Constancia, deja a los bubis en paz

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Y no por bubis, sino porque os habéis pasado. Ya dijimos algo contra vuestra furia acaparadora cuando llegaron a nuestros oídos vuestro plan  de echar a los indefensos, cantadores y bailarines de vuestra maldad residentes en Bikui, Bata. Y no fue el único sitio en que os hicisteis con las tierras, las casas y la vida de otros por creer que todo esto es vuestro. Ahora toca a los bubis de Rebola y queremos, yo quiero que los dejes en paz.

 

Aborrecida Constancia: tú eres una simple ayudante de maestra, pero con suficiente experiencia para saber que no hay ningún guineano que no es de algún sitio de la Guinea Ecuatorial. Sí, sabes que todos nosotros somos de algún lugar geográfico de Guinea. Pero desde que tu marido se afianzó en el poder tras el golpe de estado que te arrojó de las escuelas, y arrojó a Macías de la silla, creíste que la palabra guineano se inventó ayer, y que todos los hombres y mujeres, incluso tullidos de por vida, que os aplauden y os alaban, son extranjeros, que vinieron del extranjero para alabaros, a ti, a tu marido y a los generales de vuestra familia. Y también a tu hijo. Pero no es así.

 

Deja en paz a los bubis y déjales con sus tierras donde puedan plantar una malanga para comer y no morirse de hambre. Con el dinero que cobráis los de vuestra casa por el alquiler de los edificios de Sipopo, que en realidad son tierras de los ciudadanos de Baney, a quienes echaste de ahí como acostumbras a hacerlo, tienes suficiente dinero para comprar de todo en todo el mundo. Además, el ingreso de Sipopo es reciente, pues antes de ello ya tenías medio Malabo, y habiendo nacido en otro lugar. Es decir, imposible que hubieras podido ser dueña de todo lo que tienes si cuando llegaste a Malabo no había ninguna calle con el nombre de tu padre.

 

Deja a los bubis en paz, no vaya a ser que cuando te reclamen las tierras de las que te quieres apoderar los acuses de separatistas y mandes a ellos a los escuadrones de la muerte que están al mando único de tu hijo más querido. ¡¡Deja a los bubis en paz!!, ¡¡no necesitas dinero con todo lo que habéis quitado a todos los guineanos!!

 

La profunda voracidad de tus deseos te impide ver que tú y tu familia habéis trazado un hoyo grandísimo entre la gente de vuestra casa, y todos los jovencitos armados que hacen el mal por vosotros, y los guineanos que a veces decís que representáis. Al recurrir a ti para decirte que dejes a los bubis en paz, te recordaré igualmente que vuestra insaciable voracidad os ha enemistado con tantos guineanos que os ha cegado a la hora de exteriorizar vuestra injustificada cólera. En este plan ajusticiador, y eliminando a los que impiden que calmes esta terrible sed de bienes que tienes, vas a quedar solo ante los que te recordarán al final que te has pasado veinte mil pueblos causando tanto daño a la gente. Y en aquel entonces, y como ocurrió con el tío de tu marido, Macías, habrás eliminado a todos los hombres de bien que podrían salvarte la vida, aunque hubiera sido tan mísera como ahora pones de manifiesto.

 

Es decir, Constancia, te escribimos, aunque no quieras, para que salves tu vida aunque a riesgo de perder la nuestra. No es ninguna contradicción. Sólo dejando vivir a otros, puedes tener elementos para aferrarte a la vida.

 

Barcelona, 19 de noviembre de 2012

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.