Cuando Europa se disfrazó de Antártida

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Cuando se rompe la almohada de plumas de los dioses, cae la nieve.

 

El hielo es la radiografía transparente de lo que queda de los seres vivos, cuando se han congelado.

 

Los continentes se tienen envidia –entre sí- como hermanos; por eso disfrutan tanto vistiéndose con las galas de otros, como si fueran disfraces. Al tiempo que los canarios nos anuncian que se aproxima el Carnaval, Europa se ha disfrazado de Antártida, pasando mucho frío, pero no sin cierto regocijo.

 

Presumir es sufrir, sentencia el sabio refranero. Todo sea por las fotos que estos trances nos dejan. ¡Qué impere la telegenia! Lo que recordamos de estas olas de invierno imprevisto, son las fotos que nos dejan; y no, si en esas fechas aumentamos nuestro consumo calorífico.

 

El Mar Negro congelado quizás se lleve la palma en este concurso de imágenes nevadas más vistas en los espacios televisivos, internáuticos o periodísticos. Los grandes automóviles congelados junto al Lago Ginebra, los patinadores sobre el hielo de los canales de Amsterdam, las monjitas haciendo muñecos de nieve en la plaza del Vaticano, la catedral blanca de Palma de Mallorca, las rocas del mar Báltico convertidas en grandes albatros acristalados…

 

La pobre Villa de Madrid no ha podido sumarse a este concurso europeo de nevadas vedettes televisivas. Como el Plan Marshall, o los americanos de la película de Berlanga, la nieve no se ha dignado tocar con su ala blanca la meseta castellana, ni por tanto la capital de España.

Sirva esta imagen inédita como consuelo en su protagonismo a la ciudad siempreviva, (porque seguirá estándolo, incluso cuando nos hayamos ido), que nos da cobijo; y que lucía así de hermosa y serena -como un San Petersburgo de la Meseta- en la última gran nevada de 2009.

El Madrid de los Austrias se quedó mudo, cuando arreció el temporal de nieve. Sobre sus cúpulas, torres y tejados, todo fue silencio blanco. En ese instante de asombro de la ciudad frente a sí misma, fue tomado este retrato.