Cartografía noctura de Antón Patiño

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Los mapas y la noche, los símbolos y los itinerarios son argumentos constantes en la biografía artística de un pintor que escribe, como vuelve a demostrar una vez más en sus lúcidos «Escritos de un sonámbulo», que acaba de publicar en Caballo de Troya y donde dice que «un zumbido omnipresente» le acompaña «a todas horas desde el corazón al cerebro». Así resuelve su lucha de contrarios íntimos, en un equilibrio que se renueva con la misma intensidad misteriosa y oscura del mar de Alcabre, que alimenta sus ojos (y los de Menchu Lamas) cada vez que vuelve a beberse el mar a Vigo. “La pintura es el mapa del caos cartografiado en la materia. La pintura es mapa y territorio, superficie y concepto”, escribe el propio Antón Patiño en uno de los aforismos de su “Mapa ingrávido”

Cuándo: Hasta el 12 de marzo

Dónde: www.miguelmarcos.com

1 COMENTARIO

  1. Podemos trazar mapas
    Podemos trazar mapas paradójicos sobre la página en blanco. Escribiendo anotaciones en un cuaderno con rutas perdidas. Hasta diseñar extravíos en regiones secretas. Para recoger el murmullo de una gota de lluvia que se desliza por el vidrio de una ventana invernal. Cualquier resquicio del mundo asoma en nuestra conciencia. Registrando con precisión la cartografía volátil de nuestro desconcierto. Oscilación entre el relieve de la percepción y la conciencia de lejanía. El aura surge de ese desplazamiento simultáneo. Movimiento donde el primer plano de la mirada se desplaza hacia la visión del horizonte. Sombra y luz. Vista y tacto intercambian sus papeles hasta llegar a una fusión complementaria, como la que sugiere la hermosa frase de Maurice Blanchot: “Ver es un contacto a distancia”. Antón Patiño. Escritos de un sonámbulo. Edit Caballo de Troya

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