Ciclo

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Esta gráfica publicada este mes en Graphjam.com tiene su gracia. Pero también su drama: nos recuerda que los retos que creíamos superados vuelven a nosotros, inexorables y simétricos. Vuelven con una risita sarcástica. Hace pensar.
 
Cuando subimos por la gráfica, los éxitos son ritos de iniciación. Primero superamos la niñez dominándonos. Logrado, queremos ser admitidos. Después, queremos ser admirados y deseados. Para ello primero intentamos acumular atributos que nos diferencien, músicas, tribus, ropas, ideas, aventuras…  A eso añadimos el juego económico. Detrás de una frontera que nunca se ve de frente, comenzará el declive. Vanitas.
 

En «La inmortalidad» de
Kundera, aparecen dos hermanas, Agnes, la protagonista, y Laura. «
Agnes le restaba a su yo todo lo
que es externo y prestado, para aproximarse así a su pura esencia (el
riesgo consiste en que al final de cada resta acecha el cero). El método
de Laura es precisamente el contrario: para que su yo sea más visible,
más aprehensible, más voluminoso, le añade cada vez más y más atributos y
procura identificarse con ellos (con el riesgo de que bajo los
atributos sumados se pierda la esencia del yo)»
.

 

Hay en efecto un riesgo de exceso en ambas estrategias ante el ciclo inevitable. También de sincronización: ser Agnes demasiado pronto es lamentable si no patológico. Ser Laura muy tarde tiende a ser agotador, si no ridículo.

 

Quizá lo mejor sea saber cuándo ser Laura o cuándo ser Agnes. Como decía Kenny Rogers: «Every
gambler knows that the secret to survivin’ Is knowin’ what to throw
away and knowing what to keep». También es casi como aplicar la
pregunta de Hamlet caso a caso: cuándo ser o no ser, cuándo levantarse en armas o cuando saber sufrir los males. Cuando ser yang y cuando ser yin.

 

Las personas tienen sus metas, muy por encima de sus pobres capacidades animales. Esta lucha personal es también continua y social, con oleadas de generaciones creando y destruyendo ideas, usos e instituciones para superar los obstáculos comunes a ese impulso ascendente grabado en miles de millones de corazones. Nuestra chispa de divinidad.
 
Las civilizaciones, las culturas, las naciones, las instituciones, las modas, las empresas y hasta los productos, también tienen sus ciclos.
El ciclo de una civilización
sería, en lenguaje de ingeniero de señales,
la envolvente de muchas ondas colectivas.
Sus ritmos, que no pueden forzarse, son paralelos a los humanos y similares a los naturales.  “Sorgimenti, progressi, stati, decadente e fini” que decía la teoría cíclica de la historia de Giambattista Vico

 

 
Hay quien calcula que ha habido un bombazo cósmico en la tierra cada 100 millones de años, siendo el último, el asteroide que acabó con los dinosaurios, hace 65. En economía, la famosa larga onda de Kondratieff dura de 45-60 años. La destrucción creativa de Schumpeter y la renovación tecnológica también llegan en oleadas. Parece ser que hay un ciclo de 40 años en las tendencias de la moda. Históricamente, los ciclos bajistas del dólar duran 8,5 años. Dado que el actual ciclo bajista empezó en 2002, quedarían meses de debilidad del dólar. Curiosamente, el interés en la teoría de los ciclos aumenta en los periodos de depresión, como en los 30 y desde 1973. Pero nadie se acuerda de ella en los prósperos.
 
Los juegos de los niños son cíclicos: cantan, repiten pautas. La respiración y la música están relacionadas con el espíritu: el espíritu es rítmico, somos criaturas rítmicas. El sueño y la vigilia, la menstruación, los ciclos internos del sueño, cambios hormonales… El cuerpo es una máquina cíclica, una combinación de ciclos.
 
Según Vico, una civilización puede regenerarse, si surge un restaurador o es invadida por un pueblo más joven. Si no se renueva, el individualismo y la desidia la derrumba “sin que apenas dos puedan ponerse de acuerdo porque cada uno sigue su propio placer o capricho». Es decir, entropía.

 

Sin embargo, salvo que sea verdad lo del gen de la longevidad de las cremas de los anuncios, los humanos individuales estamos condenados a seguir el ciclo de la gráfica e iniciar el camino inverso. Es otro tipo de éxito, que tiene que ver con la comprensión, la simplicidad y el dominio discreto. Para esta fase dice el Tao te king: “Haz que
tu yo
sea más
pequeño. Limita tus deseos (…) el camino luminoso parece oscuro, el
avance parece un retroceso, lo fácil parece difícil (…) los
grandes talentos tardan en madurar; las notas más altas son difíciles
de oír”.
De nuevo en lenguaje ingenieril, ir filtrando armónicos y quedarnos con la hermosa portadora.