Canciones albanesas

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Albania es uno de los países más misteriosos, complejos y por ende desconocidos de Europa. Al igual que sucede con griegos y alemanes, los albaneses no se reconocen en este exónimo que les dan las naciones europeas. El nombre de Albania procede de una raíz indoeuropea Alp- que hace referencia a una tierra montañesa; es la raíz que encontramos en “Alpes” (los dináricos, en los Balcanes, y los propiamente dichos) y en el nombre poético de Escocia: Alba, Albany, Albania, Albion. Pero desde hace siglos los albaneses llaman a su país Shqipëri o Shqipëria, nombre que significa “la tierra de las águilas”, el emblema de Albania desde los tiempos de su héroe nacional, Skanderbeg, pues el emblema de la familia Kastrioti era un águila bicéfala. Los albaneses se conocen a sí mismos como Shqiptarët. Pero no todos los albaneses viven en Albania. Ni muchísimo menos. También viven en Kosovo, en el sur de Montenegro y de Serbia, en el Norte de Macedonia del Norte, y como sedimento histórico de las diásporas medievales y la provocada por el diluvio otomano en el siglo XV existen comunidades de albaneses en Croacia, Grecia (Épiro, Morea, Él Atíca, en varias islas del Egeo, como Hydra) y al otro lado del mar Jónico, en Sicilia, Calabria y Apulia, donde son conocidos como Arbëreshë (albaneses). Grosso modo, los albaneses de la mitad septentrional de Albania, de Serbia, de Kosovo, de Montenegro y de Serbia hablan dialectos de la rama Gheg del albanés y los albaneses de la mitad meridional de Albania, de Grecia (arbërisht, arvanitiká en griego) y las comunidades de la diáspora italiana hablan dialectos de la rama Tosk del albanés. Para rizar el rizo de esta macedonia albanesa, la República de Albania alberga minorías griega al sur, macedonia al oeste, montenegrina al norte y arumana o vlaj en pequeños islotes por las zonas montañosas de todo el país.

 

¿Por qué pienso que este vademécum albanés es un camino alternativo? Porque Eva Fernández, la ideóloga de este viaje, cofundadora junto con María de Simón de Alternative ways, ha soñado toda su vida con llevar a cabo este viaje y para poner en marcha esta aventura profesional y personal no ha podido encontrar un destino más alternativo que Albania, un país prácticamente desconocido en España, prácticamente sin explorar por esa plaga moderna que llamamos turismo de masas, heredera bastarda del grand tour de los tiempos de Goethe, Shelley, Byron o las viajeras victorianas y eduardianas, que es el registro viajero en el que ella se mueve como pez en el agua. La biblioteca es una elocuente forma de autobiografía. La biblioteca de Eva Fernández en “Villa Aurora”, su casa de campo en las montañas santanderinas, se llama Albania, y además de los libros sobre este país, y de los viajeros que lo visitaron, tanto la biblioteca como la habitación contigua están ocupadas por mapas, cuadros, grabados y fotografías en blanco y negro de tema obsesiva, tanáticamente albanés: Yanitza (“Juanita”), la Juana de Arco albanesa, un grabado de la portada de la revista francesa Le petit journal que representa a Tringë Smajl Martini Ivezaj, adalid de la tribu Grudë de Malësia e Madhe, en el montañoso norte del país;  guerreros montañeses albaneses de la tribu Mirdita tendiendo una emboscada a sus enemigos montenegrinos; fotografías de las expediciones balcánicas de Milman Parry y Albert Lord en sus trabajos de campo para estudiar la dicción formular de los rapsodas analfabetos capaces de memorizar miles de versos en serbo-croata y albanés (estos últimos bilingües en ambas lenguas) en Bosnia, en el Sanjak de Novi Pazar, en la región Malësia e Madhe del Norte de Albania o en Kosovo. En fin, un gabinete balcánico a medio camino del Cetro de Ottokar y de las peregrinaciones del Childe Harold del gran Byron, cuya albanofilia también tiene su panteón sagrado en Villa Aurora, que, ya puestos, bien pudo haberse llamado “Villa Albania” o “Albania” a secas.

