Cosas mías XIV – El futuro

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(Se pueden leer los capítulos anteriores aquí y aquí.)

Rosa está bailando en el salón. Luis la mira desde el sofá sin poderse creer lo que está viendo. Ella tiene puesta a todo volumen una canción de una obra de teatro musical. Sigue bailando y cuando la cantante comienza a cantar, empieza a hacer playback. Julián, que también está en el sofá, no puede más y para la música. 

JULIÁN.- ¡Estate quieta ya, ridícula!

ROSA.- ¿Cómo? ¿Qué me has llamado?

JULIÁN. Pues lo que eres: ¡ridícula!

ROSA.- Envidia, eso es lo que tienes.

JULIÁN.- Sí, seguro, envidia, ya te digo…

ROSA.- Te da envidia que yo podría haber sido una gran artista, y tú no…

JULIÁN.- Sí, claro, con lo «poco agraciada» que eres, y el poco ritmo que tienes…

ROSA.- ¡Maldito envidioso! Además, no hace falta ser guapa, mira Paz Padilla, por ejemplo… ¡Pero qué digo! ¡Si yo no soy fea! ¡El que es verdaderamente feo y que incluso me salen granos si te miro fijamente, eres tú!

LUIS.- Esto ya está degenerando… Me voy… (Se levanta.)

ROSA.- Degenerado lo será tu padre. Y siéntate ahí otra vez, hijo, que tengo que contaros algo.

LUIS.- Yo no he llamado degenerado a nadie… (Se sienta.)

ROSA.- Me da igual, he aprovechado para decirle la verdad a tu padre. En esta casa hay que decirnos la verdad. Julián, eres un degenerado.

JULIÁN.- Muy bien, ahora me toca a mí: Rosa, eres imbécil.

ROSA.- Qué poco original. ¡Tragabalsorras!

LUIS.- ¿Qué es eso?

ROSA.- Y tú, Luis, cállate, que para ti también tengo… Que no le dejan a una quitarse el estrés tranquila… Me pongo una música y me pongo a bailar sola en el salón y enseguida aparecen los dos comegusanos estos a fastidiarme la tarde.

JULIÁN.- El salón es de todos.

ROSA.- El salón es de todos cuando me da a mí la gana. Ya sabes que aquí las normas las pongo yo, y si no te gustan, te vas al armario.

JULIÁN.- Quiero ver la tele. ¿Dónde has puesto el mando?

ROSA.- Nada de tele hoy.

JULIÁN.- Como sigas así voy a hacer una revolución en mi propia casa.

ROSA.- Sí, tú, el más revolucionario, el más luchador, como cuando éramos jóvenes, que cada vez que había manifestación decías que estabas malo…

JULIÁN.- Eso es mentira.

ROSA.- Eres un maldito cobarde y lo sigues siendo. Y además, te he decir que hay una cosa que no me esperaba de ti: tras tantos años de casados, aprovechas la cuarentena para salir del armario.

JULIÁN.- ¡Pero estás loca! ¡Si en el armario me metiste tú!

ROSA.- ¿Y eso qué tiene que ver? El que has salido del armario eres tú.

JULIÁN.- Déjate ya de chorradas.

ROSA.- Déjate de chorradas tú, que me entretienes. Veréis, me parece genial que estéis aquí juntitos porque os voy a decir una cosa.  He pensado una solución ideal para tu futuro, Luis. Porque es que no sé si sabes cómo se va a poner el mundo después de esto…

LUIS.- Bueno, yo voy a acabar filología, y…

ROSA.- ¿Y qué salidas tiene eso? ¿Te vas a convertir en un artista de balcón?

LUIS.- ¿Artista de balcón?

ROSA.- Hoy has salido a recitar poemas a la hora de comer, como un vulgar artista de balcón… ¿Así es como te ves en el futuro? ¿Para eso estudias filología?

LUIS.- Hoy es el Día del Libro y eran poemas de Benedetti.

ROSA.- Y a mí que más me da que sea el Día del Libro y que sean poemas de Bene-mierda.

LUIS.- ¿Pero por qué tienes que decir cosas feas de todo? ¡Benedetti! ¿No sabes quién es Benedetti? ¡Benedetti es el…!

