Continuación de las plazas

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En la plaza de la Plaza de Juan Goytisolo empieza una batalla de globos de agua. Colores iluminan el suelo. Los niños recargan las bombas en la fuente. Varios frentes están abiertos y la plaza se extiende por la ciudad desde el atardecer. Sitúan enemigos en los ascensores de cristal que suben y bajan, lanzan. Explotan algunos en las cabezas, regueros de agua como mangueras desatadas. Los aliados con los rivales acuden desde las muchas esquinas de la plaza para echar una mano, llenar el cubo de globos de agua de variados tamaños. Bombas pequeñas, tamaño uva, medianas, racimos, enormes, tamaño cabezas de personas mayores. Pido a uno de ellos, combatiente y en pie en la plaza Juan Goytisolo, un globo de color rojo a su criterio, él decida. Lo quiero para ejercer la violencia, la amenaza, el deseo es una pregunta cuya respuesta no existe. Solo en esta plaza es posible lograrlo, tenerlo, adquirirlo, comprarlo. Mercado colorido, negro o azul. Ahora puedo seguir sin ellos, saludo erguido y estrecho la mano de Juan. Voy armado.

Gracias.

La plaza continúa, sale, desbordada.

Es de noche y el globo rojo espera todavía en mi mano a las doce y once. Llegamos a otra plaza, plaza de la Plaza del Alférez. Hay un banco de madera frente al muro.

Vacío.

Al otro lado de las ventanas y rejas hay otra plaza, la plaza de la Plaza.

No hay nada más.

Dentro es posible.

Recuerdo cuando el niño, Juan me dijo, bajito, en la oreja, justo cuando me daba, me daba el globo rojo, dijo que lo utilizara en el momento justo porque solo había una posibilidad de batalla. Crear paisaje. Lanzamos la bomba contra el muro para crear un hueco para siempre.

La plaza empieza a y media.

Él seguirá en metro hacia Washington Square.

Vuelos cortos, Barbara Probst Solomon

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