Carlos Latre: “Debería ser Ley leer a los clásicos, El Quijote, a Lope, a Quevedo, a Góngora, la picaresca española, el Siglo de Oro…”

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Se le nota feliz. Se confiesa afortunado con esa noble intención cargada de responsabilidad y consciente de esa madurez que te da el aprendizaje y el saber que el público le quiere demostrándole su cariño cada vez que salta al escenario. Su actual experiencia sobre las tablas, cristalizada en Golfus de Roma, es un puro gozo y ha abierto un nuevo camino artístico en su carrera. Y me refiero a Carlos Latre, el imitador más famoso de España con esa capacidad innata para meterse en prácticamente cualquier personaje -más de 600 personajes lleva a sus espaldas- haciendo suyos a personalidades tan dispares como el expresidente del FC Barcelona Josep Lluís Núñez, Boris Izaguirre, Mario Vaquerizo o la añorada duquesa de Alba así como su paso por Crónicas Marcianas de la mano de Xavier Sardà y espectáculos como 15 años no es nada, en el que repasaba con humor sus 15 años de carrera o el más reciente, One Man Show. Durante este verano ha estado triunfado en el escenario del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida con Golfus de Roma y ha sido una gozada verle en escena. El humor y el talento camaleónico de un debutante Latre representando la versión del mítico musical ha convertido el Teatro Romano en Broadway. Una obra, hagamos historia, del gran maestro de los musicales Stephen Sodenheim que se estrenó en 1962 en el Alvin Theatre de Broadway, donde estuvo tres años en cartel, y ganó seis premios Tony en 1963, incluido el de mejor musical. Ahora este remozado Golfus nos deja el mejor sabor de boca y han logrado su objetivo: montar toda una fiesta teatral que te distancie de la dura realidad con un trotar de risas y un ritmo que no decae. Golfus de Roma, que bebe en versión libre de las obras de Plauto, está dirigida por Daniel Anglés que ofrece un muy digno texto que funciona a las mil maravillas. Han resuelto perfectamente dos cosas importantes: las interpretaciones y el trabajo musical, que actúa como hilo conductor, bajo la excelente dirección de un muy aplaudido Xavier Mestres.

Carlos Latre, que interpreta al astuto y pícaro esclavo Pseudolus, está acompañado de un elenco multidisciplinar que rinde homenaje a los cómicos y a las antiguas compañías teatrales que llevaban la risa hasta los pueblos más pequeños. Toda un musical y una comedia de enredos, amoríos golfos, juventud y amor ¡juventud, divino tesoro!, y un esclavo con corazón y mucho desparpajo. Toda una oda al entretenimiento como terapia contra la crispación. Casi treinta años después de la versión que dirigió Mario Gas e interpretó  Javier Gurruchaga en el papel principal, llega este Golfus de Roma hoy jueves al teatro de La Latina de Madrid con el mismo objetivo: trasladar felicidad y risas al espectador.

Enhorabuena por el éxito que ha cosechado este verano con Golfus de Roma. Ha llenado cada noche. Además, muy merecido este aplauso ya que arriesgaron para montar este espectáculo en plena pandemia aún y el público, afortunadamente, ha respondido.

Tienes toda la razón. El público ha respondido acompañándonos este verano y estamos sumamente agradecidos. La gente tiene mucha necesidad de reír y de evadirse, tiene ganas de comedia y, la verdad, este Golfus reúne todos los elementos para lograrlo: tiene texto clásico, tiene un musical de Broadway, mucha comedia, mucho humor, circo, payasos… es una obra muy completa.

¿Cómo se siente tras estos meses en su primera experiencia como actor y con una obra tan importante?

