Canciones de 2023 (III): Alvvays, Chris Staples y Slaughter Beach, Dog

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Me autorregalo una entrada para ver a Alvvays en el 02 de Kentish Town dos días después de mi 30 cumpleaños. “Thanks for coming to see five people playing instruments”, dice la cantante Molly Rankin. El público es sorprendentemente joven y recupero durante dos horas – acompañado de una tónica y unas patatas de bolsa Walkers rojas –  la fe en las guitarras y las melodías. Me acuerdo del día que descubrí a Alvvays con el videoclip de Archie, Marry Me, fue un viernes por la tarde recién llegado de la universidad con R y N en el sofá del piso de San Francisco de Sales. Una chica a mi lado que también está sola se emociona con los ojos cerrados cuando suena la primera estrofa de la canción (“You’ve expressed explicitly your contempt for matrimony / You’ve student loans to pay and will not risk the alimony”) y algo similar me sucede a mí en la última estrofa de Belinda Says cuando la canción sube medio tono. A la salida del concierto un grupo de chicas que podrían ser mis estudiantes se ríen de mis dos chaquetas impermeables – una sobre la otra – cuando ni siquiera está lloviendo. De camino a casa dibujo con mi bicicleta la geografía sentimental de esta ciudad. En el número 47 de Offord Road una señora croata de mediana edad come palomitas frente al televisor, seguramente viendo deportes de invierno en Eurosport. Un poco más adelante, en una casa victoriana más lujosa, una madre de tres hijos prepara su ropa de tenis para el entrenamiento de las ocho de la mañana en el Islington Tennis Centre.

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Chris Staples toca un lunes de septiembre en acústico en El Lokal, un bar muy peculiar del centro de Zúrich, junto a la orilla del río Sihl. Interpreta canciones pequeñas y sutiles sentado en una silla de madera. Detrás hay un sofá de terciopelo con estampado de leopardo y una pantalla que proyecta imágenes difuminadas de rinocerontes. En el techo del local hay un esqueleto gigante y en la zona de la barra, apoyada sobre los licores, hay una foto de una alineación del Barcelona de los noventa con una estelada. Más arriba, junto a las escaleras, hay un escultura de plástico de un futbolista que no consigo identificar (¿quizás es Ronaldo en el Mundial del 2002 con media cabeza rapada?) y también un ciervo disecado que dice ser amigo de quienes no tienen amigos. Chris Staples empieza el concierto con Spinning Wheel y cuando llega ese estribillo tan bonito («I gotta get out of here / You can’t hold me here forever”) pienso en un concierto de Nada Surf en el Music Hall of Williamsburg en septiembre de 2016 que empezó en acústico porque el bajista estaba en un atasco. Chris Staples tocó con Josh Tillman antes de que Tillman se convirtiese en Father John Misty, pero hoy en día es la antítesis de Tillman: es tímido, no tiene aires de grandeza, habla muy bajito y asume que nadie se sabe las canciones. En la recta final del concierto, Chris le dedica “Sunny Afternoon” al chico que ha pedido con mucho entusiasmo su canción más triste.

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Hay un momento, quizás cuatro o cinco semanas después de vivir en un apartamento, de habitar por primera vez un barrio, en el que el trayecto matinal al trabajo comienza a ser menos novedoso. Ese momento ha llegado esta mañana: la sociología del autobús 72 que cojo en Albisriederplatz empiezo a conocerla demasiado bien. La mayoría son profesionales de las finanzas y el sector farmacéutico, aunque también distingo algunos investigadores intrépidos. Hay muchas madres en deportivas New Balance con bebés guapísimos. Suiza es todavía un país muy conservador en cuestiones de género: un 40 por ciento de las mujeres que trabajan lo hacen a tiempo parcial y los padres solo tienen dos semanas de permiso de paternidad. Las calles y los edificios han dejado también de sorprenderme. Al oeste de Hardstrasse se levantan cuatro torres altísimas de apariencia inhóspita y al este está la iglesia católica de San Félix y Santa Régula, construida a finales de los años cuarenta a las órdenes del arquitecto eclesial Fritz Metzger.

Las vistas desde el puente de Hardbrücke son ahora mucho más grisáceas que hace unas semanas debido a la niebla y ya no puedo distinguir tan bien los edificios que se levantan sobre la ladera de la colina de Zürichberg. Escucho Engine, una canción de Slaughter Beach, Dog que parece compuesta para escuchar en un día como hoy. Es una de esas canciones larguísimas, como un cuento carveriano musicalizado, que parece no acabar nunca. Es una canción muy emocionante que no va sobre nada pero va sobre todo. Escucho varias veces la misma estrofa que empieza en el minuto 2:52 y me dan ganas también de estar dentro de ese bosque y caminar sobre las rocas de un río con poco caudal.

We went in the woods
It was just me and you
The river was dry
You pulled me down under the water
Funny what makes you feel cared for
Funny how well I remember
What a relief to be grateful
The blood leaks right out of my body
Right out of my body