Cartas desde Nueva Inglaterra – II

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Fall

 

A mis tres o cuatro lectores …

 

Llevo dos meses aquí y el otoño ha llegado. El paisaje que me rodea, que ha aguantado semanas de mucha lluvia, ahora despliegue una gama de colores que penetra el corazón y por la noche veo estrellas queridas de que, por culpa de muchos años siendo residente en Nueva York y en Madrid, me había olvidado. Ha bajado la temperatura y de pronto uno sabe que el invierno, muy temido y respetado en este sitio, se acerca. Pero todavía no. Hoy hace hasta calor y los estudiantes de la universidad ubicada en el pueblo van corriendo por las calles y por los senderos de los bosques mínimamente arropados y extrañamente inmune, algo muy a mi pesar que no es mi caso, a los mosquitos que, sintiendo la llegada de sus últimas jornadas, se hacen más insoportables que nunca.

 

En la política Norteamericana pasan cosas raras. El país por fin, tiene como ocupante de la Casa Blanca, uno de los mejores presidentes jamás votado, un señor guapo y super inteligente, sensible, gracioso, practico, joven, un idealista muy anclado en la tierra, un verdadero caballero … y … como si fuera la cosa escrita por Tolstoi, a la vez, por una casualidad muy desagradable, tenemos un congreso, unos diputados, muchos de ellos, demasiados, que han salido de cuevas pre-historicas. Y, de pronto es de moda decir que los dos lados, los Demócratas y los Republicanos, comparten la culpa por la situación del parálisis actual cuando, de verdad, no hay nada menos cierto. Esto que digo no tiene mucho que ver con mi ideología personal (demócrata, liberal, ateo) sino con el hecho de que dispongo de algo más de dos dedos de frente. Así que el día a día aquí, los comentaristas, la cobertura en la prensa y en los noticiarios decentes, es muy frustrante. El país está mal, en muchos sentidos. Los candidatos Republicanos para las elecciones de 2012 hacen que Rajoy parezca a Robert Kennedy. Justo cuando llega una administración excepcional a la Casa Blanca, ha llegado una funesta factura con una lista larga de errores y estupideces del pasado y que ahora amenazan el futuro de la nación.

 

Yo, con semejante panorama y como no soy de estos que salen a la calle, me dedico a lo mío, a vivir modestamente, en comunión con la hermosa naturaleza que me rodea, leyendo y escribiendo mucho, intentando vender mi novela que terminé en Corrubedo, en Galicia este Julio pasado, que cuenta una historia de amor entre Herman Melville y Emily Dickinson.

 

Ayer fui a visitar la casa donde vivía Melville cuando escribía Moby-Dick, solo unos kilómetros de aquí, la casa que sale en el primer y último capitulo de mi manuscrito y que nunca había visto antes. Me ha afectado mucho y me alegraba notar que la realidad no dista mucho de lo que había imaginado.

 

Casa Melville

 

Y nada más. Que protesten los indignados por todo el mundo y que los gobiernos se pongan las pilas. Yo mientras, sigo el consejo de Stephen Dedalus: ‘silencio, exilio, astucia’.

 

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