Calderón canta en el Prado

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El pasado 10 de enero pudo verse la última de las cuatro representaciones de Darlo todo y no dar nada, de Calderón de la Barca, programada para realzar la Exposición “Velázquez y la familia de Felipe IV”. La recepción del público ha sido tan buena, que se está estudiando prorrogarlo.

 

Campaspe por Apeles. Venus Anadiómena. Pintura mural de Pompeya.


Darlo todo y no dar nada. De Pedro Calderón de la Barca. Versión y Dirección: Nuria Alkorta. Música: Isaac M. Pulet. Escenografía: José Luis Raymond. Reparto: Sonia de la Antonia, José Rubio, Laura Cabrera, Muriel Sánchez, Alex Larumbe, German Scasso. Madrid. Auditorio del Museo del Prado. 10-1-2014.

 

 

Calderón escribía teatro en verso. Además de ritmar palabras con concetos, escribía música en sus textos. Su mayor talento lo mostró en el drama, aunque escribió numerosas comedias de capa y espada –para los corrales- y no desmerecer ante la facilidad con el género, que demostró siempre su rival y –en cierto sentido- maestro Lope de Vega. Su trabajo para los teatros de la Corte le obligó repetidamente a curtirse en las lides del comediógrafo, cuando en realidad él se encontraba más cercano al espíritu de sus contundentes Autos Sacramentales.

 

Para entretener a una Corte no muy dada a recibir en sus deliciosos teatros, las durezas, sermones y amonestaciones que ya recibían en las iglesias, Calderón encontró todo un filón en la mitología clásica, tan plagada siempre de amores, galanterías y sensualidades varias; entre ellas la música, un ingrediente que –por otra parte- nunca había estado ausente de las fiestas de palacio. Las comedias de Calderón se fueron poblando de canciones entre los parlamentos, hasta desembocar en un teatro cada vez más cantado, que dio origen a la zarzuela.

 

El estreno de la comedia de Calderón Darlo todo y no dar nada, en el auditorio del Museo del Prado, con motivo de la Exposición de “Velázquez y la familia de Felipe IV”, viene a ser una ilustración perfecta de cómo se produjo este sutil tránsito del teatro hablado al teatro lírico. El rigor y el entusiasmo con que la Compañía delabarca ha afrontado esta puesta en escena de Calderón, han dado lugar a un delicioso y envolvente espectáculo, ejemplar, a la hora de demostrar cuan vivo y cuan sabio puede llegar a ser el teatro clásico español, hecho con amor y una fe absoluta en los tesoros que encierra.

 

 

Los personajes de la comedia de Calderón, Darlo todo y no dar nada son nada menos que Alejandro Magno, la Infanta persa Estatira (hija del vencido rey Darío), el filósofo ateniense Diógenes, y el más conocido de los pintores griegos, Apeles, quien se enamoró de Campaspe, mientras la retrataba desnuda por encargo de su amante –el gran Alejandro- quien terminaría cediéndosela al pintor como esposa. A pesar de que la peripecia transcurriera en el S. IV a. C., Calderón retrata en esta obra al rey Felipe IV en Alejandro, y a su pintor de cámara Diego de Silva y Velázquez en  Apeles. ¿Se retrataría Calderón a sí mismo en el empecinado, testarudo y sabio Diógenes, único antagonista real de Alejandro en esta brillante comedia?

 

Aunque las relaciones importantes que al autor le interesa explorar en este episodio histórico están más centradas en las figuras del rey, su pintor de cámara y el transgresor filósofo mendigo, que predica humildad al arrogante monarca; las mujeres que retrata Calderón en la comedia no son un simple pretexto para las diversiones sensuales y amatorias de los hombres. Las mujeres  de Calderón tampoco son hombrunas –como alguna vez se ha escrito- sino que podrían tildarse de mujeres modernas, poderosas, guerreras y que aspiran a ser dueñas de sus vidas. El mismo título de la presente obra corresponde al último verso de Campaspe, quien cierra la obra dejando en manos de ellas la llave final del amor: sólo el consentimiento de la mujer permitirá que el amor florezca.

 

La Compañía delabarca en un momento de la representación

 

La directora Nuria Alkorta demuestra una acertada comprensión de la comedia de Calderón, logrando un espectáculo feliz en numerosos sentidos. Sus intérpretes, además de dominar la técnica de la versificación, logran transmitir la vida que late no sólo bajo esos versos, sino bajo el peso de todos los cultismos de los que se vale el dramaturgo madrileño, a la hora de hacer que los personajes expresen sus sentimientos. Todo el artificio verbal de Calderón no deja de rezumar vida en las voces y los cuerpos de estos jóvenes intérpretes, que logran hacer vibrar al público ante una propuesta tan inusual como poco frecuente.

 

Si la música y los parlamentos cantados son uno de los grandes responsables de la vitalidad que desprende este espectáculo, no lo es menos el sentido del humor que respira la dirección de la obra, planteada como un ensayo general de la comedia calderoniana. Lo que da lugar a toda una serie de guiños metateatrales, como ver a los intérpretes cambiarse de ropas tras unos burros de perchas, donde cuelga el vestuario; o los anacronismos del mismo, combinando prendas clásicas con vestimentas actuales, o rodeando a Alejandro con agentes de seguridad actuales.

A pesar de las limitaciones espaciales del escenario, Nuria Alkorta ha conseguido una representación dinámica y expresiva, en la que sus actores y actrices han podido sacar a relucir todos sus talentos interpretativos, incluidos los vocales. Su aplomo y soltura a la hora de transmitirle vida al verso, así como sus logradas intervenciones canoras (en las que sobresale Muriel Sánchez) consiguen envolver al espectador en una agradable magia teatral, poco frecuente sobre los escenarios. Sonia de la Antonia, José Rubio, Laura Cabrera, Alex Larumbe y German Scasso son los otros responsables de esta chispeante fiesta escénica.

 

Sería deseable y fecundo que volviera a representarse Darlo todo y no dar nada en escenarios específicamente teatrales, pues las lecciones y los regalos que encierra este refrescante espectáculo, es lo que en tantos patios de butacas está deseando ver el respetable: “Teatro del Arte”, ése que no sólo está bien realizado, sino que además alecciona, a la par que entretiene. Buena prueba de ello la dio el público al final de la representación, con la larga y sentida ovación que brindó a los jóvenes intérpretes y a su directora, quienes tuvieron que salir a saludar repetidamente, ante la incesante lluvia de aplausos.

 

Juan Antonio VIZCAÍNO

 

Foto compañía delabarca: Ana Dalmás. El País, 23 de octubre, 2013