Breve historiografía de una tesis y los encuentros con Marcos Ana y Bernabé Tierno

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Hoy, precisamente, hoy me deshice de un novio compulsivamente celoso, de una relación algo extraña, producto de una ansiedad infinita, que al igual que un virus se filtró por mi cabeza durante un tiempo, ese tiempo que me ha hecho devorar libros, que me ha hecho equivocarme, que me llevó a viajar a Estados Unidos, a cuestionármelo todo para dejarlo, también, todo. Me despojé de mi biblioteca, de mi propio idioma y hasta de mi identidad como docente para vivir como inmigrante en un nuevo mundo.

 

De este novio, que me ha acompañado a lo largo de cinco años mentalmente, nacieron más de 8 índices diferentes, múltiples títulos, muchos desprecios intelectuales y varios directores de tesis fallidos. Gracias a este novio odié las verdades impuestas y comencé a amar, de manera casi enfermiza las redes, siempre buscando respuestas. En un principio, jamás pensé en Facebook, y menos en Twitter. En el año 2009 observo el comportamiento de unas compañeras que pasaban más tiempo del debido cotilleando fotos en Facebook. No podía entenderlo, ¡qué absoluta pérdida de tiempo! Así que mientras ellas estaban en Facebook, quien escribe investigaba una tesis interminable y comenzaba ya a leer libros digitales del Centro Knight para el Periodismo de las Américas. A partir del año 2010, comienzan a llamarme la atención FacebookTwitter, observo el comportamiento de muchos jóvenes y me adentro en Twitter porque Facebook ya lo conocía.

 

En España

 

Mientras tanto, recuerdo tener un novio llamado tesis, una auténtica pesadilla que me exigía verdades absolutas y contundentes, científicas, nada más alejado de mi propia naturaleza filósofa y errante. Así que este novio se convierte en un reto personal más que profesional para llevarme nuevamente al mismo punto: comenzar de cero, una y otra vez, buscar un no sé qué, una y otra vez, un infierno psicológico, una tortura mental prolongada en el tiempo cuando nadie te enseña el camino. Sentir la absoluta soledad de quien no llega a ninguna parte mientras se hace un esfuerzo intelectual continuo.

 

Desorientada pero de ideas fijas, sigo (keep going) sin conocer muy bien el destino. Descubro veredas y me pierdo, me pierdo y me pierdo en la duda, en la frustración y en la locura de un perfeccionismo innato que me acompaña desde hace años, que me lleva a la autoexigencia, que me hace sentir insatisfecha. Alright, nothing is perfect! Este novio no solo demanda tiempo sino que genera angustias, mientras, años de becas y más becas, clases, conferencias, congresos, artículos científicos, capítulos de libros…

 

Sin embargo, con este novio, llamado tesis comienzo a percatarme de cosas: en primer lugar, a desconfiar de todo lo que me cuentan, profesores, directores de tesis y libros, este novio, que es mío y de nadie más, me lleva a dejar grupos importantes de investigación, aunque fuera mi primera beca remunerada porque también surgen dos oportunidades nuevas laborales. No consiento verdades impuestas, primeros augurios de rebeldía y de ansias de libertad, a pesar de las fiebres, del estrés, de la indigestión, de los quebraderos de cabeza… El tema, el diseño y el tiempo me pertenecían y nadie, absolutamente nadie, interferiría en ellos. Si me iba a casar con un novio, asumiría todos los errores cometidos y compartiría mi tiempo de soledad con temas con los que disfrutar. 

 

Estados Unidos

 

Vivir la experiencia de la Universidad en Norteamérica, otra idea que comenzó a rondar en mi cabeza desde el año 2008 pero a los 8 años ya le decía a mi madre que quería vivir en Estados Unidos. ¡Madre mía! Viajé por varios estados de los States antes de asumir que tenía un novio, celosamente compulsivo y obsesivo, llamado tesis que requerría horas y horas de estudio. Pregunté, investigué, me introduje en la Universidad de Texas, acudí a las clases de Paula Poindexter, una gran investigadora en Estados Unidos, experta en metodologías de investigación pero me costó entender su libro y dejé sus clases, asistí a las clases de Rosental, a las de Robert Quigley, pero mi inquietud no me permitía estar tranquila, investigué en un grupo con Tom Johnson durante un año que me enseñó a saber qué era aquello de la literature review, hasta asistí a clases de estadísticas con un profesor americano que gastaba bromas mientras nos ilustraba sobre la media, la moda y la mediana, cosas que ya sabía porque estudiaba el examen del GRE al mismo tiempo. Pero este profesor, ¡era el Clint Eastwood de las estadísticas! Un encanto americano.

 

Dejo mi trabajo en Madrid, después de agotar una beca de investigación de 6 meses en Austin. Observé que no se aprende a investigar de la noche a la mañana, y que si tienes muchas prisas, mejor ni se te ocurra adentrarte en una tesis. Este plato, como si de un buen guiso se tratara, se cuece a fuego lento, a veces, demasiado lento, tanto que llega a desesperar. No es una tarea que empiezas y terminas pronto, como muchos de los trabajos a los que estamos acostumbrados. La tesis es una relación a largo plazo, una resistencia contra el tiempo y contra tu propia mente.

