Cara y cruz de las multinacionales en América Latina: el lanzamiento

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Estos dos viajes a Colombia y a Chile han sido mucho más que trabajo; mucho más que un reportaje. Han sido un aprendizaje vital, humano y también, por qué no decirlo, político de enormes dimensiones. Una sacudida.

 

Llegó la hora. Mañana, coincidiendo con el cuarto aniversario de la revista Fronterad, publicaremos el primer reportaje de la serie Cara y cruz de las multinacionales españolas en América Latina. Como muchos de vosotros ya sabéis, llevo meses embarcada en este proyecto que los lectores de la revista financiaron a través de una campaña de microfinanciación en la plataforma Goteo. Gracias a su generosidad y su confianza, pude viajar a Colombia y Chile para investigar sobre el terreno cuáles son las consecuencias sociales y ambientales de los proyectos que en este continente realizan grandes multinacionales como Repsol, Enel Endesa, Gas Natural Fenosa o Telefónica.

 

El reto era grande, en primer lugar, por la dimensión del proyecto. América Latina es un continente inmenso, y las multinacionales españolas están masivamente presentes en todos los países. ¿Cómo acotar mi objeto de investigación? No fue una decisión aleatoria: me documenté a conciencia para descubrir qué países y regiones sería interesante visitar. Pero, por supuesto, mi elección, ajustada al presupuesto, no tiene un soporte científico y no deja de ser parcial. Sobre todo, por todo lo que deja fuera, empezando por México, el segundo mayor país del continente y el que junto a Colombia ha implantado el modelo neoliberal con mayor solidez y constancia. Pero también la ausencia de países tan a menudo olvidados como el Paraguay, o la mención muy de pasada de ese gigante económico y político regional que es Brasil.

 

Muchas ausencias, entonces, aquejan esta investigación, en cuanto a países y también en cuanto a empresas y sectores de la economía. Pero, al mismo tiempo, ha sido una investigación concienzuda y amplia, que pretende aportar unas pistas, unos elementos clave al debate, y remitir a otros muchos materiales, porque hay escrito, y mucho, sobre el tema, aunque los medios de comunicación tradicionales no aireen esas investigaciones por motivos obvios, a saber: las multinacionales de las que hablamos son los principales anunciantes de esos medios de comunicación.

 

Para mí, estos dos viajes a Colombia y a Chile han sido mucho más que trabajo; mucho más que un reportaje. Han sido un aprendizaje vital, humano y también, por qué no decirlo, político de enormes dimensiones. Una sacudida. Como cuando de repente, un día, hablando con un mapuche en el sur de Chile, entendí de pronto concepciones de su cosmovisión que hasta entonces sólo había sido capaz de comprender sesgados con mis anteojos de la modernidad occidental.

 

Por eso, y por todo, no puedo sino agradecer una vez más a todas las personas que hicieron posible este proyecto: a los donantes, al equipo de Fronterad que me enseñó que, aunque la escritura sea una labor en soledad, es al mismo tiempo un trabajo de equipo. A Jheisson, por sus fotos, su compañía, su contrapunto, su guía. Y, por supuesto, a cada una de las personas que me he encontrado en esos viajes, que me abrieron las puertas de sus casas y de sus vidas para hacerle llegar al mundo eso que no aparece en las primeras páginas de los periódicos…

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.