Business Scott

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Que Ridley Scott convoque a los internautas de todo el mundo a subir a youtube una secuencia de amor o de miedo el próximo 24 de julio, evidencia un signo más de la tendencia ultra-contemporánea de los tiempos y su furor adhesivo.

 

La compulsión por el instante hecho de instantes, que ha traído consigo lo ubicuo y simultáneo de las sociedades de la información, impacta sobre todo en las narrativas conexas. La tendencia de trasladar la producción de contenidos mediáticos y trans-mediáticos desde el know-how profesional de siempre hacia el amateurismo de los propios consumidores de los últimos tiempos, alcanza techo con el experimento de Ridley Scott bajo el film Un día en la vida, co dirigido por Kevin MacDonald.

 

El largometraje documental será estrenado en el próximo Festival Sundance de enero de 2011. La tesis del experimento es mostrar cómo es la vida en el mundo el 24 de julio de 2010. Una veintena de videos de amor o de miedo será seleccionada
entre todos aquellos que se reciban el próximo día 24. Queda claro que el proyecto evoca lo mismo el Bloomsday surgido a partir de la novela Ulises de James Joyce (y que se celebra
cada 16 de junio en Dublín desde más de medio siglo atrás), que la célebre canción de The Beatles “A Day in the Life”. Así como tuvo ya su antecedente español con Universos de José Corbacho y Juan Cruz.

 

Desde tiempo atrás la familia Scott (encabezada por Ridley y Tony, pero que incluye ya a Jordan, hija del primero) se ha interesado en sondear historias ultra-contemporáneas vía Internet con vistas a relaborar posteriores narrativas fílmicas.

 

Como ejemplo está el proyecto Purefold de Luke Scott, hijo también de Ridley, cuya idea básica consiste en aproximarse al loop de retroalimentación entre contadores de historias y su posible audiencia mediante el acto de sembrar en la red ingredientes narrativos para atraer los intereses de comunidades on line. El proyecto monitorea y agrega charlas sobre el contenido diseminado. Con esto se espera que las historias sean moldeadas por la audiencia, o por lo menos las tramas y subtramas a ser explotadas por los directores. El resultado serán realizaciones patrocinadas por algunas marcas.

 

Si el trasfondo comercial en el proyecto Purefold es obvio se muestra menos evidente que éste encubre el debate en marcha sobre
el valor de la creatividad intelectual y sus derechos. Las macro-empresas trans-mediáticas
se han enriquecido a costa de los propios consumidores, que creen que los dones de Internet son gratuitos e incluso colaboran con sus propios productos a generar contenidos que a su vez permiten ampliar el mercado y el negocio en manos monopólicas.

 

Un ángulo capcioso del tema se encuentra en la defección de la creatividad individual para cederla al diseño impersonal de las técnicas mercadológicas. Si antes la vanguardia creativa se explicaba por su capacidad personal de ir a
contracorriente o en rumbo tangencial del mercado y el mainstream mercantil, proyectos como los de la familia Scott muestran que la mejor creatividad hacia el futuro podrá ser la de tipo colectivista y dependiente de los grandes intereses del capital y del mercado.

 

Provenientes del medio publicitario y del cine de Hollywood, los Scott (que implican en sí varias marcas, ya sea como cineastas o como productores) representan una dinastía a través de la que se revela el estado de cosas en la narrativa fílmica
ultra-contemporánea. Y si sus nuevos proyectos y producciones rinden tributo al rumbo monopólico e hiper-mercantil, donde su propia creatividad declina ante el Gusto Global, ya que invierte los términos de una dinámica que antes era contraria (es decir, de ellos hacia la gente), el hecho implica un cambio trascendental de la forma en que los poderes trans-mediáticos desean que
funcione la imaginación de los creadores y del propio público.

 

Nadie podría dudarlo: la familia Scott son vanguardistas al pie de la letra.

 

 

 

http://www.youtube.com/lifeinaday

 

http://www.youtube.com/watch?v=rdS_pgDLGXA

 

http://www.ag8.com/purefold/

Sergio González Rodríguez (Ciudad de México). Estudió Letras Modernas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es narrador y ensayista. Ha sido músico de rock, editor de libros y suplementos culturales y profesor en estudios de postgrado. Desde 1993 es consejero editorial y columnista del diario Reforma y del suplemento cultural El Angel. En 1992 fue Premio Anagrama de Ensayo (finalista ex aequo) en Barcelona, España, con la obra El centauro en el paisaje, y en 1995 recibió el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez. Dos veces ha sido becario de la Fundación Rockefeller. Autor de diversos libros, en 2002 publicó su relato sobre violencia, narcotráfico y asesinatos contra mujeres en la frontera de México y Estados Unidos titulado Huesos en el desierto, que fue finalista del Premio Internacional de Reportaje Literario Lettre/Ulysses 2003 en Alemania, obra que se ha traducido al italiano y al francés. En 2004 publicó la nouvelle El plan Schreber, en 2005 una novela titulada La pandilla cósmica y en 2006 su ensayo narrativo De sangre y de sol. En 2008 publicó su novela El vuelo y en 2009 su crónica-ensayo sobre decapitaciones y usos rituales de la violencia El hombre sin cabeza, ya traducida al francés. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México.