Carácter de NY

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Newyópolis no es el lugar más serio y respetable del planeta. Tampoco el más limpio. Su infraestructura vial sufre de múltiples parches y sus servicios públicos carecen de la funcionalidad y comodidad de servicios similares en otras ciudades del mundo. ¿Esto es Nueva York?, se preguntará cualquier visitante despistado que asoció el paisaje publicitario de sus rascacielos con la modernidad, al entrar a las estaciones calurosas o heladas del subterráneo que nunca han contado con sistemas de calefacción ni aire acondicionado.

 

Nueva York es la mejor prueba de que la modernidad, como el infierno, son los demás.

 

Luego de unos días en el sur, en la cola para tomar un taxi frente al JFK, una mujer policía con actitud amargada, le grita a una persona en silla de ruedas –una de esas ancianas sonrosadas, amables y muy despistadas– que se haga a un lado, que se ponga a la cola, que espere con los demás. Un caballero enternado que mira la escena detrás mío, dice: «Welcome to New York». En esa situación –discordante con la actitud que uno esperaría de una mujer policía en cualquier otro aeropuerto de los Estados Unidos–,  está representado el estereotipo de nuestros neoyorquinos.

Esta es la ciudad que no te recibe, sino que te devora. Tampoco te sonríe: te ruge, te zarandea; espera que le tomes una buena foto y si no te gusta, te largues ya.