Cien días de juegos

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Los números dicen que (Rajoy) ha ganado las elecciones, pero estos nuevos números (todo es nuevo aunque todo parezca al final tan antiguo) no son aritméticos sino transversales, posmodernos...

 

Va a tener razón Rajoy, aunque no lo parezca (nunca lo parece: debería contratar al asesor de imagen de Otegui), en que, para esto, se podía haber ahorrado Snchz el mes de representaciones. Y eso que sólo le habían encargado formar gobierno. Si lo llega a formar, igual hubiera decretado cien días de juegos para inaugurar ese Coliseo de la Carrera de San Jerónimo donde ya se dan espectáculos de ejecuciones y de venationes y un sucedáneo de naumaquia (¡Ay, Carmona!) con el candidato intentando navegar sobre aguas turbulentas.

 

Ahora que lo pienso, Snchz tiene rostro de emperador cruel y caprichoso: “No, no y no”, y Rivera de Augusto. En estos casos, siempre el malo ha intentado envenenar al bueno para eliminar cualquier aspiración al trono, hecho que se pudo vislumbrar el día después del “acuerdo de investidura”, cuando Hernando llevó a cabo lo que podría denominarse la “traición de las diputaciones”, sin que se haya visto aún correr la sangre. Pero el pacto sigue en pie apuntando al presidente en funciones, que resiste por paciente (algunos dirán por convaleciente, postrado en ese escaño, le falta una mantita sobre las rodillas, en el que cualquiera diría que incuba algo) y porque se rodea de guardaespaldas que impiden que le enfoque el objetivo el tiempo suficiente.

 

Los números dicen que ha ganado las elecciones, pero estos nuevos números (todo es nuevo hoy en día aunque todo parezca al final tan antiguo) no son aritméticos sino transversales, posmodernos. Rivera es el último que ha acabado por tacharle como si se hubiera imbuido del espíritu de Rosa Díez, devolviéndole (por sorpresa, justo después de haber intercambiado corteses y sibilinas misivas) toda la crueldad que empleó con ella en la anterior legislatura imperialista por orden del pueblo.

 

Yo no sé si estará de acuerdo Pdr, el socio, con esta directiva augusta en la que él, de tener efecto (una jubilación anticipada de don Mariano con designación de sucesor/a y una oferta irrechazable de gran coalición), quedaría relegado aritméticamente a lo que es: el segundo, sin mayores zarandajas reformistas y de progreso; pero desde ayer siempre podría aducirle a ese pacto, terriblemente compungido, que él no sabía nada y que firmaba los papeles por confianza plena en su marido, antes de irse con el otro.

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