Confrontémonos todos

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He oído a Rubalcaba –y van varias veces- usar el verbo confrontar como verbo intransitivo puro y duro, más o menos así: si el PP sigue con su contrarreforma, “con seguridad confrontaremos. Esto pide a gritos un algo. Resulta que, primero, confrontar no siempre significa “enfrentar”, sino comparar, cotejar o poner frente a frente. Si quieres usar ese verbo (¿por qué?) tendrías que decir “nos confrontaremos con ellos”. Confrontados estáis muy a menudo, en el Parlamento por ejemplo. En cualquier caso, y aunque se use como intransitivo necesita un complemento, generalmente introducido por con. (“Este caso confronta a Austria con su pasado nazi”). Constato estos días que en el PSOE hay una oleada de confrontaciones y otra de “puestas en valor”, galicismo cursi e inútil donde los haya. Los errores se contagian en los grupos humanos a más velocidad y con más entusiasmo que los aciertos. ¡Paciencia!

 

ZP está convencido que. Empezó así (“estoy convencido que no estamos tan mal”, en el congreso en que fue elegido secretario general) y desde entonces no ha parado, ni siquiera en su reciente intervención en el Consejo de Estado. No es el único, no. Pasó a la historia lo de estar convencido de que.

 

Y Juan Ignacio Wert dijo el otro día, “es inveraz” cuando comentaba la gracieta de los guiñoles franceses sobre el deporte español y el dopaje. A este hombre voy a seguirle muy de cerca porque me parece que es una mina. Es el mismo que dijo hace unos meses “delincuenciar”. Y hace algo más de tiempo fondeo (funding) por financiación. Inquietante que este señor que habla tan mal sea el encargado de la educación y cultura de los españolitos.

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.