ROSA.- Claro que sé quién es Benedetti, Luis, que yo también he sido universitaria… Solo te estoy provocando, y por tu reacción deduzco que estás en la fase de «Benedetti es el puto amo…» Pero, tranquilo, eso se pasa pronto. Ahora solo te falta la guitarra para ser el hippy completo…

LUIS.- Mamá, no digas tonterías. Y sí, me gustaría aprender a tocar la guitarra.

ROSA.- ¿Ves? Lo sabía. Pues no.

JULIÁN.- Pues a mí me gustaría que tocara la guitarra, ya que yo no pasé de los tres acordes. Mi guitarra está en casa de los abuelos. Es buena, me costó una pasta.

ROSA.- ¡Tú te callas, mangurrias! Nada de guitarras. ¿Qué piensas hacer con tu futuro, hijo?

LUIS.- Pues filología tiene muchas salidas, por ejemplo, los idiomas…

ROSA.- ¿Los idiomas son una salida? Pero si no vamos a poder viajar… Se van a acabar las compañías de vuelo baratas. Vamos a estar como en los años 70, como cuando costaba un riñón de la cara ir a París y acababas yendo en tren y de noche para no perder un día viajando, y llegabas tan hecho polvo que esa mañana la Torre Eiffel te parecía una gran mierda.

LUIS.- También puedo ser profesor de universidad, o de instituto.

ROSA.- Pero si ya nadie va a ir a estudiar. Si todo va a ser online…

LUIS.- Pero tendrá que haber profesores.

ROSA.- A ver, que no os habéis enterado ninguno de los dos, que el mundo ha cambiado, y esto del coronavirus es el punto de inflexión… Qué palabras más bonitas digo, ¿habéis visto? ¡Punto de inflexión!

JULIÁN (a su hijo).- Está loca.

ROSA.- ¡Calla, gandurcio!

JULIÁN.- ¡Y tú rebanagorrinos!

ROSA.- ¡Sacasábanas!

JULIÁN.- ¡Trepanaestrojolios!

LUIS.- Papá, ¿eso existe?

JULIÁN.- ¿Y yo qué sé? Ella se inventa los insultos, pues yo también.

ROSA.- A ver, ¡silencio! Verás, Luis, he pensado la solución ideal para tu futuro…

JULIÁN.- Venga, suéltala…

ROSA.- Podrías hacerte escritor de discursos de políticos.

JULIÁN.,- Menuda gilipollez.

LUIS.- Eso no existe.

ROSA.- ¡Claro que existe! ¿Acaso crees que los políticos sabrían juntar tantas palabras si alguien no se las escribiera? Y discursos políticos se van a seguir haciendo en el poscoronavirus… En la era posvirus… ¿Cómo se llamará la nueva época?

LUIS.- Yo la llamo Mundo 2.0.

ROSA.- ¿Mundo 2.0? ¡Me gusta! ¿Lo ves? ¡Tienes alma de escritor de discursos de políticos! Lo he decidido, vas a ser escritor de discursos de políticos. Te he hecho una lista de palabras y expresiones que tienes que empezar a aprender… Te la voy a leer.

JULIÁN.- Yo me voy a mi cuarto…

ROSA.- ¡Tú te quedas ahí! ¡Estamos hablando de algo muy importante! ¡El futuro de nuestro hijo es muy importante! Tú ya tienes tu futuro hecho, eres autónomo de no sé qué cosa… Pero, ¿y nuestro Luisito? ¿Es que no quieres apoyar a nuestro Luisito?

LUIS.- Que no me llames Luisito.

ROSA.- Esta bien, Luisito, escucha. En los discursos que escribas debes usar cosas como estas:

  • crisis (esa muchas veces)
  • respeto
  • ahora más que nunca es necesario
  • el impacto económico
  • instrumentos que permitan
  • determinar cuantitativamente
  • poner en valor (ponlo dos o tres veces por párrafo, que gusta mucho)
  • proteger a los trabajadores
  • implantación
  • nuevas generaciones
  • diversidad cultural
  • fuente de financiación
  • cualitativamente
  • ser un revulsivo
  • garantizar el acceso a todos los ciudadanos
  • bien de primera necesidad
  • diálogo
  • papel transversal
  • diversidad
  • todos y todas, cosos y cosas, ellos y ellas (y sus derivados)
  • lenguaje inclusivo
  • derecho de los ciudadanos
  • la constitución dice
  • óbice
  • talante
  • democracia
  • acicate
  • el ejecutivo
  • taxativamente
  • gestión de la crisis
  • propuesta económica
  • nivel y nivelar
  • presupuestos
  • libertad

Por ahora tengo estas… La lista te la voy a ir ampliando a medida que vayas acabando la carrera. Y ahora, ¿sabes cómo se hacen los discursos?

