Brujos

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Es normal que los pseudocomunistas no consideren al gobierno comunista cubano una dictadura. El pseudocomunismo español se conmueve con las palabras, pero no reconoce los hechos. El pseudocomunismo español habla de pseudoideales sin traspasar nunca la frontera por donde estos se despeñan. El pseudocomunismo español practica la pseudonostalgia de una ideología que no conoce (¿quién podría conocerla, sin ser esencialmente malvado, y hablar así de ella como el ministro Garzón?) y que se niega a conocer por principios irracionales. Sin esta negación no hay camino para el pseudocomunismo. Vivir como pseudocomunista es negarse a sí mismo tonta, pero felizmente. No hay más que verle el gesto y el puesto, otra vez, al ministro Garzón, que entre hacer nada y escribir en Twitter algún sesudo dislate para su público, también publica fotos cocinando en su cómodo hogar occidental con una sudadera de la República ¡Democrática! Alemana. Ser pseudocomunista es vivir en democracia y cantarle a Fidel Castro mientras progresas gracias al sistema político del que abominó el mismo Fidel Castro. ¿Es posible tener la cara más dura? Sí, siempre es posible más de todo. De tener la cara más dura y de encontrar justificaciones como escaleras para seguir subiendo en la ya nutrida pirámide política de los pseudocomunistas, que callan ante la ruina lejana que les conturba su romanticismo tarado y despotrican de la “prosperidad” del sistema en que ellos prosperan, y que parecen querer abolir sin querer terminar nunca, no faltaría más, de hacerlo. 

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