 

Eva Fernández y María de Simón han fundado Alternative Ways con el propósito de ofrecer a un público especial, muy especial, un modo diferente y apasionado de viajar. Por favor, que no se apunte en uno de sus viajes alguien a quien no le guste leer o le apasionen la historia, el arte o la literatura. Cada uno de las etapas, de las visitas, de los monumentos emblemáticos de este viaje está pensado y elegido de un modo minucioso. Este viaje es también un viaje de papel a través de la fascinante epopeya albanesa.

 

Se conoce muy fragmentariamente la protohistoria de Albania, mención hecha aparte de los impresionantes restos arqueológicos que dan fe de la presencia en sus costas de griegos y romanos. La llegada del cristianismo en el siglo II y del islam en el XIV-XV dejaron en Albania una impronta que ha llegado hasta nuestros días, algo a lo que paradójicamente contribuyó el régimen comunista de Enver Hoxha (1944-1985), pues a su muerte, a pesar de los intentos de romper con el pasado de Albania, amplias áreas del país, sobre todo las regiones montañosas, quedaron absolutamente ancladas en el pasado. A menudo, la influencia del estado comunista se plasmó exclusivamente en una visita para dinamitar el alminar de la mezquita de una aldea apartada. En la Albania de las montañas han llegado hasta el siglo XXI costumbres y modos de vida que se extinguieron a lo largo de los siglos XIX y XX en casi todos los países del Sur de Europa, como la besa o sacrosanta palabra de honor, o las deudas de sangre que desencadenaba su ruptura o incumplimiento; debido a la estructura patrilineal de los clanes albaneses (no importaba que fueran católicos, ortodoxos o musulmanes) y a las interminables venganzas provocadas por las deudas de sangre cuando un clan se veía abocado a su extinción por la falta de miembros varones, se designaba a una mujer para que jurase unos votos para ser a todos los efectos un hombre y poder ser el jefe del clan. Estas arcaicas costumbres están aún vivas en las áreas apartadas de Albania y son un rescoldo en pleno siglo XXI del kanun o corpus de leyes orales que organizaron hasta el último detalle las vidas de los albaneses, con un peso muy superior al de las leyes otomanas, al de la sharía o ley islámica o a los preceptos de las iglesias cristianas de Roma y Constantinopla.

 

Shqiptarët vdesin dhe besen nuk e shkelin

 

“los albaneses prefieren morir a romper su palabra de honor”

 

Otro detalle de la pervivencia de estas formas de vida arcaicas en Albania es que la épica oral de los rapsodas que estudiaron Milman Parry y Albert Lord, y más recientemente Robert Elsie, aunque en fase terminal, aún está viva, algo que no sucede con otras épicas orales como la de los eslavos del sur, profundamente emparentada en temas, motivos y estructura con los poemas de frontera albaneses, pero mucho mejor conocida en todo el mundo que la épica oral albanesa.

 