La verdad es que para mí ha sido muy duro. Me explico: ha sido una experiencia  tremendamente exigente porque, para empezar, ha sido como eso que llaman salir de la zona de confort ya que afrontaba una nueva disciplina: acercarme al mundo del clown, del payaso, de un nuevo mundo como el musical. Por otro lado, dejo de estar solo en el escenario para estar acompañado por más de veinte personas que me han arropado y me han cuidado con tanto cariño que estoy muy, muy feliz. Pero el camino ha sido, como digo en una parte del show, arduo y fatigoso. Ten en cuenta que lo he compaginado con One man show, que estaba también en cartel, El Hormiguero, con la radio… pero te aseguro que ha valido la pena.

¿Y cómo se presenta Madrid? ¿Cómo se plantea y afronta el próximo estreno en la capital?

Afrontamos el estreno en Madrid con muchas ganas y también con mucha prudencia, por supuesto, porque Madrid, ya sabemos, es la plaza más importante. Todos en la compañía tenemos muchísima ilusión, muchísima pasión, muchísimas ganas, pero también una gran responsabilidad. Estamos con ganas de ver cómo reacciona el público de Madrid.

Dígame tres buenas razones para ver Golfus de Roma.

Comedia, risas y diversión

¿Qué es lo que más le ha divertido de la historia basada en las obras de Plauto?

Lo que me ha fascinado es la construcción de cada uno de los personajes, la comedia en sí. Está muy bien escrita, los autores han hecho un trabajo absolutamente maravilloso. Por otra parte, las canciones son muy pegadizas, son muy divertidas. Y la versión que ha hecho Dani Anglés me parece acertadísima porque en estos tiempos que corren es una versión positiva, circense, que rinde homenaje a esos cómicos de toda la vida, esos cómicos de carreta y de carretera que iban por los pueblos intentando hacer reír a los demás. Me parece que es un homenaje muy bonito.

A pesar  de estar escrita originalmente por anglosajones, su personaje es muy clásico, muy latino, una especie de lazarillo pícaro, con mucha complicidad con el público, ¿es así?

Totalmente. Tiene mucha picaresca, es muy hispano, muy español, muy nuestro y por eso encaja tan bien y el público lo lee al momento. Pseudolus es un buscavidas, es un liante, pero es un maravilloso liante, es un tipo que conecta muy rápido con el público porque no tiene maldad, tiene buen corazón y buen fondo y lo que hace es buscar la libertad en definitiva, empatiza mucho con el público. Los espectadores, realmente, se ven reflejados y desde el principio este ritmo hace que no sólo sea muy divertida sino que es muy fácil de seguir. A pesar de que es muy enrevesada la historia es muy fácil de seguir, por eso es tan familiar y vienen al teatro tantos niños, les está encantando.

Lo magnífico de los clásicos tan sabios de nuestra historia es que son atemporales y parecen escritos en la actualidad, ¿considera útil hoy ver y leer obras como Golfus de Roma y otros clásicos griegos y latinos?

Ya veréis cuando vengáis al Teatro La Latina que tiene mucho de actual. La obra ha rejuvenecido mucho y ‘entra’ muy bien, realmente. El público la ha acogido con mucho cariño. ¿Útil? Mira, me parece útil y muy necesario. Se lo digo a mi hija de quince años, le digo que es muy necesario ver y saber de dónde venimos. Es un poco la sensación que teníamos en Mérida, saber que 2.000 años antes se estaba representando una función como ésta en ese mismo lugar es algo alucinante y te hace también tenerle mucho más respeto al teatro y a las tablas. Creo que estas obras lo que hacen es enseñarnos, pero no sólo estos clásicos, considero que debería ser Ley leer El Quijote, a Lope, a Quevedo, a Góngora, la picaresca española, el Siglo de Oro… es importantísimo

¿Con qué enseñanza se está quedando tras subir la obra a las tablas cada día?

Lo más importante es que cada día es diferente. Tengo muchísimo respeto al público y sé que cada día que afrontamos es diferente, es nuevo, es un nuevo examen y hay que dar el 1000 % . Lo disfruto muchísimo. Yo soy un auténtico privilegiado por poder aprender y seguir disfrutando cada día ofreciendo humor, sonrisas y felicidad.

