Campo de guerra: Transhumanismo planetario

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En la era del tanshumanismo planetario nos encaminamos a la hegemonía creciente del dios bicéfalo de la técnica y el dinero como eje del mundo programable hacia el futuro a través de los aparatos. Epílogo del libro que acaba de publicar Anagrama

 

La era del transhumanismo planetario se caracteriza por la incorporación de los seres humanos como una parte del gran sistema tecnológico-militar que permitirá ir más allá de los límites convencionales, desde la biología hasta lo social, que la especie ha mantenido durante miles de años. El proyecto transhumanista está vinculado a la aspiración ya no de bienestar colectivo sino de supremacía de quienes lo encabezan, poseen y administran. Los riesgos están a la vista: cada vez más, los Estados-nación son incapaces de comprender la gran transformación encubierta en el modelo de control y vigilancia mediante la estrategia de desplazar la presencia de la persona (sujeto de derecho por antonomasia) para instalar la hegemonía creciente del dios bicéfalo de la técnica y el dinero como eje del mundo programable hacia el futuro a través de los aparatos. [i]

 

En la actualidad y hacia el porvenir, las personas estarán cada vez más sujetas a un régimen de control y vigilancia debido al modelo de civilización que se ha impuesto en el planeta desde la última década del siglo XX. Este modelo configura el tipo de ciudadano bajo un orden emergente que une el ultraliberalismo, la economía globalizada, la democracia formal o procedimental, las prácticas corporativas que trascienden a los Estados-nación, las telecomunicaciones y la revolución de los asuntos militares en cuya base se encuentran los avances tecnológicos.

 

El modelo incluye no sólo el dominio militar a través del comando unificado por Estados Unidos en operaciones multinacionales,[ii] sino la búsqueda de un marco normativo común para la política, la economía, la seguridad y el medio ambiente que actuaría por vía de diversas instituciones internacionales. La lógica de un solo mundo que converge en prioridades ambientales, económicas, tecnológicas y de consumo como utopía aquí y ahora para todos a partir de normas comunes: ciencia, razonamiento lógico, economía de libre mercado, individualización, contrato social que vincule responsabilidades de gobernantes y gobernados y multilateralismo. Normas que se autovalidan como dogmas de fe laica.[iii] El “nuevo orden mundial”: gobierno y cultura unánimes a cargo de élites militares, corporativas, financieras supranacionales y su prole de burócratas y sirvientes que defienden el mito del crecimiento incesante de la economía como panacea universal, el exterminio de los recursos naturales y energéticos, la explotación de las personas por el trabajo y el ocio, el ataque a la soberanía de los Estados-nación, etcétera.

 

Para conseguir un mundo único, es preciso el modelo de control y vigilancia de la gente mediante cámaras, redes y centrales específicas que se despliegan en una multidimensionalidad que abarca cinco espacios interconectados: 1) el espacio privado (hogar o vivienda); 2) el espacio comunitario (barrio, vecindario, templos, clubes, gimnasios, parques); 3) el espacio público (calles, avenidas, plazas, lugares edilicios, de ocio o esparcimiento, deportivos, foros, teatros, comercios, estaciones de transporte, aeropuertos, oficinas burocráticas, puestos policiales); 4) el espacio de trabajo (plantas industriales, oficinas, fábricas); 5) el espacio personal (trayectos terrestres, marítimos, aéreos, estancias, reposo: la disponibilidad de tiempo completo frente a los sistemas de posición global a través de dispositivos electrónicos de índole portátil). El ideal del panóptico que aspira a ver todo ha mutado hacia el oligóptico: que logra ver mejor.[iv]

 

El horizonte del ciudadano cosmopolita y su vivencia simultánea de “identidades y lealtades contradictorias”[v] sería avasallado por el ciudadano conectado como una unidad o singularidad más dentro del “sistema de sistemas” o redes ultracontemporáneas.[vi] Se alega que las aplicaciones del control y la vigilancia ostentan una neutralidad que está disponible al poder económico o político y a cualquier persona. Para justificarse, tal alegato debe soslayar el origen, las funciones y los usos de las telecomunicaciones, en particular el papel central de la perspectiva militar sobre la vida civil en el modelo emergente de orden global. Resulta interesante comparar el espionaje estadounidense a partir de programas de intercepción comunicativa como Prism o XKeyscore, imitado por otros países.[vii]

 

En 2012, el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos publicó un informe sobre las tendencias globales para el año 2030.[viii] Este consejo es un órgano administrativo que depende del presidente estadounidense y se ocupa de la política exterior y la seguridad nacional, y congrega al vicepresidente, a los secretarios de Estado y Defensa y al propio consejero de Seguridad Nacional. La prospección afirma considerar tanto la continuidad de lo existente como el surgimiento de nuevas posibilidades en el ámbito planetario. Al hacerlo, prevé y modela el futuro a partir de los factores actuales y ofrece los resultados desde sus intereses, capacidades y directivas hacia un medio plazo.