La línea Jireček es el límite que divide en los Balcanes la influencia del latín (al norte de la línea) y del griego (al sur de la línea), aunque grupos latinófonos como los arumanos, los meglenos y los cutzovlajs se encuentran de manera aislada al sur de dicha línea. Esa línea tuvo también influencia en la decantación entre cristiandad latina al norte y cristiandad griega al sur, y la consiguiente situación en el territorio albanés de tribus y clanes católicos al norte y greco-ortodoxos al sur, sobre todo en la zona del Épiro. La llegada de los otomanos alteró este esquema y hoy en día Albania es un país mayoritariamente musulmán con importante presencia de católicos en el norte y de greco-ortodoxos en el sur. El islam ha desempeñado en Albania –y desempeña, a pesar de la falta de fervor religioso- un importante papel en la configuración de la identidad albanesa. Como religión mayoritaria merced a las conversiones debido a las evidentes ventajas sociales que suponía convertirse al islam, o precisamente como reacción a la expansión del islam en tierras albanesas. El héroe nacional de Albania es Gjergj Kastrioti (1405-1468), conocido por los turcos como Iskender Beg (“el bey Alejandro”, Iskënderbej en albanés), un sobrenombre que recibió en Constantinopla, donde pasó veinte años como miembro de los jenízaros, el cuerpo de élite del imperio otomano que se reclutaba entre niños cristianos de la península balcánica a través del devşirme o “tributo de sangre”. Skanderbeg, como llegó a ser conocido en toda Europa, como súbdito leal del Sultán –y, naturalmente, converso al islam- escaló posiciones en la jerarquía del imperio otomano hasta que en 1444 desertó de sus filas y se puso al frente de la Liga de Lezhë, aunque no contó con el apoyo del norte de Albania controlado por los venecianos ni del sur, con muchos conversos al islam y un fuerte control otomano, sí logró que se uniesen a sus filas además de muchos clanes albaneses eslavos, vlajs y griegos. Skanderbeg siempre firmó sus documentos como Dominus Albaniae, “Señor de Albania” y llegaría a reconocer la soberanía de Alfonso V y del Reino de Nápoles sobre Albania en el Tratado de Gaeta. Por incluir otra anécdota albono-ibérica más, un siglo antes un infante de Navarra, don Luis de Evreux-Navarra, haciendo valer los derechos de su esposa Juana de Durazzo, una princesa de la Casa de Anjou, sobre el Reino de Albania, se embarcó en 1376 en la aventura de la Conquista de Albania, empeño que se vino abajo con su muerte y dejó a unas compañías de guerreros navarros campando por la región durante varias décadas al estilo de las mucho mejor conocidas compañías catalanas. Hay película de impecable financiación de la por entonces joven autonomía vasca. Bastante digna, la verdad sea dicha.

 

La epopeya de Skanderbeg, que es la epopeya del pueblo albanés y de su feroz amor por la independencia, no terminó con su muerte en 1468 a consecuencia de la malaria. Los otomanos conquistaron sus dominios y muchos de sus fieles se vieron obligados a encontrar refugio en el Reino de Nápoles, donde constituyeron la comunidad Arbëresh, que aún existe en nuestros días en el sur de Italia. El mayor legado de Skanderbeg fue la inspiración que dio a todos aquellos albaneses que vieron en él un símbolo del combate por la cristiandad en contra del Imperio otomano. Durante el renacimiento nacional albanés en el siglo XIX Skanderbeg se convirtió en un símbolo de la emergente conciencia nacional albanesa y de la afinidad cultural de los albaneses con Europa. Incluso los musulmanes albaneses lo consideran un defensor de la nación albanesa y un símbolo nacional. Los albaneses, también los de la diáspora, aún lloran su muerte y portan una prenda en su memoria conocida como “el abrigo de Skanderbeg”, una casaca con crespones negros.

 

El mito de Byron, como ya hemos dicho más arriba, tiene un importante avatar albanés. Lord Byron estuvo solo en una ocasión en Albania, pero aquella visita le dejó una profunda huella y son muy conocidos los retratos de Byron vestido à l’albanaise, con los vestidos y tocados que adquirió en el Épiro en 1809 cuando visitó en su corte de Tepelenë a otro personaje albanés fundamental en la mitología romántica, el pashá de Yanina, Ali Pashá.de Tebelen (1740-1822), el Bonaparte musulmán, un aventurero que se hizo con el control de prácticamente toda la parte europea del Imperio otomano.

 

 Land of Albania! where Iskander rose,
  Theme of the young, and beacon of the wise,
  And he, his namesake, whose oft-baffled foes
  Shrunk from his deeds of chivalrous emprize:
  Land of Albania! let me bend mine eyes
  On thee, thou rugged nurse of savage men!
  The cross descends, thy minarets arise,
  And the pale crescent sparkles in the glen,
Through many a cypress-grove within each city’s ken.