 

Aprendí que hay varios tipos de investigación, la cualitativa y la cuantitativa. Los números jamás se me dieron bien y la teoría ya la había desarrollado en más de una veintena de papers en congresos desde los años 2008 al 2012, con viajes a varias capitales de España. ¿Qué hacer entonces? El método se convirtió en obsesión. El tema fue modificado varias veces, pero lo decido unos años después, algo relacionado con las redes sociales y el periodismo. ¡A por la innovación! Ahora bien, ¿y el diseño de investigación y los capítulos? ¿Cómo rellenar los folios en blanco? Desconocía el cómo pero estaba dispuesta a arriesgarlo todo otra vez. El apoyo de mi familia, mi dinero ahorrado durante años y la ayuda de amigos incondicionales, los viejos y los nuevos que fueron naciendo en América, claves en la distancia.

 

El regreso a España

 

Nuevo objetivo: permanecer en Estados Unidos el máximo tiempo posible para aprender metodología norteamericana. Cuando estoy encauzada, cuando comienzo a soñar en inglés, cuando consigo la anhelada integración en la UT, en un nuevo país y con nuevos proyectos, surgen problemas con el visado… Algo que todavía no he llegado a entender del todo. Aunque intento solventarlo con varios meses de antelación, se agota el tiempo, llamo a diferentes puertas que cuando parecen abrirse, se cierran. El esfuerzo es máximo y el resultado, nefasto. Lo decía Lennon, la vida es todo aquello que sucede mientras intentas planificar lo contrario. Regreso a España en plena crisis económica, con pocas perspectivas de seguir aprendiendo todas las posibilidades que brindaba Austin, dentro de una de las mejores universidades del mundo para aprender a investigar. Imposible no sentirse exhausta cuando la entrega fue absoluta. La frustración se acumula.

 

Depresión. En primer lugar, por sentir una conexión especial con Austin, una de las mejores ciudades de Estados Unidos para comenzar una vida nueva, en segundo lugar, porque dejo de identificarme con muchos de los postulados de España, entre ellos, la negatividad generalizada, la corrupción política y el cainismo mediático continuo. España, sumergida en una profunda depresión, me hunde a mí con ella mientras pierdo una América especial llamada Austin, fuente de luz y de energía positiva. 

 

En dos meses he de tomar una decisión. ¿Regresar a Estados Unidos con un visado de turista o permanecer en España para terminar con el novio-tesis? Decido lo segundo, en contra de lo que mi alma ansiaba. Uso la razón en lugar del corazón, aguantando el dolor. No hay lágrimas, solo deporte y escritura. Abandono mi vida austinita, los sueños americanos, preparo un calendario de trabajo, que se prolonga seis meses más de lo previsto. Investigar es como la buena cocina, no hay que tener prisas. Este blog, la válvula de escape donde enterrar el paraíso perdido con poesías, con lecturas y con intelectualidad. Más de 9 meses después, corto con este novio llamado tesis. Es 31 de mayo y se estrena la Feria del Libro de Madrid en el Retiro. ¡Un placer para un viernes por la tarde!

 

Encuentros inesperados: Marcos Ana y Bernabé Tierno

 

Allí, por casualidad, en una de las múltiples casetas, me choco con un hombre que me pregunta: ‘¿No conoces a Marcos Ana?’ Mi respuesta: ‘No‘. ‘¿No conoces su vida?‘, me insiste el desconocido, ‘ha vivido durante 23 años ininterrumpidos en la cárcel‘. Dejo al desconocido con la palabra en la boca y me dirijo directamente a Marcos Ana, un hombre mayor que tiene un brillo especial en la mirada que me ofrece una sonrisa serena, entonces le digo con franqueza: ‘Perdóneme, no sé quién es, podría contarme su vida’… ¡Gran ejemplo de vida, amante de la poesía!

 

Conversamos un ratito, nos hacen una foto, me dedica su libro y me entrega un bellísimo poema. Desde luego, este encuentro, un 31 de mayo, no ha sido fortuito. Minutos después, otro encuentro, que tampoco estaba previsto. En la caseta 170 charlo durante media hora con un autor al que siempre admiré, Bernabé Tierno, que lanza píldoras de alegría, me hace reír, me agarra de las manos y me pide que me convierta en una de sus primeras karatecas mentales. ¡Genio y figura! ¿También fruto de la casualidad? ¡Uno de mis autores preferidos a los 20 años! Vitalidad y optimismo a raudales. Le prefiero a Enrique Rojas, se lo digo, sin ánimo de ofender a nadie.

 

Salgo del Retiro con dos libros y con este poema en forma de marcapáginas, es de Marcos Ana pero llega a lo más profundo de mi alma, me enseña que ya he sido depositaria de mi libertad y le siento muy cerca. Marcos Ana es una especie de Víktor Frankl que padeció las consecuencias directas de la gran herida de España en el siglo XX. 

 

¡Gracias Marcos por tu poesía, por tu canto a la vida y a los sueños!

 

Si salgo un día a la vida

mi casa no tendrá llaves;

siempre abierta, como el mar,

el sol y el aire.

 

Que entren la noche y el día,

y la lluvia azul, la tarde,

el rojo pan de la aurora:

la luna mi dulce amante.

 

Que la amistad no detenga

sus pasos en mis umbrales, 

ni la golondrina el vuelo,

ni el amor sus labios. Nadie.

 

Mi casa y mi corazón

nunca cerrados: que pasen

los pájaros, los amigos,

el sol y el aire.

Fátima Margu nace en la antigua Emérita Augusta (Mérida, Extremadura) un caluroso verano de 1981. Ha trabajado como profesora de Universidad, periodista e investigadora. Aficionada a Internet y eterna alumna con una única vocación: cuestionarse qué está pasando para procurar llegar a la Verdad de las cosas. Alma viajera, siempre con la intención de hacer extraordinario aquello que para muchos pasaría desapercibido porque no se pararon a observar la belleza o el trasfondo que una instantánea puede condensar.