Cambio de sentido

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Como si no tuviéramos que quedarnos solos toda la noche en el hospital de campaña de este tiempo en el que no vemos qué nos está pasando y por qué. Gracias a las temporadas que pasé en África no soy peor.

 

 

Como si fuera endemoniadamente fácil

desasirse

desasirse y no gritar

desasirse y no correr

desasirse y no renegar

de nuestra condición.

 

Yo creía

es decir quería pensar que se podía

ser fiel

a los hechos

con todas las consecuencias

y pelear por la verdad

en medio de verdaderos aguaceros

de prejuicios

que la verdad prevalecería

porque para eso

estamos aquí.

 

Ahora es otra vez la noche

cálida

tenebrosa

fría como un cuchillo de sierra en un hospital desabastecido

y los que quisieron partirle la cabeza a los policías

y los que están casados con policías

o son hijos o hermanos o padres de policías

se han ido cada uno a su casa

y en el hospital

y en las casas desahuciadas

quedan los restos del desastre

contemporáneo.

 

Cuando era niño

soñé con ser policía

no para golpear a los pobres

sino para descifrar crímenes

proteger a los indefensos

llevar a los asesinos ante el juez

contribuir a que el mundo

fuera menos sucio.

 

Cuando dejé de ser niño

empecé a denostar a los policías

a verlos como cómplices de los que mandan

incluso cuando los mataban a sangre fría

aquellos terroristas de ETA

que

me avergüenza todavía reconocerlo

gozaban en cierto modo

de nuestras simpatías

porque también

estaban contra la dictadura.

 

Hasta que empecé a darme cuenta

de mi error

de que también era preciso

ponerse en su lugar

que ser policía no equivale

a perpetuar un sistema inicuo

que se puede ser policía

y compartir los mismos valores

de los que luchan

contra los banqueros sin escrúpulos

los que comercian con carne humana

los que mienten a sabiendas.

 

Hasta que empecé a darme cuenta

de que

tras la máscara de los justos

muchos ocultan miserias muy hondas

y son capaces

de gritarle a un enfermero

a un médico

“dejadles morir”

o de ensañarse

con el que está a su merced

cuando los justos

se convierten en jauría

y justifican

lo injustificable.

 

Como si no fuera

endemoniadamente difícil

desasirse

desasirse y callar

desasirse y correr

desasirse y renegar

de nuestra condición.

 

Como si no tuviéramos

que quedarnos solos

toda la noche

en el hospital de campaña

de este tiempo

en el que no vemos

qué nos está pasando

y por qué.

 

Esa no es la dirección.

 

Gracias a las temporadas

que pasé en África

no soy peor.

 

 

 

Foto: Corina Arranz