Cómo reconocer una cobra

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Ya hemos hablado en más de una ocasión del daño que al sexo le ha hecho el cine porno o de lo nocivo que ha venido resultando el cine hollywodiense para la noción del amor. Así las cosas, los machos piensan que todas las tías se abrirán de piernas nada más sacar ellos su pene erecto (imaginando además que todas tenemos las uñas largas y pintadas y decimos “oh oh si sí, dame más” mientras lo hacemos). Por su parte, nosotras, víctimas de un visionado excesivo de cine sentimentaloide, seguimos esperando que llegue un chico guapísimo, inteligente, que nos regale muchas flores y que además sea empático, dulce, comprensivo, etc, etc. Y así nos va, que somos, como diría mi amiga Carla, unas arrastradas.

 

Pues bien, debo reconocer que hay una película que ha aportado mucha claridad a las relaciones amorosas o al amor no correspondido para ser más exactos. Y además es una película española, coño, que no todo va a ser no ganar una puta medalla en los JJOO o la jodida prima de riesgo.

 

Me refiero a Pagafantas, de Borja Cobeaga, una estupenda cinta cuyos minutos iniciales ilustran sobremanera sobre lo que es una cobra. Y no me refiero al bicho que tan bien describiría el difunto Félix Rodríguez de la Fuente, no, sino a “hacer una cobra” que viene siendo un “quita bicho”. “Hacer una cobra” es, físicamente, echarse para atrás, en clara alusión al movimiento que hace la serpiente. En la estupenda cinta es la chica la que constantemente le está haciendo cobras al pobre chaval, un pagafantas. Pero no penséis que esta habilidad, la de hacer cobras, es exclusivamente femenina… nanana, de un tiempo a esta parte los hombres. o lo que queda de ellos, se han hecho expertos también en este arte escapista. Para mayor despiste de mujeres, claro.

 

Yo, que me debo a vosotros/as (más a vosotros, que ya sabéis que soy muy fálica) os voy a explicar cómo identificar una cobra en el mundo virtural (2.0) porque en el mundo real (1.0) yo creo que quien más quien menos se percata claramente de ellas.

 

Cómo identificar una cobra en el mundo 1.0 y 2.0:

 

–Si duerme en tu casa y no follas. Claramente, es cobra o es gay. Una de dos.

 

–Si cuando quedas con él/ella te da abrazos (esto se explica muy bien en Pagafantas) o te masajea la espalda al abrazarte. Esto, chicos y chicas, es signo inequívoco. Si lo hace no le gustáis. No vayáis más allá: será cobra tarde o temprano.

 

–Si tras proponerle multitud de planes responde: “no sé, lo voy a pensar, lo tengo que mirar”. Es cobra. Os lo juro, le pasó a mi primo.

 

–Si le propones sexo y te suelta que le haces sentir un objeto sexual. Esto no sé si es cobra o no, pero inequívocamente es de gilipollas. Doy fe. Me pasó a mi.

 

–En Badoo: son cobras cuando mandas un mensaje, el otro está conectado (lucecita verde) y no contesta o tarda sobremanera en hacerlo. Que no te engañe con frases del tipo “no estaba delante del ordenador” (fijo lo tiene también en el móvil) o “estoy en el curro”. Si tarda en contestar es que está dándole coba a otros/as. Es cobra.

 

–En Twitter: si tras el intercambio de varios dm, se muestra decaído/a (tarda en contestar, es monosilábico, no muestra el interés inicial) y si por supuesto, no vuelve a responder. Es cobra. Actualmente estoy analizando a aquellos sujetos que te envían repetidamente mensajes directos pero no muestran interés en quedar cuando se lo planteas. Pueda ser, y es lo que intento demostrar con un estudio empírico patrocinado por el CIS, que estén casados o que sean gays. O ambos, porque no son excluyentes.

 

–En Meetic: si tras el envío de varios flechazos no tienes respuesta, no lo sigas intentando. Es cobra.

 

–En Whassap: como normal general (también es empírico), más de tres guasaps sin responder con el otro/a en línea, es cobra.

 

Por favor, si tenéis otras pruebas de cobras, ya sabéis dónde me tenéis…

 

Postdata al troll que cuando escribo un post me manda mensajes. No es necesario que lo hagas, dedícate a otros menesteres que ya tienes, a ver si te duran más que los anteriores. Regards (regards es saludos en inglés). .)

 

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Vengo de París, como casi todos los niños, y me he pasado la vida entre Francia y España (aunque me defino extremeña). Empecé escribiendo de economía en Capital pero tras ocho años en los mercados bursátiles, y demostrando ser de perfil arriesgado, me hice freelance. He colaborado con los principales medios de este país y escrito varios libros de sexo, el último, "Hola, sexo: anatomía de las citas online (Arcopress)". Este blog es a consumir sin moderación pero ¡tampoco te lo creas todo!