Calexico, Iron & Wine y bicicletas en invierno

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Llegué al Southbank Centre después de haber atravesado la ciudad en tiempo récord. Cogí la bicicleta en Hackney Road, después de un pastel de nata y una cerveza Super Bock en el Portuguese Love Affair Cafe. Recorrí Kingsland Road en dirección al sur y pronto estaba en la City. Había mucho tráfico y no había carril de bici. Me arrepentí un poco de no tener carnet de conducir; si lo tuviera, pensé, no me pondría tan nervioso ir en bicicleta por calles muy transitadas. Mi experiencia como ciclista urbanita se limita casi exclusivamente a Copenhague, una ciudad casi más pensada para los ciclistas que para los vehículos. En Copenhague me encantaba escuchar música mientras pedaleaba pero en Londres es demasiado peligroso. Aquellos días, según mi lista de Spotify, sonaban canciones como “We Come from the Same Place” de Allo Darlin’ o “I’ll be on the Water” the Akron/Family.

Logré superar la parte más difícil y una vez atravesé la zona del Barbican el trayecto fue menos desafiante. Crucé el puente el puente de Blackfriars y volví a sentirme pequeño en la inmensidad de la ciudad: el Tate Modern al este, el edificio de JP Morgan al oeste y una torre de apartamentos de lujo frente a mí. A la derecha se podía ver también el puente de Waterloo, que crucé todas las mañanas durante un año en el autobús 188 cuando iba de la residencia a la universidad. Me acordé de la primera vez que fui al Southbank Centre con J, B y N. Fuimos a un concierto de órgano con descuento de estudiante y estábamos sentados en la zona más alejada del escenario.

Aparqué la bicicleta junto a los puestos de comida. Mis amigos me estaban esperando porque las entradas había que recogerlas a mi nombre. La telonera era irlandesa y se llamaba Lina O´Neill. Cantó una canción muy bonita sobre Violet Gibson, la mujer irlandesa que intentó asesinar a Benito Mussolini, y otra al banjo titulada “Rock the Machine”.

Catorce años después de su primera colaboración, Calexico y Iron & Wine presentaban esa noche su segundo álbum conjunto. Lo mejor del concierto fueron los paisajes sonoros que era capaz de dibujar Joey Burns a la guitarra. Sonaron casi todas mis favoritas, como “Follow the Water”, “Years to Burn” o “History of Lovers”, además de una canción maravillosa de Lucinda Williams titulada “I Lost It”. Pero la más especial fue “16, Maybe Less”, en la que el narrador sueña con su amor de adolescencia e imagina cómo podría haber sido la vida a su lado. En el estribillo cuenta que su hermano la ha visto esperándole en el pueblo el día de Navidad. Pero los dos están casados y seguramente ya sea demasiado tarde.

 

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