Cómo era la anterior era teatral para Pilar G. Almansa

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Porque está claro que acabamos de pasar una era teatral, en la que hemos crecido, nos hemos formado, hemos aprendido… Lo que venga a partir de ahora (¿junio? ¿septiembre?…) va a pertenecer a una nueva era teatral, en la que tendremos presente lo que acabamos de vivir, en la que tendremos presente nuestra vulnerabilidad como sector, y esperemos haber aprendido  de este cambio de era… Para recordar cómo fue, proponemos una serie de entrevistas breves sobre la era teatral que acabamos de dejar, siempre desde el cariño y los buenos recuerdos…

¿Puedes contarnos una anécdota que recuerdes con cariño de la anterior era teatral?
¡La anterior era teatral es toda mi vida! Se me dan fatal las anécdotas, pero creo que si voy a recordar algo toda mi vida es el siguiente percance, que ocurrió durante la temporada de Pacto de estado en el Nuevo Teatro Alcalá, en 2011. En esa función, además de dirigir y escribir, yo salía al final haciendo de azafata de programa de televisión, con una minifalda cortísima: esperaba con el técnico durante toda la función y luego hacía en oscuro mi sorprendente entrada estelar. Poco antes de ese momento tenía lugar la escena más conflictiva de la función, ‘El diario de Aránzazu’, unos títeres que remedaban un programa de media tarde, en el que un etarra triste iba a contar sus miserias a la tele y al que producción del programa le sorprendía con la visita de la cúpula de ETA en directo. Era un momento siempre tenso: el espectador o se enamoraba de la función o se levantaba indignado, algunos se fueron gritándole a los muñecos “¡Sinvergüenzas!’. Bien, pues durante una función desde mi posición junto al técnico, mientras estaba el etarra triste cantando ‘Por qué me siento desarticulado’, empecé a escuchar resoplidos en el público. Pensé que era alguien indignado por lo que estábamos haciendo, y no le di mayor importancia. La cosa continuó hasta que alcanzó unos decibelios algo molestos. Me acerqué a la zona del público para ver qué estaba pasando, y una señora me dijo “Le está dando un ataque”. A todo esto, los actores estaban terminando el número de títeres. Bien, pues según salieron los actores, le dije al técnico que parábamos la función: encendimos luces, entré de la nada con unos taconazos enormes, los labios rojísimos, el pelo al viento y mostrando muslamen y, con toda la credibilidad que pude reunir, dije “Esto va en serio, no forma parte de la función, ¿HAY ALGÚN MÉDICO EN LA SALA?”.

El señor salió ahogándose, en el teatro llamaron al SAMUR, nosotros retomamos donde lo habíamos dejado, y cuando terminamos aún seguía ahí, recuperándose de lo que fuese que le había dado. Nos dijo que le estaba gustando muchísimo y le dejamos unas invitaciones para otro día. Pero sí, yo he dicho esa frase en serio y vestida de mujer florero…

¿Qué es lo que más te ha gustado en lo que llevábamos de temporada en la anterior era teatral?
Las ultracosas, de Cuqui Jerez, me flipó. Hacía tiempo que no vivía una experiencia parecida. De hecho, cualquier cosa que diga sobre aquello lo único que haría es pervertirlo. Te puedo contar que tardé un poco en entrar, como una hora, pero hubo un momento en el que conecté y luego las cuatro horas restantes fueron un trance. Entré en el código absolutamente. Estaba hecho con mucha inteligencia, mucha guasa y mucho conocimiento escénico. Volvería a vivir esas cinco horas sin dudarlo.

¿Qué es lo último que viste en la anterior era teatral y qué rescatas de ello?
Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia. Es la primera vez que he visto a El Brujo, y me parece un animal de escenario. Me encantó la parte pedagógica de la función, es una manera de hibridar entretenimiento con divulgación que encuentro muy singular.

Y ahora, si nos puedes mandar una foto de un recuerdo, un objeto, algo que tengas de la anterior era teatral y que defina tu relación con esa era…

Pilar G. Almansa

Esta es de las pocas imágenes que conservo del taller que hicimos en Moscú un grupo de jóvenes directores en 2014. Hice un site specific con un texto de Valle Inclán en el hueco de una escalera de 7 plantas. Ensayar era una locura, mis actores no hablaban bien inglés, yo no hablaba ruso y todo estaba lejísimos… Lo disfruté tanto que, como siempre, se me olvidó sacar fotos. Menos mal que Sava Cebotari, mi compañero allí en Moscú, procuró de vez en cuando sacar alguna. Me da mucha pena porque lo trabajamos mucho, salió algo muy mágico y solo tengo esto para recordarlo. Y eso es, precisamente, lo que define mi relación con esa era: soy malísima para documentar lo que hago, y luego, cuando ya ha pasado, me da mucha rabia que solo esté en mi retina y no haya nada para dar fe de lo que ocurrió, o para que yo pueda disfrutar mirando hacia atrás. Estoy condenada a vivir en el presente… Cuando vuelva la normalidad, sea nueva o vieja, a ver si me cambio de móvil y saco más fotos.

(Pilar G. Almansa, dramaturga y directora)

El Gallinero es la bitácora de un grupo de dramaturgos que interpretan el papel de un periodista. Un espacio donde se informa del teatro que no acostumbra a salir en los medios de comunicación, de los recovecos que componen la vida teatral de Madrid y los espectáculos/ espacios/ creadores/ gestores menos conocidos.   En El Gallinero escribe nico guau, y en una época escribieron muchas más gallinas: Antonio García, El Trapo, Folguera, la señora del fondo, Manuel Rodríguez, Muflón Silvestre, Pelma y gris, Turuleta, Vera Yobardé... Si queréis contactar con nosotros, podéis hacerlo en elgallinerofronterad @ gmail.com, quitándo lo espacios alrededor de la @.

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