Capítulo 18. Traición

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Aquella tarde terminamos temprano de trabajar en el restaurante. Había habido poca clientela ese día, y eso significaba que la cocina no estaba tan desordenada y llena de platos sucios como era habitual. Miré entonces la esfera del reloj de pulsera, estaba empañada por el agua de fregar pucheros y demás utensilios de cocina. Era aún demasiado temprano para llegar a casa, en la calle hacía un día radiante, un sol desnudo brillaba en el cielo.

 

Caminaba tranquilamente disfrutando del paseo, y de pronto, entre la gente, vi al siniestro vecino del segundo. Tenía rapado el pelo, pero en su rostro había crecido barba, como musgo seco entre dos piedras.

 

Estaba sentado, cruzado de piernas en el saliente del escaparate de un supermercado, apoyando su desastroso atuendo en la luna de cristal llena de carteles de promociones y ofertas del día. Un trozo de manzana salía por entre sus dedos ennegrecidos. Al pasar a su lado, le salieron palabras envueltas en vaho: ¡Traición, traición…!

 

Sentí calor debajo de la garganta y tuve miedo. Apuré el paso sin mirar atrás, mi corazón latía con fuerza y me alejé de allí. Busqué por las calles adyacentes a algún policía sin encontrarlo y a continuación, lleno de ansiedad, emprendí el camino a casa.    

 

¡Ya estoy aquí…! –avisé-. Pero no contestó nadie. Supuse que Gang todavía no había llegado, fui a mi dormitorio y me tumbé en la cama. Enseguida debí de quedarme dormido porqué me encontré delante de un gran contenedor lleno de agua que comenzaba a calentarse. Allí sumergida estaba la habitación de Gang, la cama con la almohada y la manta doblada a los pies, la silla con su ropa en el respaldo, el escritorio, la alfombra y, sobre ella, las zapatillas. El calendario de la pared iba soltando hojas que flotaban de un lado a otro y las puertas del armario se abrían y cerraban con el movimiento del agua. Del maletín salían lentamente los pequeños frascos de cristal. Mientras me fijaba en todas esas cosas bajaron buceando dos cuerpos hasta la cama. El agua cada vez se calentaba más y aparecían burbujas. Las zapatillas comenzaron a subir, los cuerpos daban vueltas mientras se agarraban mutuamente, la cama se movía a ritmo del agua cada vez más caliente, todos los muebles subían con las burbujas rumbo hacia la superficie. Fui hasta la pared de cristal del contenedor y pegué mi rostro en el. La figura de la mujer se giró y pudo ver mi cara gigantesca. Al instante desperté.

 

El tabique pegado a mi cama tenía una grieta con forma de rayo que caía clavándose en las montañas de la manta, sentí ruidos al otro lado y pegué el oído en la superficie fría de la pared. No cabía duda, Gang estaba con alguien.

 

 

Bolsa

 

Me dirigí a la cocina, había una bolsa de plástico en el suelo, era igual que un conejo, de la nevera iluminada cogí una cerveza. La lata estaba detrás de una fuente con pescados que palpitaban levemente. Cerré la puerta y me senté en una banqueta. La mosca de la cocina vino a posarse en el borde redondo de la lata recién abierta y comenzó a frotar unas contra otras sus pequeñas patas.

 

Estaba nervioso. De un paquete de galletas con aspecto de estar agrietadas igual que el barro seco, cogí unas pocas. Se partieron en mis manos y empecé a comer compulsivamente.

 

La lavadora había estado funcionando, la habría puesto Gang, y esta vez había llegado casi hasta la mitad de la cocina. La planta que tenía encima había tenido su tiempo de gimnasio y las hojas se veían más grandes y largas presumiendo de un verde radiante. Me acerqué a la lavadora y abrí su gran ojo de cíclope. Cuando saqué la ropa para colgarla en el tendal, entre todas aquellas prendas mojadas encontré algo que me desconcertó. Había una identificación de metal con unas iniciales que al momento reconocí como el logotipo de uno de los laboratorios de investigación alimentaria más importantes de Europa: CC, es decir, CONSERCOLSA. Debajo, la identificación señalaba: Laboratorio. Y en mayúsculas resaltaba el nombre de Gang Zhang. También, en medio de la ropa, encontré dos batas blancas como las que se utilizan en los laboratorios. Sobre el bolsillo destacaban en rojo y negro las mismas siglas de la identificación: CC. ¿Qué significaba aquello? Ese día supe que él no era tan limpio como parecía.  

 

En ese mismo momento apareció Gang en la puerta de la cocina. Me miraba con asombro. No esperaba que yo estuviese en casa a esas horas.

 

Tras él entró Eva. Al verme su rostro se paralizó como esas fotos de carné que durante tiempo quedan en el monitor de una tienda de fotografía. Escapé de allí dando un portazo, y bajé a la calle con los ojos empañados, lleno de rabia. La gente, ajena, pasaba de largo.

 

 

 

Próxima entrega:

 

Capítulo 19. Adiós, Gang