Carta a la reina Isabel

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Su Graciosa Majestad: Me he enterado por los medios de información que tus súbditos controlan tan concienzudamente que miles de ciudadanos tuyos, todos ellos individuos de melanina atenuada, eso que antiguamente se llamaba white people, han querido demostrar su desilusión por no haber alzado la copa en el evento futbolístico de Europa centrado su ira en tres jóvenes que, faltando pocos minutos para el final de aquel evento, erraron sus penaltis. Mira, querida abuelita, si los que controlan lo que se escribe en el mundo te hubieran informado de mis pensamientos diarios, hubieras sabido que yo estaba a favor de la demolición o derribo de las estatuas de cualquier prócer que se hubiera dado a conocer como racista, con total independencia de la excelencia de su intelecto, y por más que muchos amigos de las redes sociales, de la raza precisamente de los de la melanina atenuada, also called white people, decían que había que mantenerlas porque formaba parte de la historia, la suya.

Ahora vayamos directamente al grano. ¿De verdad que esta banda de fanáticos se creía que estos tres jóvenes a los que llaman negros iban a introducir el balón en la portería defendida por un italiano de vuestra raza? Pues déjame decirte que no hubieran podido, aunque lo hubieran deseado con todas sus fuerzas. Y la cuestión aquí es que si no hubierais llevado siglos diciéndoles que no valían para nada, no hubiera sido necesario que se tirara los penaltis, pues con la ayuda de los otros hubieran resuelto la papeleta que tenían demostrando sus habilidades, sabedores, además, de que vuestro país alcanzó la final precisamente gracias a ellos.

No sé si tus informadores te contaron que en La Vanguardia dije algo así como que la naturaleza siempre tendrá la facultad de devolver a cada individuo o colectivo las consecuencias negativas de sus actos. En este caso de la Eurocopa, la reacción de vuestros súbditos ha sido patética. Majestad Graciosa, no sé si lo saben, pero a los individuos de melanina plena que asoman sus cabezas por la escena mundial los seguimos y los queremos mucho, y en este evento deportivo la aportación de todos ellos ha sido brillante, país por país, pese a la consideración que tenéis de ellos.

No sé si insistiros que clasificar a la gente por su intensidad cromática es una tontería si los que la hace ligeramente distinta es la cantidad disponible de melanina de cada grupo, algo que no debería ser tan decisivo de no ser por la insistencia tenaz de vuestros próceres. No sabemos lo que haréis a partir de ahora, pero has de saber que las cosechas futuras dependerán de los hechos de todos los presentes que os asistan y esperamos que no sigan siendo dirigidos por memorables y pertinaces misántropos como hasta ahora ha ocurrido.

Tenerife, 13 de julio de 2020

 

 

 

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Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.

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