Brujulear

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1.

 

Cuando uno brujulea y se da a mirar (no a observar o contemplar), la magnificencia del mundo se (le) rebela y se (nos) desvelan las fricciones: aparece la irrealidad más verdadera.

Es lo que descubro en estos días últimos; aunque ya lo sabía (pero se me había olvidado).

Y otra cosa que también creía saber -pero que desdeñé- es la terrible inanidad de ciertos preceptos, la estulticia de aquellos que ni empujan ni cuestionan, sino que fluyen o se dejan llevar por las costumbres y que no es que hagan nulo ruido, sino que solo se manifiestan en coro, al cantar de los vaivenes del interés.

 

2.

 

Brujuleando se le vuelve a uno el corazón artístico y la mente mágica, creadora y poderosa.

 

3.

 

Cuando uno brujulea y no se deja enredar por las turbulencias del horario y las pautas, surgen estruendosos antiguos rumores de la infancia y la vocación. En un puño cerrado, cual piedrecita de la suerte, los rayos multicolor surgen esplendorosos a buscarle a uno los carrillos.

Brujulear es como hacer columnismo con los pies, desencantarse de la certeza para anidar en lo inaprehensible. Dejarse -por un ratito- confundir por el magma verbenero del mediodía burlón.

 

4.

 

Brujulear es salir atónito de un bar de la calle Urgell a ese mediodía guasón y encontrarte a ti, tu porte rubensiano y tus maneras de millonaria desacomplejada, y escucharte que te acabas de comprar un piso en la calle más cara de Barcelona, que lo estás reformando y que pronto podrás instalarte. Y acordarme de las vistas de tu otro piso, justo enfrente del nuevo (¡qué suerte!, dices), a esa pulcra calle aristocrática. Pensar en un sórdido aburrimiento y bostezar, sin contestar apenas nada. Solo boqueando, por así decir, con el vaivén de unos hombros inconformes. Los hombros a los que empuja un corazón lleno de rumba y crimen.

 

5.

 

Brujulear es, en fin de cuentas, darse cuenta de que valen más cien briosos pájaros que vuelan en el ocio de un cielo límpido, que todas esas bolsas de plumas grises que quieren los mercaderes embutirle a uno en el bolsillo del gabán, exigiendo a cambio… ya saben vds. lo que exigen a cambio.

 

6.

 

Brujulear es, pues, hacerle un quiebro al destino y asentir al desorden.

Con una sonrisa; siempre con una sonrisa.

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