¿Cómo leer un libro de poesía?

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¿Tiene la poesía un manual de instrucciones? Seamos sinceros, en la escuela no se nos enseña a leer, y menos poemarios. Como mucho, en nuestra primera memoria de adolescente anidan algunos poemas sueltos y clásicos que nos acompañarán siempre. Pero, ¿cómo leer ese libro de poemas que tenemos entre las manos?

 

Algunos poetas pueden considerar que es una pregunta sorprendente y extravagante. Sin embargo, los lectores adultos y primerizos se la hacen al enfrentarse a un libro de poesía. Probablemente muchos otros nos la hicimos también la primera vez que hojeamos una de estas obras, aunque ahora no sepamos responder dónde y, sobre todo, cómo aprendimos a leer los versos de un desconocido. Porque, seamos sinceros, en la escuela no se nos enseña a leer, y menos poemarios. Como mucho, en nuestra primera memoria de adolescente anidan algunos poemas sueltos y clásicos que nos acompañarán siempre. Pero, ¿cómo leer ese libro de poemas que tenemos entre las manos?

 

Ante todo se necesita tiempo, ya que la búsqueda incesante entre sus páginas es ineludible. Sin la experiencia de los matices y del silencio, nunca encontraremos lo que buscamos. Pese a ser un lector de domingo y de días perdidos, tengo mi propio ritual casi supersticioso. Lo primero que hago es observar detenidamente el índice para subrayar los títulos que me vociferan y que, tras la lectura de la poética del autor, serán los primeros en ser atendidos. Después procedo a la lectura atropellada, aunque ordenada, del resto del volumen. Nunca me detengo en los poemas que me agarran. Prefiero apuntarlos y reservarlos. Siempre me pregunto por qué razón me gustan esos y no otros. Y la razón suele ser la misma: mi vida. A los demás les doy una segunda oportunidad, pero los abandono pronto, porque considero que un poema del que no has de beber, mejor dejarlo correr. Además, sé que hay un placer inconfeso en releerlos con otra mirada.

 

El lector de poesía regresa devotamente a los poemas que le han marcado. Los libros de poemas son huellas de una vida que reconocemos. En árabe, esto es evidente, ya que el término poesía (shi´r) procede de la palabra shu´r, que define la conciencia y la sensación. Entre nosotros fue Jaime Gil de Biedma quien mejor lo intuyó, al afirmar que un libro de poemas es la historia de una persona y que ésta se puede convertir por su significación en la de otros.  

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Joseba Louzao nació en Bilbao en 1983. Es doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco (UPV) y en la actualidad es profesor en el Centro Universitario Cardenal Cisneros (Universidad de Alcalá de Henares).
Está especializado en historia de las religiones y es autor del libro Soldados de la fe o amantes del progreso. Catolicismo y modernidad en Vizcaya (1890-1923) (Genueve Ediciones) y, como coordinador, de La restauración social católica en el primer franquismo, 1939-1953 (Publicaciones de la Universidad de Alcalá de Henares). Este blog será su particular maleta preparada, porque el pasado siempre es un país extraño.