Sombra fértil. Coordinó e ilustró la hoja de poesía A Rama no aire (1998-2007). Colabora con Alberto Augusto Miranda y Aurelino Costa en los libros Pitoes das Júnias y Na Terra de Genoveva.

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