Carta furiosa al padre

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Con solo tres novelas –Para acabar con Eddy Belleguele (2015), Historia de la violencia (2018) y Quién mató a mi padre (2019), todas publicadas en España por Salamandra- Édouard Louis (Amiens, Francia, 1992) se ha convertido en un fenómeno literario y teatral en toda Europa por su contundente denuncia de la pobreza, la homofobia, el racismo y la incuria culpable del estamento político a través de argumentos empapados de autoficción que han sido llevados a escena por directores tan destacados como el suizo Milo Rau y el alemán Thomas Ostermeier. 

Vaya por delante que hay quien ha puesto en duda que muchos de los dolorosos hechos que Louis dice haber sufrido hayan tenido realmente lugar. El escritor Alberto Olmos, por ejemplo, en un demoledor artículo publicado por El Confidencial en 2018, subrayaba que “el joven autor de moda en Francia arrastra una larga sospecha de falsedad y exhibicionismo fingido que apenas se tiene en cuenta en la recepción de su obra en el extranjero”, añadía que hay bastante ambigüedad en muchos detalles descriptivos y que diversos aspectos sobre la vida en su pueblo natal no se sostienen; con respecto a su primera novela, revelaba que “la familia del autor salió al paso del libro y denunció lo obvio: que era todo una patraña para alimentar la condescendencia del lector parisino medio. El lector parisino medio dijo que Para acabar con Eddy Bellegueule era el libro del año. Daba gusto que se lo pusieran tan fácil”.

Sea como fuere, verdad o mentira, el prestigioso director belga Ivo van Hove, director artístico de la no menos prestigiosa compañía Toneelgroep Amsterdam (actualmente conocida como Theatre Amsterdam), se ha sentido tan atraído por Quién mató a mi padre que firma y dirige una vigorosa adaptación teatral programada en el Festival de Almada, cuya trigésima octava edición se desarrolla entre los días 2 y 25 de este mes. Este certamen, consolidado como una de las citas más interesantes del panorama teatral europeo, extiende parte de su programación a la populosa Lisboa, cuyo perfil contempla la tranquila Almada desde la orilla sur del Tajo.

Hans Kesting en un momento de la representación (Foto: Festival de Almada)

Con el imponente actor holandés Hans Kesting como mascarón de proa del proyecto, Van Hove ha puesto en pie un montaje que, si bien en algún momento deja entrever su origen literario, funciona como una brutal maquinaria de relojería en el que el protagonista narra su infancia azotada por la pobreza en una familia “de seis o siete hermanos” pronto abandonada por el padre maltratador, la sacrificada vida de la madre relatada por la abuela materna y la brutalidad que él mismo sufrió por su condición de homosexual incluso en el entorno obrero familiar. El conmovedor y muchas veces furioso monólogo es sobre todo una carta de amor al padre, reencontrado al cabo de los años convertido en una ruina física y mental por las secuelas de un accidente debido a las duras condiciones de su trabajo en la industria pesada. Alcohólico, envejecido de forma prematura apenas superada la cincuentena, dependiente de las magras ayudas sociales progresivamente disminuidas y absorbido por su ideología ultraderechista, el padre concluye aceptando a su hijo y dándole la razón en la necesidad de una revolución que solucione tantos años de postergación social y económica de los más desfavorecidos.

Édouard Louis, quien insiste en que más que definirnos por lo que hemos hecho lo estamos por lo que las circunstancias nos han impedido hacer, apunta directamente a las élites políticas como culpables de la penosa situación de su padre y de muchas otras personas como este, y define a quienes deciden la suerte de millones de personas como unos seres insensibles que no sufren en sus propias vidas las consecuencias de las medidas económicas que adoptan. Da nombres: Hollande, Sarkozy, Chirac, Macron…

Un discurso hirviente de rabia, cargado de elocuencia reivindicativa, discutible si se quiere en ocasiones y teatralmente magistral, sostenido a pulso por Kesting, que es a la vez padre e hijo en una transmutación física extraordinaria, equilibrando gesto y voz en un difícil ejercicio de control del endiablado texto, volcánico y torrencial. Realmente de altura el trabajo de Van Hove para encauzar todo en un espectáculo de tensa y feroz armonía escénica, marcando transiciones y crescendos sobre la despojada escenografía de Jan Versweyveld: un tétrico espacio gris con un camastro, una televisión que a veces ofrece imágenes de la película Titanic (James Cameron, 1997) y una puerta que cuando se abre deja pasar una bofetada de luz sobre la que se recorta la silueta del padre como en Centauros del desierto (The Searchers. John Ford, 1956) se recortaba la de John Wayne.  

Título: Who Killed My Father. Autor: Édouard Louis. Traductor, adaptador y director: Ivo van Hove. Escenografía e iluminación: Jan Versweyveld. Vestuario: An D’Huys. Música: George Dhauw. Producción: Inge Zelinga y Edith den Hamer (hoofd). Intérprete: Hans Kesting. 38 Festival de Almada. Teatro Nacional D. Maria II. Lisboa. 8 de julio de 2021.

 

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Juan Ignacio García Garzón es uno de los nombres que me habitan (o que habito, vaya usted a saber). Como tal espécimen, nací y vivo en Madrid, donde ejerzo la profesión periodística desde hace más de tres décadas, que ya son años. En tiempos pretéritos trabajé en Radio Exterior de España (RNE), la Agencia EFE y la cadena radiofónica COPE, no simultáneamente. En el diario ABC, he sido redactor jefe de la revista dominical Blanco y Negro, las secciones de Cultura y Espectáculos, y su suplemento cultural, además de crítico teatral.   He publicado dos libros biográficos: “Lola Flores. El volcán y la brisa” (2002 y 2007), y “Paco Rabal. Aquí un amigo” (2004), con el que obtuve el II Premio Algaba de Biografías, Autobiografías y Memorias, y el volumen de análisis cinematográfico “Cary Grant. RKO Films” (2009), además de alguna otra cosa sobre cine y teatro que se hace fatigoso enumerar. En 2009 fui agraciado con el premio Ciudad de Alcalá en su modalidad de Periodismo, que lleva el nombre de "Manuel Azaña", por el artículo “Si Hamlet fuera mujer”, publicado en ABCD las Artes y las Letras.   A veces, aunque hace ya tiempo que se hace el remolón, me visita un tipo que escribe poesía y firma como Juan Garzón. Pese a su ánimo remiso, este holgazán de la escuela Bartleby ha publicado cuatro libros de poemas: “Ejercicios de estilo” (1979), “Figuras y descripciones” (1984), “Imán” (1989) y “Principio de viaje” (2000).

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