 

Ese informe, realizado por académicos estadounidenses con la participación de expertos de todos los países del mundo, expone una “estructura” para pensar el futuro. Su método consiste en distinguir entre “megatendencias”, aquellos factores que es probable que ocurran bajo cualquier escenario, y “cambiantes del juego”, variables críticas que parecen más o menos ciertas. Asimismo, la diversidad y complejidad de los factores emergentes demandan atender escenarios o mundos alternativos que podrán encararse en algún momento. Las megatendencias son cuatro: a) fortalecimiento individual o de pequeños grupos (debido a reducción de la pobreza, crecimiento de la clase media global, logros educativos, amplitud de las nuevas comunicaciones y productos tecnológicos, avances de salud pública); b) difusión del poder hegemónico, por lo que emergerán redes y coaliciones en un mundo multipolar; c) patrones demográficos (el arco inestable de la demografía se estrechará y el crecimiento económico decrecerá en países envejecidos, un proceso ya en marcha en México y en España, por ejemplo, y habrá un 60 % de la población en polos urbanos, además del incremento migratorio); d) comida, agua y nexos de energía (urgencia de tales recursos que serán sujetos a la dinámica comercial de oferta-demanda).

 

El informe citado expresa que los cambiantes del juego son seis: a) proclividad a la crisis económica de alcance global (volatilidad, desbalances, diferencias que podrían ocasionar un colapso o bien, debido a la polaridad múltiple, provocar una mayor flexibilidad); b) vacío de gobernanza (el trance entre la adaptabilidad al cambio y la dificultad de salir adelante); c) potencial de incremento de conflictos (cambios y desplazamientos veloces hacen crecer las pugnas dentro y fuera de los Estados); d) mayor amplitud de la inestabilidad regional (por ejemplo en Medio Oriente y el sur de Asia) que podría acentuar la inseguridad global; e) impacto de nuevas tecnologías; f) papel de Estados Unidos (su hegemonía deberá trabajar con nuevos compañeros y reinventar el sistema internacional).

 

En cuanto a los mundos potenciales, el informe contempla cuatro factores: a) mecanismos averiados (en el orden global, Estados Unidos jugará un papel decisivo); b) fusión (podrá haber tareas conjuntas de cooperación global, por ejemplo Estados Unidos y China); c) genios fuera de la botella (producidos por las desigualdades de los países, que aumentan las tensiones sociales; por lo demás, y sin desligarse por completo, “Estados Unidos ya no será más el policía global”); d) un mundo no-estatal (conducidos por las nuevas tecnologías, actores no-estatales tomarán el liderazgo de las confrontaciones globales).

 

 

 

 

 

Este texto es el epílogo del libro Campo de guerra, con el que el autor ganó la última edición del premio Anagrama de ensayo, y acaba de ser publicado por la editorial Anagrama.

 

 

 

 

Sergio González Rodríguez (Ciudad de México, 1950), Premio Casa Amèrica Catalunya a la Libertad de Expresión en Iberoamérica 2013, entre otros galardones, como el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, completa con Campo de guerra su trilogía dedicada al estudio de fenómenos extremos de las sociedades actuales, que empezó con el escalofriante reportaje sobre las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez que realizó en Huesos en el desierto (2002), al que siguió su interpretación acerca de las decapitaciones y usos rituales de la violencia por parte de grupos criminales en El hombre sin cabeza (2009), obras publicadas ambas por Anagrama y traducidas a varios idiomas. En FronteraD mantiene el blog Multiverso

 

 

 

Notas


 

[1]    Sobre el origen del término, Julian Huxley, “Transhumanism”, New Bottles of New Wine, Londres, Chatto & Windus, 1957, pp. 13-17: http://www.transhumanism.org/index.php/WTA/more/huxley/; para una postura ultracontemporánea del tema: Ray Kurzweil, The Singularity Is Near: When Humans Transcend Biology, Nueva York, Penguin, 2006, 672 pp. Medio siglo atrás, el filósofo Günter Anders describió una amenaza ahora cumplida: “El triunfo del mundo de los aparatos consiste en que ha eliminado la distinción entre estructuras técnicas y sociales y ha dejado sin objeto la distinción entre ambas. El buen funcionamiento de los macroaparatos es la condición del funcionamiento de los microaparatos, que, vistos desde la perspectiva de los macroaparatos, quedan reducidos al papel de meras piezas de un gran aparato. De la misma manera, cada macroaparato, en la medida en que quiera funcionar y hacerlo bien, tiene que coordinarse a su vez con otros, al final incluso con todos los demás macroaparatos. Por fantástica que pueda sonar esta consecuencia, con esto se afirma que los aparatos tienen como meta fundamental una situación ideal en la que sólo existe un aparato único y continuo, o sea, El Aparato: ese aparato, que ‘incorpora y sintetiza’ en sí todos los aparatos y alrededor del que todo funciona. De esta manera, surge uno de los conceptos clave de esta reflexión, pues de hecho el actual mundo de aparatos sólo se puede comprender ex futuro, a partir de esa idea final que es inherente: aparatos = mundo”. Véase Günter Anders, La obsolescencia del hombre, vol. II, Valencia, Pre-Textos, 2011, p. 115. Agamben afirma que quizás no sería errado definir la fase extrema del desarrollo capitalista que se vive ahora como una gigantesca acumulación y proliferación de dispositivos, y aunque desde que apareció elhomo sapiens hubo dispositivos, podría decirse que hoy no hay un solo instante en la vida de los individuos que no esté modelado, contaminado o controlado por algún dispositivo: Giorgio Agamben Che cos’è un dispositivo?, Roma, Nottetempo, 2006, 35 pp.