LUIS.- Eh… No sé…

ROSA.- A ver, Luis, si no sabes, pues no pasa nada, no pongas esa cara… Aquí estoy yo para enseñarte a hacer discursos.

JULIÁN.- No te la pierdas… Ya verás… Vas a aprender tanto con tu madre…

ROSA.- ¡Chupacactus!

JULIÁN.- ¡Tragajrunzrias!

ROSA.- Primero hay que saber de qué tema tienes que hablar, por ejemplo, la cultura. Con la cultura, pues tenemos la palabra «cultura» y todos sus derivados, y podemos usar también «cine», «teatro», libros», etc. Pues para hacer un discurso con todo esto hay que poner todas las palabras y expresiones anteriores juntas, añadir la palabra «cultura» y todos sus derivados, meter unas cuantas preposiciones y conjunciones, y menear la coctelera. Y en el orden en que salgan, pues eso es un discurso político. Intentado, eso sí, que sea con frases muy largas e incomprensibles. ¿Me sigues?

LUIS.- Pues la verdad es que no.

ROSA.- Verás… Te lo voy a explicar con un ejemplo, a ver si te queda más claro…  (Leyendo las palabras y expresiones, se inspira y hace un discurso.)

JULIÁN.- Ahora viene lo bueno…

Micrófono

ROSA.- «El respeto a la cultura ahora más que nunca es taxativamente necesario llevarlo a cabo con instrumentos culturales que permitan determinar cuantitativamente el impacto económico cultural para poner en valor y proteger a los trabajadores culturales de la cultura cualitativamente en su puesto de trabajo cultural, ya sea en el cine, en el teatro o en el libro cultural, como fuente de financiación a nivel político y social con unas medidas culturales que pongan en valor el papel social y cultural de la cultura, esto es, que la cultura sea un revulsivo para las industrias culturales, con toda su diversidad cultural, y garantizando el acceso de todos los ciudadanos culturales al diálogo cultural de la cultura como bien de primera necesidad, de primera necesidad cultural, debido a la implantación de talante cultural o semicultural que pone en valor el papel cultural transversal y longitudinal de las nuevas generaciones de la cultura, pero sin que ello sea óbice ni acicate para un nivel cultural diverso e inverso de lenguaje igualitario e inclusivo poniendo en valor todos y todas, los ciudadanos y las ciudadanas que tengan talante cultural para llevar a cabo la gestión de la crisis cultural en la que estamos trabajando sin depreciar el nivel cultural del ciudadano y la ciudadana medio y media, pues lo dice la constitución muy claramente, y por ello el ejecutivo ha de poner en valor mediante una propuesta y propuesto económica y económico la cultura presupuestaria y el presupuesto cultural que al fin y al cabo no es sino un derecho de los ciudadanos y las ciudadanas culturales y culturalas para que ejerzan su libertad cultural en la cultura en libertad y en democracia.»

Pausa. Rosa espera aplausos, pero su hijo y su marido no se han puesto culturalmente en valor cultural para dar aplausos culturales.

ROSA.- ¿Eh? ¿Qué os parece? Y en una sola frase. Luego, de despedida, ya si acaso, le metes algún insulto irónico. Porque la mayoría de las veces los discursos suelen acabar con un insulto con mucha ironía al jefazo del otro partido.

LUIS.- ¿Y cómo es un insulto irónico?

Continuará.

@nico_guau

Chupi Llorente y Santiago Antón han grabado este capítulo de Cosas mías; lo podéis escuchar aquí:

El Gallinero es la bitácora de un grupo de dramaturgos que interpretan el papel de un periodista. Un espacio donde se informa del teatro que no acostumbra a salir en los medios de comunicación, de los recovecos que componen la vida teatral de Madrid y los espectáculos/ espacios/ creadores/ gestores menos conocidos.   En El Gallinero escribe nico guau, y en una época escribieron muchas más gallinas: Antonio García, El Trapo, Folguera, la señora del fondo, Manuel Rodríguez, Muflón Silvestre, Pelma y gris, Turuleta, Vera Yobardé... Si queréis contactar con nosotros, podéis hacerlo en elgallinerofronterad @ gmail.com, quitándo lo espacios alrededor de la @.

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