Cinismo

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Como dice Maruja Torres en este artículo, para opinar de todo lo que está cayendo hay que saber de economía, pero, sobre todo, hay que tener decencia y memoria. Es gracias a la memoria de Maruja que me entero de que Mario Dragui, flamante nuevo presidente del Banco Central Europeo, fue directivo en Europa del banco estadounidense Goldman Sachs, precisamente en 2002, el año en que el Gobierno griego contrató a esa entidad para que le ayudase a falsear sus cuentas.

 

¿Nos hemos vueto locos, o ciegos, o simplemente cínicos?

 

Hagamos memoria: desde 2002 hasta que estalló el escándalo, seguido de la crisis de deuda griega, seguido del efecto dominó que contaminó a todo el sur de Europa, el Gobierno griego, con la inestimable ayuda del banco Goldman Sachs, mintió en sus cuentas para cumplir los requisitos de la Unión Europea. Ahora, los mismos políticos que la liaron parda le exigen a Papandreus, que llegó después y se encontró el pastel, amenazan y exigen elecciones inmediatas; y los directivos del banco que les enseñó cómo mentir a la UE presiden nuestro Banco Central. Y, a todo esto, ninguna explicación se nos ha dado sobre quién debía fiscalizar esas cuentas y por qué les colaron tan fácilmente un agujero de miles de millones de euros.

 

La semana pasada volvimos a asistir a un espectáculo con tintes de tragicomedia. Los Mercados entraron en histeria y nuestros gobernantes, más aún, apenas porque el primer ministro griego anunció que convocaría un referendum. No llegó la sangre al río, claro. Pronto se extirpó el peligro de preguntarle al pueblo.

 

Sabemos desde hace tiempo que los culpables de la crisis se han salido de rositas mientras, como siempre, el pueblo paga y las pérdidas se socializan. Pero lo de Dragui es demasiado.

 

Una vez más: ¿hasta cuándo?

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.