¡Cáspita, que mal hablamos!

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¿Alguien sabe por qué el personal con derecho a micrófono habla/escribe tan rematadamente mal? Mi ramillete de hoy:

 

—Locutor de radio: “La Asociación de Hoteleros de Madrid, de la que Carlos Díez es su presidente…” ¡Con lo fácil que era decir simplemente “es presidente” o bien “que preside” fulanito!

 

—Una publicidad: “Mar, no haces buena cara”. Me suena a catalanismo; en todo caso eso no se dice así –y sobre todo no se escribe así- en buen castellano, sino “no tienes buena cara”.

 

—¿Alguien se explica que un escritor como Manuel Vicent escriba cosas como éstas?: “Los que fuimos criados en un hogar con la dura moral de una autoridad implacable (sujeto), la bicicleta te liberaba del peso angustioso….(¡¿qué ha pasado con el sujeto?!)

 

O también: “Si llevabas sentada en la barra a aquella niña cuyo olor de su piel”.

 

¡¡Basta, basta!! Propongo un cursillo monográfico obligatorio para el personal que ocupa el espacio público sobre el sugestivo tema Relativos, ¿para qué sirven exactamente?

 

—¡Y Rajoy! Todo un presidente del Gobierno y –lo mismo que ocurría con Zapatero-, no nos obsequia ni por casualidad con una mínima elegancia en el habla. Dos ejemplos: “Tengo la a(b)soluta certeza que…» ¡Qué feo! El otro: “Tendremos el orgullo de albergar la 22 (pronunciado veintidós) cumbre en Cádiz…” ¡Dios, qué difícil decir vigésimo segunda”, eh?

 

Y a propósito de orgullo, ¡qué gran semana para las palabras del orgullo patrio!, acá y allá…

 

Qué infatuación, qué identificación con una gran empresa, no con una economía, ni con un Gobierno, ni siquiera con un Estado. No, Repsol es simplemente ¡¡España!! Procederemos en consecuencia (¿podríamos mandar unos barcos?). Y lo mismito en Baires, regreso triunfal (si es que se había ido…) de Evita, he aquí a la brava Mater Dolorosa luchando con los perversos neoconquistadores; ¡resulta que esas empresas españolas no son ONG benevolentes, sino multinacionales que buscan cuantos más beneficios mejor! ¡Cielos, quién lo iba a suponer!

 

En fin, por ahí anda Vargas Llosa diciendo que la cultura en nuestros tiempos ha mutado en espectáculo; pues yo creo que lo mismo pasa con la política y la economía, que como todos sabemos vienen siendo lo mismo.

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.