Cómo suicidarse en internet y no morir en el intento

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Gracias a la prodigiosa capacidad de internet de acaparar y desordenar nuestro tiempo, la procrastinación es el trastorno de moda entre los humanos conectados. Por si alguien no conoce la palabreja –que proviene casi intacta del latín–, procrastinar es aplazar una tarea importante, sustituyéndola por otra mucho más irrelevante y placentera. Antes le llamábamos pereza. Nada nuevo. Sin embargo es cierto que la Red, ese infinito jardín de senderos que se bifurcan, multiplica notablemente el riesgo a la dispersión y la errancia. A perder el tiempo en internet se le llama desde hace algunos años intercrastinar y el lugar favorito para hacerlo hoy son las redes sociales.

 

La semana pasada Facebook superó en visitas a Google. Su juego social Farmville tiene más de ochenta y dos millones de usuarios activos mensuales, y mantiene enganchados compulsivamente a una gran parte de ellos. Así como el automóvil propicia nuestra agresividad, las redes sociales hacen lo mismo con nuestra simpatía más banal. Exhiben una realidad guay, trufada de colegueo intrascendente y piropos mutuos, organizada siempre alrededor de lo mismo: comentar y ser comentado, o mejor, etiquetar y ser etiquetado. Construimos un mundo paralelo de fotos, opiniones y chascarrillos, y lo exponemos a los demás, que con su pulgar y sus comentarios pergeñan nuestra identidad. En las redes sociales, más aún que en la vida, somos lo que somos en función de los demás. Otra vez el gran Clément Rosset. Para mí lo importante no es ser tu amigo, sino que tú seas el mío.

 

Si un intercrastinador decide un día rehabilitarse y desaparecer de internet, lo tiene dificil. Su vida virtual se ha extendido tanto a lo largo de la compleja red de ramificaciones sociales, máquinas del tiempo, registros y dlls, que eliminarla completamente resulta lento y complicado. No es fácil quitarse la vida en internet. Eso es lo que pretende solucionar la Web 2.0 Suicide Machine, una aplicación creada por el colectivo holandés moddr_ que, en sólo unos minutos y de forma automatizada, elimina por completo todo rastro de nuestra presencia en las cuatro redes sociales más importantes: Facebook, Myspace, Twitter y Linkedin. Una tarea que, si intentáramos hacerla manualmente, nos ocuparía horas.

 

Les recomiendo encarecidamente que visiten con calma la web del proyecto, conozcan a fondo la historia, lean la carta de demanda que Facebook les ha remitido y disfruten con los maravillosos videos. Inteligencia y humor a partes iguales.