Consejos para retrasar un poco una guerra civil

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Todo indica que la temporada veraniega en Líbano se acabó antes de empezar. Los últimos titulares espantan definitivamente a los turistas del Golfo Pérsico y a los pocos europeos que descendían de sus flamantes cruceros en el puerto de Beirut, caminaban por las cuatro calles asfaltadas e impolutas del Downtown, y después de comer una bandeja de anacardos y beber un café con sabor a tierra cortado con estricnina retornaban a surcar las aguas del Mediterráneo agitados por la emoción de haber pisado una ciudad legendaria. “Beirut is back”, rezaba hace unos meses un enorme cartel junto al impresionante Four Seasons. El Líbano ha vuelto, sí, con mayúsculas, a los disparos, a los secuestros, a los señores feudales pactando hasta con el mismísimo diablo, a los chanchullos, a las luchas indiscriminadas por el poder, al sálvese quien pueda, a lo mejor de cada casa razonando con varias ráfagas de tiros al aire.

 

No vamos a esquivar lo inevitable pero estos son solo algunos consejos para al menos poder disfrutar de los meses de playa antes de que nos quiten también el derecho a azotar a las sirvientas filipinas.

 

1) Cualquier libanés de bien tiene un arma en su casa. Completamente aceptable, pero no compres más a menos que sea estrictamente necesario, como para disparar a dos manos al coche del amante de tu mujer o para asustar con tus hijos en las noches estivales a los sirios que vagabundean por las calles en busca de una obra en la que dormir.

 

2) Poseer un fusil de asalto no es lo mismo que hacerse con un arsenal entero. No se puede hacer el mismo paralelismo entre armas y chocolatinas con las que da igual tragarse 5 que 18 porque ya eres un gordo sin remedio. Recuerda que disparar a los ladrones o a otras confesiones religiosas con un RPG es, desde el punto de vista de la guerrilla urbana, incorrecto. Los lanzagranadas frenan carros de combate, pero jamás deberían utilizarse en callejones empinados y tortuosos.

 

3) No lleves un arma en el coche porque los conductores libaneses te ofrecerán cientos de motivos para utilizarla. La masacre está garantizada. Intenta manejar con calma, la señora de la tienda de ultramarinos que va a depilarle por primera vez los sobacos a tu virginal niña seguirá ahí dentro de media hora. Y si todo esto no funciona no olvides que en Europa respetar un semáforo mola y tú siempre has presumido de ser un tío “molón”.

 

4) Mantente al margen de cualquier tipo de organización política, no digamos ya paramilitar. Seamos honestos: todos, absolutamente todos los políticos del Líbano, participaron en la guerra civil, se beneficiaron de ella, volverán a hacerlo y en cualquier país que no sea la mandanga mediterránea estarían sentenciados como mínimo a 435 cadenas perpetuas.

 

5) No entres en discusiones religiosas, a menos que Hizbolá o Arabia Saudí te paguen por ello, si no estás seguro de no poder asesinar a alguien.

 

6) No permitas que tus hijos pierdan el tiempo los fines de semana en actividades políticas organizadas por los colegios o universidades. Las universidades no sirven para nada, les pagas, y te devuelven a una estúpida monja o a un salafista deseando quemar contenedores.

 

7) No hay necesidad de abrir fuego si alguien del vecindario, aunque sea de otra secta, aparca en tu lugar habitual. Pínchale las ruedas o rómpele un par de cristales, pero no mates a nadie.

 

8) Si no eres capaz de impedir el estallido de un enfrentamiento armado tras un partido de fútbol mejor quédate en casa viéndolo por la televisión.

 

9) Asume de una vez que vives en el cagadero de Oriente Medio y que todos los demás países vienen aquí a limpiar su mierda. Consumir heroína te ayudará a relajarte.

 

10) Y sobre todo, la más importante, si estás absolutamente convencido de que tu misión es matar, apunta, como en la lista del supermercado, el nombre y apellido del objetivo a batir. No te desvíes del blanco, repítete a ti mismo mentalmente su identidad y dirección, y así evitarás liquidar en la reyerta a 5 vecinos, 2 perros que ladraban, los hijos, suegros y cuñados de la víctima y el sudanés que adecentaba el jardín.

 

El Líbano te lo agradecerá.