Castillos, palacios y teatros

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Las representaciones de El Rey Juan, de Shakespeare nos hicieron viajar a los castillos de Niebla y Ponferrada, al palacio arzobispal de Alcalá de Henares, al Real Coliseo Carlos III de El Escorial, al teatro de Chinchón, al teatro Principal de Vitoria, al de Valencia, al de San Sebastián y Alicante; al claustro de la Catedral de León, al Teatro Isabel la Católica de Granada, al Templo de Debod de Madrid, a la Sala Olimpia, al teatro Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes, al Teatro Circo de Cartagena, al teatro de Sagunto, aunque no al romano lamentablemente. También se representó en Algemesí, patria chica de Pepe Estruch, nuestro director y maestro.  

 

Aunque de todas, la que más ilusión le hizo a Pepe fue la del Corral de Comedias de Almagro: Estruch era el amante favorito de los clásicos. Disfrutó como un niño, adaptando su montaje al Corral de Comedias más puro de España. En homenaje a Shakespeare, mandó Estruch elaborar, preparar e izar una bandera al comienzo de la representación, como hacían en el Teatro El Globo en tiempos de Shakespaere.

 

También actuamos en cines como el de Bermeo y Santurce, y hasta en el mercado de Durango. Resulta curioso que no consiguiésemos que se retrasase la recogida de basuras del mercado, que coincidía justo con la representación; ni tampoco que apagaran las farolas colindantes, para respetar los oscuros de la obra. Los políticos vascos de la Diputación (Herriz Herri se llamaba la campaña de teatro en la que estábamos integrados,) no tenían demasiada sensibilidad por los requerimientos del arte de Talía; o quizás no querían gastar fuerzas en pedir a un concejal, u otro burócrata, que se aplicara una medida tan razonable como aquélla.

 

Cuando el Teatro del Arte de Moscú salió excepcionalmente de gira a Sebastopol, para que Chejov pudiera asistir a las representaciones de sus obras; Nemirovitch Dantchenko –codirector con Stanislavsky de la compañía- logró que se apagasen las farolas de un cercano parque, para tener suficiente intensidad eléctrica en el escenario. Son formas diferentes de sentir, respetar y valorar el teatro.

 

 

Sin embargo, a pesar de todos los contratiempos, nosotros seguíamos deleitándonos en el poder y la felicidad de seguir representando nuestro montaje; un trabajo de estudiantes dirigidos por su maestro, que estaba obteniendo rendimientos más altos que el de muchas compañías profesionales. El Rey Juan estuvo de gira durante dos años, algo completamente insólito para un grupo de 16 estudiantes recién egresados de su escuela.

 

Foto: Pepe Estruch -de pie- con la Compañía Corral-86, durante un ensayo técnico, anterior a la representación de El Rey Juan, en el Corral de Comedias de Almagro. Al fondo, de izquierda a derecha: José Carlos Váquez, Francisco Ferrer, Isabel Ripoll, Ana Crespo, Marina Andina, Resu Requena, Jesús Prieto, Lola Gil, Pedro Olivera, Ione Irazábal, Javier González, Juan Antonio Vizcaíno, Teresa Laguna y Pedro G. de las Heras.