Hablemos de los personajes de la obra. ¿Qué tenemos los españoles de Pseudolus?

Todos tenemos algo de Pseudolus. España es muy Pseudolus, es muy divertida, es muy cercana, muy empática, pero también somos liantillos, nos gusta liarla. Somos algunas veces egoistillas, nos gusta mucho pensar en nosotros, pero siempre visto desde un punto de vista positivo porque luego somos muy solidarios, somos uno de los países más solidarios. Somos buena gente a pesar de que la envidia está a la orden del día y a pesar de que somos como un patio de vecinos, pero en el fondo es buena persona, que es lo importante

¿Y de Eros?

En Eros hay algo que es maravilloso. Dos cosas: primero, que el amor es maravilloso y que el amor nos vuelve tontos a todos. Eros nos demuestra que a todos nos gusta enamorarnos y que cuando te enamoras de repente te vuelves un niño, te vuelves algo que es totalmente irracional y que marca tu corazón y tus tripas, y eso tiene mucho de humano y es muy bonito. Además es universal, da igual los siglos que pasen y la edad que tengas, da igual que tengas 50, 60, 70 o 20, que cuando te enamoras, te enamoras

Philia?

Philia es la inocencia pero es también algo que está muy presente actualmente en nuestra sociedad que es el desear la libertad, no querer pertenecer a nadie, el empoderamiento de la mujer, ser capaz de conseguir tu propia personalidad, tu propia vida. Salir de una esclavitud, entre comillas, para poder sentirte realizado

Y qué importantes son los personajes secundarios, sin ellos la obra no estaría completa en cada uno de sus pasajes…

Maravillosos. Maravillosos. Desde Senex, Miles Gloriosus, el capitán, que es el que desencadena la trama; Hysterium, que es el que pone la sal y pimienta a todo lo que va pasando. Domina es la que inicia la locura, pero también tiene un papel muy importante. Los Proteicos… Los payasos, que es todo un homenaje a los payasos de siempre. No sabes el cariño y el aplauso que han recibido en Mérida y el que van a recibir en Madrid. Es un poco el homenaje al oficio de payaso, al oficio de clown y está siendo muy bonito ver que Erronius y esos jóvenes payasos reciben tanto cariño por parte del público.

Crisis económica, corrupción, guerras, violencia… ¿Cómo estamos de desorientados?

No creo que estemos desorientados, lo que pasa es que hay que poner un poquito de orden. Vivimos en una época que digo yo ‘la época del bienquedismo’, la época en que es todo un poco fake. La revolución de las redes sociales, lo tecnológico, nos ha hecho perder un poco de humanidad y un poquito de empatía, de darnos cuenta de que no todo es malo y que no todo es criticable y que no todo es fatal. Creo que vivimos un poco cabreados y que hemos perdido un poco la buena fe. En torno a mi mundo, que es el del humor, lo veo clarísimo. Parece que no puedas decir nada, vivimos en una autocensura que provoca que tengas que medir cada una de las palabras porque si no sabes que te van a machacar. Y sin ningún escrúpulo y con una crueldad tremenda. Casi, por ponerle un poco de humor, tendríamos que cambiar una de las grandes citas y hoy decir “el que esté libre de tuit que tire el primer hashtag” (risas)

Y ya ni le cuento, sin meternos en berenjenales, lo atentos y serviciales que estamos con los responsables políticos cuando las noticias son un día y otro también lo ahogados, económicamente hablando, que estamos, ¿no nos estaremos pasando de simpáticos y de risueños con nuestros responsables políticos?

