Cómo era la anterior era teatral para Beatriz de Torres

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Porque está claro que acabamos de pasar una era teatral, en la que hemos crecido, nos hemos formado, hemos aprendido… Lo que venga a partir de ahora (¿mayo? ¿septiembre?…) va a pertenecer a una nueva era teatral, en la que tendremos presente lo que acabamos de vivir, en la que tendremos presente nuestra vulnerabilidad como sector, y esperemos haber aprendido  de este cambio de era… Para recordar cómo fue, proponemos una serie de entrevistas breves sobre la era teatral que acabamos de dejar, siempre desde el cariño y los buenos recuerdos…

¿Puedes contarnos una anécdota que recuerdes con cariño de la anterior era teatral?
Ufff… qué difícil escoger una sola anécdota entre los momentos que me ha regalado mi trabajo a lo largo de todos estos años… Aunque, en este preciso instante, en esta carencia de roces y humores compartidos, me voy a quedar sin duda con los abrazos infinitos de Peter Sellars. La primera vez que me encontré con él fue en el Festival de Otoño de 1999. Venía con un montaje de Historia de un soldado, de Stravinsky, al Teatro de Madrid. Yo me encontré con él la víspera del estreno en el Hotel Liabeny, cerca de la Puerta del Sol, donde él se alojaba y donde a veces convocábamos pequeñas ruedas de prensa durante la época del festival (¡ah… aquellos maravillosos años que tan intensísimamente viví el festival…!). Daba igual las referencias que tuviera de él, nada podía acercarse mínimamente al ser humano que iba a conocer. En cuanto le vi aparecer, antes de presentarme, vi acercarse a un tipo curioso (en todos los sentidos de la palabra), que despedía una luz, un brillo, un halo absolutamente excepcionales; resultaba al tiempo desconcertante y cautivador. Y en cuanto llegó a mi lado, y sin mediar palabra, me envolvió en un abrazo largo, cálido y tan… ¡humano! El que me conoce sabe que esa es mi mayor fortaleza y debilidad: los abrazos. Y si hay alguien en este mundo que abriga el corazón cuando te estrecha entre sus brazos, ese es Peter Sellars. A partir de ese momento y hasta que se fue del festival, no dejábamos de fundirnos en un largo abrazo cada vez que nos encontrábamos, ¡con excusa o sin ella! De verdad… cómo añoro esos abrazos. Seamos como seamos cuando asomemos nuestros cuerpos al mundo exterior, estemos como estemos, yo no puedo ni quiero imaginar un mundo sin ellos… sin los abrazos. (Por cierto, años después tuve la suerte de cenar con él en una reunión muy familiar y seguía dando los mismos abrazos increíbles…)

¿Qué es lo que más te ha gustado en lo que llevábamos de temporada en la anterior era teatral?
Pues mira, voy a decirte uno de los espectáculos que hemos tenido esta temporada en Espacio Abierto, no solo por “hacer casa” (que también), sino porque de verdad es una de las funciones que más me ha conmovido en los últimos tiempos. Se trata de M.A.R, de Andrea Díaz Reboredo. Un espectáculo de teatro de objetos que te mete por completo en una historia familiar tan cotidiana, tan de verdad, que podría ser la de Andrea, la tuya, la mía… la de cualquiera de nosotros. Y lo hace con una delicadeza, una ternura y una sencillez abrumadoras. Tuve la suerte de que me invitara a un pase en su estudio y desde esa primera vez que lo vi me cautivó sin remedio. Luego lo he visto varias veces más, un par de ellas con público de instituto, y es brutal ver cómo entran en la historia y cómo salen estremecidos. Si es que el teatro… es lo que tiene, que cuando te toca, ¡te toca!

¿Qué es lo último que viste en la anterior era teatral y qué rescatas de ello?
Lo último que vi, si no me equivoco, fuel El tiempo todo entero, de los argentinos Romina Paula y Compañía El Silencio, en los Teatros del Canal. No estoy segura de si fue eso o Prostitución, de Andrés Lima, con Carmen Machi, Natalie Poza y Carolina Yuste, en el Español. Cualquiera de ellas la rescataría, aunque traigo las dos, además de por las dudas, porque son dos piezas tan diferentes que me gusta que convivan en una única respuesta. Y, si siguiera yendo para atrás, seguiría encontrando montajes igualmente singulares y dispares, como Ovidia, de la Société de la Mouffette, o Doña Rosita, anotada, de Remón y La Abducción… Qué maravilla poder asomarnos a tantas ventanas y tantos horizontes para ensanchar la mirada, ¿no?

Y ahora, si nos puedes mandar una foto de un recuerdo, un objeto, algo que tengas de la anterior era teatral y que defina tu relación con esa era…

Beatriz de Torres

Ay, pues ese lo tengo claro. Y vuelvo al Festival de Otoño… Os envío el cartel que hizo Lindsay Kemp para la edición de 1997, el primero de Alicia Moreno y lo que cambió sin duda el rumbo de mi destino. Fue también mi primer festival y abrió en mí el telón de forma definitiva. Con él atravesé el espejo y decidí quedarme para siempre cerca de la escena y el mundo del teatro. ¿Cómo no iba a escoger ese recuerdo? Además, con su dedicatoria y todo… “Amor Bea / Lindsay 97”.

(Beatriz de Torres, directora artística de Espacio Abierto Quinta de los Molinos)

El Gallinero es la bitácora de un grupo de dramaturgos que interpretan el papel de un periodista. Un espacio donde se informa del teatro que no acostumbra a salir en los medios de comunicación, de los recovecos que componen la vida teatral de Madrid y los espectáculos/ espacios/ creadores/ gestores menos conocidos.   En El Gallinero escribe nico guau, y en una época escribieron muchas más gallinas: Antonio García, El Trapo, Folguera, la señora del fondo, Manuel Rodríguez, Muflón Silvestre, Pelma y gris, Turuleta, Vera Yobardé... Si queréis contactar con nosotros, podéis hacerlo en elgallinerofronterad @ gmail.com, quitándo lo espacios alrededor de la @.

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