Confinamientos

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1.

 

 

En estos tiempos de zoom y videoconferencias, de habitaciones propias interconectadas, vale la pena acordarse de Dan Graham y de su serie de instalaciones de 1974 Time Delay Room, en particular de una de esas diez instalaciones: Present Continuous Past(s). Se trata de la primera que hizo Graham y la que le serviría como modelo para la mayoría del resto de sus trabajos en los que se producen interpenetraciones espacio temporales. En ellas, el espectador es al mismo tiempo sujeto y objeto de la percepción.

Se trata de una habitación con paredes de espejo y una cámara que graba lo que tiene frente a sí, además de los reflejos en la pared que queda a la espalda del espectador, y los reproduce en un monitor con 8 segundos de retraso. Así, los espejos reflejan el tiempo presente y la imagen grabada se emite -con retraso- gracias a un segundo vídeo que reproduce la cinta.

Cuando el espectador mira el monitor ve al mismo tiempo la imagen de sí mismo de hace 8 segundos junto a lo que se refleja en el espejo, más la imagen reflejada del monitor (que muestra la imagen grabada de 8 segundos antes). Así, una persona que mira el monitor se ve a sí misma en dos tiempos pasados. Con ello se crea una sensación infinita (en intervalos de 8 segundos) de tiempo revertido. Alguien que estuviese mirando desde fuera tendría una visión objetiva del tiempo presente en tanto que el espectador está inmerso en su visión subjetiva. Los espejos reflejan de manera estática el tiempo presente en tanto que el monitor reproduce el movimiento continuo de un pasado huido que vuelve en un continuum irrefrenable.

 

2.

 

 

Me doy cuenta de que esta pieza de Hiraki Sawa (2002), dwelling, define a la perfección mi confinamiento, como un sueño infantil. En su austero piso de Londres, de cuando era estudiante del Slade School, Sawa graba en blanco y negro, sin ninguna pretensión técnica (lo que habría de incidir en la sensación de desarraigo) los espacios desangelados de su casa, una casa que parece un lugar de tránsito. Poco a poco, los diferentes espacios del piso comienzo a ser surcados por aviones. Así, estas imágenes aparecen superpuestas a las imágenes del espacio de la casa. Casi nueve minutos en los que un montón de aviones de diferentes tamaños deambulan por el piso (la cocina, el baño, el comedor, el dormitorio, el pasillo). La imagen entonces funde a negro y uno de los aviones logra escapar y se pierde libre por el aire. Pero nosotros, los espectadores, nos quedamos en la casa.

 

3.

Yo también estuve enamorado (o lo soñé acaso) durante el confinamiento. Y hay unos versos de Ausias March, de sus Dictats, concretamente del XXXIX, que me lo recuerdan.

Dicen así:

 

“Alguna part, e molta, és trobada

De gran delit en la pensa del trist,

E si les gents ab gran dolor m´han vist,

De gran delit ma arma fon companyada.

Quan simplemente amor en mi habita,

Tal delit sent que no·m cuid ser al món,

E com sos fets vull veure de pregon,

Mescladament ab dolor me delita”.

 

“En la mente del triste siempre hay una parte, y no pequeña, de gran deleite, y si la gente me ha visto con mucho sufrimiento, acompañaba a mi alma un gran placer. Cuando el amor sencillamente me posee, siento tal gozo que apenas sé si estoy en este mundo; y como quiero conocer sus hechos en profundidad, me causa dolor a la vez que me complace”.*

Porque el amor, sí, a veces, también es una cárcel (de gozo).

*La traducción es de Marion Goderch y José María Micó.

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