Chichikov a bordo de su troika

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Avanzaban los autobuses de Pablo por España mientras desde sus interiores casi se escuchaba (¡twitter canta!): carrascal, carrascal, que bonita serenata...

 

Podemos estrenó ayer ‘La Marcha del Cambio’, una epopeya en selfi que es algo así como la novela de no ficción: un género nuevo dentro de lo conocido. Avanzaban los autobuses de Pablo por España mientras desde sus interiores casi se escuchaba (¡twitter canta!) el carrascal, carrascal, que bonita serenata. ¿Hay motivo? Sí hay motivo, no hay motivo, sí hay motivo, no hay motivo parece decir un personaje de Muchachada. No se conocían las razones de la manifestación. Ni siquiera los manifestantes mismos que de repente, sin saber cómo, estaban en el autobús a ninguna parte como Noodles después de comprobar que la maleta del dinero guardada en la consigna de la estación sólo contenía periódicos. Érase una vez en España. A la gente le gusta ver a Pablo poniendo nerviosos en la televisión a los políticos causantes del triste destino de los hombres. Lo suficiente como para ponerse a escribir su epopeya en selfi. Uno siempre pensó que sus políticos eran el reflejo de sí mismo y de sus congéneres, por lo que el héroe mitológico en realidad se rebela contra el pueblo que le aclama, contra un servidor, que no se ve en su propio espejo mientras se va de excursión porque de verdad se cree que es diferente. Que es mejor. ¿Quién? ¿Diferente en qué? ¿Mejor en qué? Todo son preguntas sin respuesta mientras bota el autobús. Que bote. Que bote. Avanzaba el pueblo hacia el Sol al ritmo del lenguaje revolucionario como si le cantase Neruda sus versos más bellos y subversivos. Pocas cosas deben de existir más emocionantes que deleitarse con el masaje poético mientras se come un filete de pollo empanado en el táper viendo correr el paisaje con la bandera tricolor metida en la mochila. Suena la percusión violenta (tic, tac, tic, tac) y se habla de tomas y de asaltos y a pesar de ello las familias ríen. Se movilizan para festejar la ilusión de la nada. Por eso Pablo en los prolegómenos sólo estaba en espíritu, como Susana Díaz en la conferencia del PSOE, pues ya tiene compradas las almas muertas igual que Chichikov a bordo de su troika. Al final de la tarde emergió de entre sus fieles para decirles a la cara con el puño en alto que eran la misma cosa sobre la que se asienta y a la que señala.