Se le ha dado cancha libre a lo no lógico. Yo creo que hemos perdido el sentido común. No tiene sentido común que el Consejo del Poder Judicial no esté elegido. No tiene sentido común que no haya una educación universal. No son de sentido común estas subidas y bajadas de la luz que lo que hacen es oprimir y ahogar aún más a los que más lo necesitan…. Lo que al final estás viendo es que no valen los ‘lados’ políticos, lo que vale es el propio mundo que te va llevando. No sé si hay que decir basta pero sí que hay que tener sentido común y recuperar la conciencia. Estamos sobresaturados en muchas cosas. Deberían ser más valientes. Al final, hacen las cosas en función de los intereses, de los resultados electorales, del que dirán en general, ese bienquedismo que te decía anteriormente se puede extrapolar a todos los aspectos. Hace falta hablar claro a la gente y decirle “mira, pasa esto, y vamos a resolverlo de la mejor manera” independientemente de los colores políticos porque al final nos sentimos que nos tratan por tontos

Dígame, ¿cómo ser honrados, voluntariosos y seguir esforzándonos, seguir construyendo, aportando cada día y no morir en el intento?

Siendo felices o intentándolo, al menos. Ahí es donde entramos nosotros, los “ñapas” de la sonrisa (risas). Intentamos poner un poquito de felicidad, de sonrisa y de alegría porque si no es que no hay demasiados motivos en el día a día… Con lo cual, nuestro poder es muy importante. Y no sólo es un placer, que lo es, sino que es un deber.

Y qué propone en estos tiempos…

Positivizar. Yo estoy muy empeñado en sacar el lado positivo. Sacar el vaso medio lleno, el hacer una concienciación social porque muchas veces no somos conscientes de lo que tenemos. Sabemos de personas y conocemos a mucha gente que realmente tendría motivos para llorar y cada día te demuestran que sonríen y que son felices. Tendríamos que sacar de ellos mucha enseñanza y ejemplo porque no tienen motivos para sonreír, y lo hacen

Y, además, estas noticias positivas y alentadoras no suelen salir en los medios…

Sí, efectivamente. No somos conscientes del daño psicológico que hemos sufrido como sociedad  e individualmente durante esta pandemia y es muy importante la labor no solo psicológica sino positivadora. La labor de motivar es una de muchas imprescindibles y ahora que está tan de moda el coaching, creo que hay que hacer un gran coaching social.

¿Qué desea en estos momentos?

Yo soy muy feliz siendo esa herramienta positivadora y siendo alguien que se dedica a hacer hace felices a los demás. Eso es algo que es maravilloso. De verdad, de las satisfacciones más grandes de mi carrera

Se le nota feliz, está viviendo una muy buena época vital…

Sí, soy un afortunado total. Pero es verdad que ahora lo estoy viviendo con plena madurez y con un cierto reposo, entre comillas, profesional. No reposo, más bien sosiego. Pero sí, efectivamente, estoy en el mejor momento de mi carrera, sin duda. Estoy saliendo de mi zona de confort, puedo seguir haciendo lo que me gusta, tengo la libertad de poder elegir, ¡yo que ahora hago de un esclavo!, pues eso, la verdadera libertad es poder escoger además de estar pleno personalmente, tener buenos amigos y buena familia

Por último, la vida sin sentimientos, sin sensibilidad y sin arte, ¿qué es?

La vida sin sonreír es menos vida, desde mi punto de vista. La vida sin sensibilidad es menos vida.  Creo que hay que aprender a desnudarse. Somos una sociedad demasiado pudorosa y nos avergonzamos demasiado de nosotros mismos. El miedo es el gran paralizador de nuestra sociedad. Creo que hay que dejar de tener miedo y aprender a desnudarse, a no tener miedo al qué dirán. Y sin arte la vida es muy aburrida, pero sin arte en todos sus aspectos y en todas sus variantes  ¿Te imaginas que nunca se nos erizara la piel por nada? Pues sin arte, sin cultura, sin amor, sin sentimientos, sin abrazos sería imposible notar esa sensibilidad, ese erizar la piel…

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