Claves abiertas en la lucha contra Obiang

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Sobre la lucha contra la dictadura guineana hay pocas cosas que no hemos dicho, toda vez que no debe dar mucho de sí  el recuento escrito de un régimen tan claramente  animal. Sin paliativos lingüísticos.

 

Pues resulta que hay un hecho que los guineanos interesados tienen que saber, pues marca o determina el devenir de la lucha. El hecho es que el dictador en jefe, enrocado en sus inhumanas posiciones, ha obligado a los guineanos a ir al bosque, literalmente, casi. Y esto se tiene que explicar:

 

En los otros países, y cuando la situación no es de este calibre, los opositores viven en entornos urbanos y llevan trajes de ciudad, y ejercen su labor con la boca, con la lengua hablada y con la escrita. En Guinea, no. Pero no parece ser que los políticos se hayan dado cuenta. En el caso guineano los que se han atrevido a enfrentarse a luchar contra Obiang son obligados a recuperar una tradición muy en boga en los años 60, o la España de los 40: ir al monte, así, literalmente.  Era aquello de que para luchar contra un régimen de este tipo los hombres se cambiaban de ropa y cogían otras armas, y así hasta que derribaban la dictadura. Pero echarse el monte no es tan fácil, y cualquiera se puede encontrar en él sin saberlo. Así: no vives en un lugar seguro, casi no tienes nada que comer, porque no trabajas, y no te dejan o no está permitido usar las herramientas tradicionales de los políticos, la palabra hablada y escrita.

 

Con una vida similar, no tienes suficiente arraigo para fundar o sostener una familia, y sólo dependes de tus compañeros para vivir y para recordar otros aspectos agradables de tu existencia, allá en bosques espesos o recónditos. De esto hay ejemplos numerosos en el mundo entero. Pues la crudeza de la dictadura guineana exige que los luchadores vayan al monte, y no es una necesidad en la que no ha hecho referencia el mismo dictador. “Quien quiere la silla, que haga como yo con mi tío”, dicen por allá que suele decir cuando se siente poderoso con dinero pagado por empresas extranjeras.

 

Pues sobre este asunto tienen que reflexionar todos los guineanos, sobre todo los fundadores de partidos. Helos ahí a todos con traje de ciudad, e intentando gozar de las ventajas familiares y sociales, cuando la tradición recomienda, en casos como el suyo,  tirarse el monte. Lo decimos bien, es para pegar tiros, como lo exige el mismo general en jefe. Y lo hace porque sabe o cree que lleva las de ganar, administrador único del arsenal que le ponen al alcance las potencias armamentistas del mundo entero. Es ahí donde deben centrarse los guineanos de buen corazón y decidir con tino.

 

Y es que no debiendo ir al monte a pegar tiros, porque las circunstancias guineanos lo impiden tajantemente, tienen que adoptar una estrategia intermedia entre ir al monte y quedar a vivir del cuento de ser político de ciudad y salón. El enfrentamiento bélico no es recomendable; el mero aguante en ciudad, esperando de la acción u omisión de los políticos o militares de otros países que no son siempre amigos, tampoco ha dado resultado. Y ya que no podemos exigir que vayan al destierro, y muchos ya lo están, entendemos que en los entornos aparentemente urbanos de su territorio combinen las dos necesidades para erradicar esta dictadura. Se exige, pues, una forma ciudadana, híbrida, entre irse al monte y quedarse en un parlamento, o alrededor del mismo, que no tiene ningún sentido. Háganse luchadores de su ciudad y verán cómo se logrará desarmar al grupo de ineptos dispuestos a apretar el gatillo ante la menor insinuación de su malvado jefe. Cierto, es una lucha también ardua, pero genera grandes beneficios y tiene menos efectos colaterales, porque la única arma en este caso es la palabra, que señala condena y corrige.

 

Creo que esto se lo hemos dicho ya de otra manera. Ahora lo decimos de una forma más bélica. Ojalá se entienda.

 

Barcelona, 8 de enero de 2013

 

POSTDATA: Hay personas aparentemente formadas que no han cesado de hacernos llegar su verdad de que el tema guineano está ya decidido, porque cierta potencia interesada ya controla los resortes del poder, y a raíz de su interés por el petróleo nigeriano. Pues bien, ya dejamos claro que es un argumento falso ese que relaciona el petróleo guineano con cualquier postura política favorable dictador. Y es que en Guinea Ecuatorial no hay ninguna fábrica de armas, que sepamos, y no queda claro que un eventual gobierno en la Guinea democrática no pueda dejarse robar por mantener a la población lejos de los dolores actuales. Cuando en este mundo se justifican las malas acciones es porque hace tiempo que nuestro sustrato humano está perdido.

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.