 

[2]    Sobre el Comando de Combate Unificado (Unified Combatant Command) del Departamento de Defensa de Estados Unidos distribuido en todas las regiones geográficas: http://en.wikipedia.org/wiki/Unified_Combatant_Command.

 

[3]    Francis Fukuyama, América en la encrucijada. Democracia, poder y herencia neoconservadora, Barcelona, Ediciones B, 2007, p. 170 y ss. Kishore Mahbubani, The Great Convergence: Asia, The West, and the Logic of One World, Nueva York, PublicAffairs, 2013, 328 pp.; Nathan Gardels, “La lógica de un solo mundo”, El País, 17 de enero de 2013.

 

[4]    Bruno Latour, Re-ensamblar lo social. Una introducción a la teoría del actor-red, Buenos Aires, Manantial, 2008, p. 260.

 

[5]    Ulrich Beck, Poder y contrapoder en la era global, op. cit., p. 71.

 

[6]    Anthony Romano, Joint Vision 2010: Developing the System of Systems, EE. UU., Air Command and Staff College, Maxwell Air Force, 1998, 43 pp.

 

[7]    Sobre el origen militar de Internet: Ronda Hauben, “From ARPANET to the Internet”, Nueva York, Columbia University, 1998, s.f.: http://www.columbia.edu/~rh120/other/tcpdigest_paper.txt; acerca del sistema Echelon de interceptación de comunicaciones: Parlamento Europeo, Informe sobre la existencia de un sistema mundial de interceptación de comunicaciones privadas y económicas (sistema de interceptación ECHELON) (2001/ 2098 (INI)), 2001, 204 pp.; un análisis detallado de los usos civiles y militares del control y la vigilancia está en Thomas Allmer, Towards a Critical Theory of Surveillance in Informational Capitalism, Frankfurt am Main, Peter Lang, Europaischer Verlag der Wissenschaften, 2012, 136 pp. Sobre el programa Prism de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos: Glenn Greenwald y Ewen MacAskill, “NSA Prism program taps in to user data of Apple, Google and others”, The Guardian, 7 de junio de 2013:http://www.guardian.co.uk/world/2013/jun/06/us-tech-giants-nsa-data. Una crítica al espionaje global está en Ulrich Beck, “El riesgo para la libertad”, El País, 30 de agosto de 2013, p. 21.

 

[8]    National Intelligence Council, Global Trends 2030: Alternative Worlds, Estados Unidos, NIC, 2012, 160 pp.

 

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Autor: Sergio González Rodríguez

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Sergio González
Sergio González Rodríguez (Ciudad de México). Estudió Letras Modernas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es narrador y ensayista. Ha sido músico de rock, editor de libros y suplementos culturales y profesor en estudios de postgrado. Desde 1993 es consejero editorial y columnista del diario Reforma y del suplemento cultural El Angel. En 1992 fue Premio Anagrama de Ensayo (finalista ex aequo) en Barcelona, España, con la obra El centauro en el paisaje, y en 1995 recibió el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez. Dos veces ha sido becario de la Fundación Rockefeller. Autor de diversos libros, en 2002 publicó su relato sobre violencia, narcotráfico y asesinatos contra mujeres en la frontera de México y Estados Unidos titulado Huesos en el desierto, que fue finalista del Premio Internacional de Reportaje Literario Lettre/Ulysses 2003 en Alemania, obra que se ha traducido al italiano y al francés. En 2004 publicó la nouvelle El plan Schreber, en 2005 una novela titulada La pandilla cósmica y en 2006 su ensayo narrativo De sangre y de sol. En 2008 publicó su novela El vuelo y en 2009 su crónica-ensayo sobre decapitaciones y usos rituales de la violencia El hombre sin cabeza, ya traducida al francés. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México.