Cosas que los nietos deberían saber

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Mark_Oliver_Everett

No conocía mucho de su obra. Había leído algunas cosas sobre él y sospechaba que pasar una tarde a su lado, no sería una juerga precisamente. Y es que las cosas que te pasan en la vida, van forjando tu carácter.

Era un niño cuando, una tarde que se había quedado solo en casa con su padre, lo encontró muerto sobre la cama de su dormitorio. Antes de ese día, no recordaba haber tocado nunca antes a su padre. Su hermana, que ya no podía tirar más de su vida, se suicidó. Acompañó y cuidó a su madre durante los últimos meses de una enfermedad que se la llevó a la tumba. Un día de septiembre, su prima, que era azafata, le escribió una postal en la que le decía “La vida es maravillosa”, justo antes de subirse a uno de los aviones de los atentados del 11-S.

Tiene la barba negra y larga y fuma puros, pero no es Fidel. Sus canciones destilan cierta melancolía. Es taciturno, introvertido y se hace llamar Mr. E o E, a secas. Vamos que Mark Oliver Everett, líder y fundador del grupo Eels, tiene todas las papeletas para ser un tipo raro.

Hace unas semanas, cuando empecé a leer su autobiografía, me temía lo peor. El personaje y su historia no auguraban nada divertido, sino una historia triste y deprimente, pero, por alguna razón, el libro me atrajo cuando lo vi en los anaqueles de la Fnac. No necesité ir más allá del primer párrafo para que se confirmasen mis peores augurios. Habla así de su anhelo adolescente de no llegar a los dieciocho años: “Los dieciocho habían llegado y pasado hacía un año, y yo seguía respirando. Y las cosas iban a peor”. El chico apuntaba maneras; todavía no habían llegado las desgracias y ya estaba pensando en morir… Pero como me molesta mucho no terminar un libro que ya he empezado (aunque sólo haya leído un párrafo), decidí cerrar los ojos y saltar al vacío.

“Cosas que los nietos deberían saber” es todo lo contrario de lo que uno se espera. Es un libro divertido, optimista y positivo. Es una paradoja que alguien que hubiese no querido llegar a cumplir los dieciocho y que ha estado asediado por la muerte, haya escrito un libro sobre la vida. Pero sobre todo es un libro para valientes. Para quienes son capaces de arriesgarlo todo por un sueño.

Si hablásemos de cine, diríamos que en la historia de E, hay dos puntos de giro. El primero es cuando toma verdadera conciencia de que es un compositor de canciones y abandona su Virginia natal porque necesita vivir haciendo música: “Un día cargué todas mis posesiones en el coche. […] Me eché a la autopista, sin tener ni idea de lo que me esperaba y sin conocer absolutamente a nadie en California”.

El segundo es cuando despide al hombre que creyó en él desde el principio, su manager John Carter, tras presentarle las canciones de su disco “Electro-Shock Blues”. “Nadie quiere oír un disco sobre la muerte”, le dijo Carter. Entonces decidió que su caminos debían separarse: “Cuando tomé la decisión de no dejar que nada se interpusiese en mi voluntad de ser tan buen artista como pudiese, me condené también a una interminable serie de peleas solitarias […] No es fácil vivir así. Pero si no hubiese tomado esa decisión […], habría tenido que hacerlo todo pensando siempre en cómo tener contentos a los ejecutivos y los accionistas intentando adivinar qué es lo que ellos quieren oír. Esa es una historia sin final feliz […] Se hace muy cuesta arriba no poder estar a buenas con todo el mundo porque has decidido que tu mejor amiga es la música y que te ocuparás de ella cueste lo que cueste, pero para mí era la única decisión sensata”.

“Cosas que los nietos deberían saber” me ha descubierto a un personaje que no conocía. Desde que terminé de leerlo, todos los días escucho alguna canción de Eels; “Novocaine for the soul”, “That look you give that guy”, “Spectacular girl”, “Susan’s house”, “Mr E’s beautiful blues”. De indiscutible estilo americano, su música está más cerca del pop que del rock. Se adivinan pinceladas de su ídolo de juventud, Neil Young, hábilmente mezcladas con sonidos diferentes en un alarde de producción difícil de reproducir en directo.

No creo que estemos ante “uno de los mejores libros jamás escrito por un artista”, como dice Pete Townshend, pero recomiendo su lectura mientras se escuchan sus canciones para descubrir los significados ocultos de las letras de E y para recordarnos que la única decisión sensata que se puede tomar en la vida, es creer en nosotros mismos y no olvidar nunca que, después de todo, seguimos vivos.

Nacido en Madrid en septiembre de 1962. A mí y a mi entorno, cada vez nos cuesta más definir a qué me dedico. Periodista de carrera durante quince años en la editorial GyJ, guionista de cine y teatro, productor de contenidos audiovisuales para museos y centros de interpretación, community manager en BMG Rights España, gestionando la identidad digital de un puñado de artistas, y músico. Aunque esto último me queda un poco grande; me considero un aficionado, pero, para bien y para mal, llevo veinte años metido de lleno en esta vorágine en donde me conocen más como Estivi. Discos grabados, conciertos, giras, noches… y muchos amigos.