Así recogió Byron en su poema autobiográfico Childe Harold’s Pilgrimage (II, ii, 334-342) su fascinación por Albania, una pasión que contribuyó en gran medida a que este país cautivase la imaginación romántica europea a lo largo del siglo XIX. Las ensoñaciones románticas sobre aquel país montañoso, sus montañeses armados hasta los dientes y los harenes de déspotas orientales con sus odaliscas, narguiles y demás attrezzo orientalista, al estilo de Delacroix o Ingres, pasaron a formar parte del repertorio romántico sin solución de continuidad hasta el desencadenamiento de la Crisis de Oriente (1878) y la enfermedad terminal del enfermo de Europa por excelencia: el Imperio otomano. Entre la guerra ruso-otomana de 1878, momento en que se fundó la Liga de Prizren (en Kosovo), y las guerras balcánicas de 1912-1913, se produjo el Rilindja  o renacimiento nacional albanés, un nacionalismo de tipo reactivo ante los nacionalismos eslavo y griego que habían cobrado un gran vigor después del surgimiento de Serbia, Montenegro y Grecia como estados con un claro apetito por territorios que reivindicaban como propios, aunque habitados por albaneses, como Kosovo y Macedonia (territorios a los que los serbios denominaban “La vieja Serbia”), el vilayato o provincia de Shkodër y la región del Épiro. La vertiginosa desintegración del Imperio otomano y las nuevas fronteras perjudicaron claramente a los albaneses, que en muchos casos se vieron obligados a abandonar regiones que habitaban desde hacía siglos. Esta limpieza étnica organizada creó un peligrosísimo precedente e inundó Kosovo, la Albania propiamente dicha y en menor medida Macedonia de refugiados musulmanes, conocidos como muhaxhirë, principalmente albaneses, pero también turcos étnicos y eslavos islamizados. En esos años se sentaron las bases de la animadversión entre montenegrinos, serbios, macedonios, griegos, búlgaros y albaneses hasta unos extremos que resulta muy difícil comprender a la razón humana. Albania se independizó del Imperio otomano en 1913, dejando a la mitad de los albaneses viviendo en otros estados, y cabalgó como pudo el tigre de las dos guerras mundiales, en las que fue ocupada por austríacos, italianos, alemanes y llegó a formar parte como protectorado de un Reino de Italia que Mussolini se había empeñado en convertir en un imperio romano resurrecto en el Mare Nostrum. El final de la Segunda Guerra Mundial dejó el país en manos la guerrilla comunista de Enver Hoxha, quien regiría los destinos de este malhadado país hasta prácticamente finales de la década de 1980. A pesar de los límites impuestos por la censura del régimen, si hay alguien que ha reflejado magistralmente los avatares del pueblo albanés ese es el novelista Ismail Kadaré. Sus novelas, muchas veces ambientadas en episodios de la historia albanesa, son un auténtico fresco de la epopeya albanesa.

 

Y ya están ustedes preparados para viajar a Albania, la tierra de las águilas. Un último consejo, para estar a la altura de las exigencias de este alternativo viaje de Alternative Ways, les recomiendo que lean antes del viaje, durante el viaje y después del viaje. Albania no se acaba nunca.

 

 

Lecturas recomendadas:

 

Edith Durham, High Albania, Londres, Phoenix Press, 2001.

Ead., The Blaze in the Balkans: Selected Writings 1903-1941, Londres, Bloomsbury, 2014.

Ismail Kadaré, Abril quebrado, Madrid, Alianza, 2012.

Id., Crónica de piedra, Madrid, Alianza, 2007.

Id., El general del ejército muerto, Madrid, Alianza, 2010.

Id., El expediente H., Madrid, Alianza, 2009.

Noel Malcolm, Kosovo. A Short History, Londres, Harper Perennial, 1999.

Manuel de Montobbio, Guía poética de Albania, Barcelona, Icaria, 2011.

Id., Búnkeres, Barcelona, Icaria, 2015.

Robert Elsie, The Tribes of Albania: History, Society and Culture, Londres, Tauris, 2015.

Id., Historical Dictionary of Albania, Londres, Scarecrow Press, 2010.

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